Decálogo del Respeto

  1. Respetar a una persona es tratarla como se merece, de acuerdo a su dignidad de ser humano (todos somos iguales en este sentido), y a la posición que ocupa en una colectividad.
  2. Vivir los buenos modales, y las normas de educación son señales claras de respeto a los demás.
  3. El respeto implica no apropiarse de ideas ajenas, lo cual sería un robo; también reconocer los méritos de los demás, sin apropiarse del éxito ajeno, lo cual es otra injusticia.
  4. El respeto implica valorar a cada persona, su fama, su tiempo y sus pertenencias.
  5. Cuando no se puede hablar bien de una persona es mejor callar. Evite juzgarla, si no tiene obligación de ello.
  6. La murmuración destruye el ambiente de trabajo, pues daña las relaciones interpersonales. No inicie ni propague chismes bajo ninguna excusa.
  7. El respeto es también tolerancia. Es decir no atropellar a otras personas y valorar las diferencias. Pero hable claro de sus ideas.
  8. La cortesía, la amabilidad, el agradecimiento, la puntualidad, las caras amables… son formas de mostrar respeto.
  9. Separar los hechos de las personas está en la raíz del auténtico respeto: la conducta inapropiada se debe corregir; en cambio a las personas se les comprende.
  10. Valentía para expresar y defender las ideas propias. Respeto y consideración por las ideas ajenas. El equilibrio entre estas dos posturas es señal de madurez.

Del Libro “Trabajar Bien, Vivir Mejor”
Autor Regino Navarro Ribera.

Resiliencia, la clave para superar las adversidades.

¿Por qué algunas personas no se quiebran ante las contradicciones y adversidades? ¿Qué hace que unas personas superen con mayor facilidad situaciones críticas? ¿Por qué algunos desarrollan una actitud positiva frente al estrés y la presión? Recientes estudios parecen tener la respuesta: la Resiliencia.

La etimología de la palabra es el mejor punto de partida. ‘Resiliencia’ tiene su raíz en la palabra latina ‘resilio‘ que significa rebotar o volver atrás. El término, «en el ámbito de la física, alude a la capacidad que tienen algunos metales de recuperar su estructura luego de una deformación. Así como los metales más rígidos, las personas también tenemos la posibilidad de recuperar nuestro estado.»

¿Qué es la resiliencia?
Se trata de un concepto más bien nuevo pero en realidad su significado siempre ha existido. Es la resistencia para afrontar la adversidad, junto a la capacidad de salir resilenciafortalecido del conflicto.

La psiquiatra Rafaela Santos, presidenta del Instituto Español de Resiliencia  y autora de «Levantarse y luchar» Editorial Conecta, señala que en la actualidad “esta capacidad natural del ser humano podría ser la clave para salir airosos de las inevitables crisis vitales. Desde la Neurociencia se considera que las personas más resilientes tienen mayor equilibrio emocional frente a las situaciones de estrés, soportando mejor la presión. Esto les permite una sensación de control frente a los acontecimientos y mayor capacidad para afrontar retos.”

La vida es una sucesión de experiencias con subidas y bajadas, cada uno de esos momentos requieren de nuestra adaptación, pues de no saber adaptarse, puede ser más perjudicial que las propias causas. Por eso, la resiliencia se encarga de ayudarnos a rescatar el lado positivo de la derrota, aprender de ella y convertirla en oportunidad. Capacidad que cobra gran importancia en mundo como en el que vivimos: vertiginoso, competitivo, cargado de tensiones y desafíos laborales, personales y familiares.

La resiliencia en la educación de los hijos
La resiliencia es una lección imperante en la educación de los hijos, la cual se basa en valores y virtudes como la fortaleza,  voluntad, autoestima y formación del carácter.
Es una tarea que los padres deben iniciar en las primeras edades y así sacar mayor provecho de la plasticidad neuronal, que es la capacidad del cerebro humano para adaptarse a los cambios; la cual, siendo viable y posible en la adultez, sus beneficios se potencian cuando comienzan desde la infancia.

12 Consejos para ser resilientes

Como norma general, la especialista señala que «las áreas en las que se trabaja para superar el trauma son cuatro: la aceptación de la realidad, la adaptación o reformulación de la vida tras el trauma, la construcción de una red social de apoyo y la búsqueda de un sentido o propósito en la vida

Por ello, la doctora Santos propone 12 consejos sencillos para que la sobrecarga laboral y la presente en otros ámbitos de la vida no anulen las posibilidades de vivir con plenitud el día a día:

1. Reflexiona sobre qué es lo que de verdad te importa y vuelve a orientarte a tus objetivos vitales.
2. Desconecta al llegar a casa para conectar con tu familia o amigos.
3. Proponte pistas de frenado auténticas cada fin de semana para regular el estrés y mantener las amistades.
4. No admitas en tu vida las quejas. Son improductivas y pierde calidad tu personalidad.
5. Enfócate en el área de influencia en vez de en el área de preocupación para eliminar cuanto antes los conflictos.
6. Aprende a sonreír y manejar la comunicación asertiva y no violenta ante los conflictos.
7. No te dejes invadir por la inmediatez. Vivir pendiente de los mensajes va en detrimento de la calidad de vida personal y laboral.
8. Crea un espacio de paz donde poder pensar y recuperar tus coordenadas vitales ante la prisa y el estrés.
9. Evita las discusiones mediante inteligencia emocional: inteligencia para saber a dónde voy y empatía para entender al otro.
10. Mantén la forma física: alimentación sana, sueño adecuado y hacer ejercicio con regularidad.
11. Practica la ‘ecología informativa’: no difundas malas noticias gratuitamente.
12. Dedica tiempo a tus amigos de siempre y cultiva tus aficiones.

 Foto: allfreedownload.com 

lafamilia.com

Cómo educar hijos seguros de sí mismos.

Una persona segura de sí misma denota firmeza, positivismo, alta autoestima y determinación. Además, se caracteriza por ser independiente, autónoma, convincente y generar confianza en los demás. Todas estas cualidades las podemos cultivar en nuestros hijos dependiendo de la educación que les demos.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Todo padre desea que sus hijos tomen decisiones asertivas, se desarrollen socialmente, tengan la seguridad para expresar adecuadamente sus sentimientos, posean el suficiente valor para enfrentar situaciones complejas, y así poco a poco vayan ganando autonomía. No obstante, cuando se educa bajo un contexto de inseguridad y miedos, lo único que logramos es que nuestro hijo no pueda desarrollar las capacidades que en un futuro le serán determinantes.

Seguridad y autoestima

El pedagogo José María Lahoz García dice: “la seguridad en uno mismo es fruto del convencimiento de que se tiene la capacidad suficiente para manejar algunas situaciones con éxito y que se puede ofrecer algo valioso a los demás. Esta seguridad es consecuencia de lo que comúnmente llamamos autoestima”.

La autoestima le permite a la persona actuar con seguridad y afrontar la vida desde una perspectiva positiva y emprendedora. Además, proporciona la capacidad de resolver problemas graves porque se afrontan con optimismo. Asimismo, una alta autoestima certifica mayor tolerancia al fracaso.

Lo que debemos lograr con nuestros hijos, es que se sientan valiosos y queridos, haciendo un trabajo basado en el reconocimiento del logro, en el elogio y en la estimulación.

“El desarrollo de la autoestima, es considerado por psicólogos infantiles como la puesta en marcha del `motor´ que impulsará al pequeño para que establezca y cumpla objetivos propios, pues se ha comprobado que un niño que se aprecia a sí mismo es físicamente más sano, tiene considerable motivación para aprender, actúa con responsabilidad y cuenta con mayor tolerancia en caso de que las cosas le salgan mal… Ayudarle al hijo a tener confianza en sí mismo, facilitará su convivencia con otras personas, le permitirá convencerse de que tiene capacidad para actuar con éxito en la vida y le hará entender que su amistad e ideas son tan valiosas como las de cualquier otra persona”, afirman María Elena Moura y Lorena Rodríguez en su artículo de saludymedicinas.com
Indicadores de inseguridad

 Los niños inseguros suelen sentirse limitados porque no se atreven a hacer algunas cosas por cuenta propia, les cuesta establecer vínculos afectivos con otros chicos de su edad, no progresan en sus primeros aprendizajes escolares, se rinden al primer intento, se sienten frustrados cuando fallan y tienen muy presente la posibilidad de “hacer el ridículo”.

 Un niño que carece de seguridad propia, tendrá muchos problemas en el futuro, debido a que sentirá angustias y preocupaciones innecesarias, que además se pudieron haber evitado. Todo esto lo pone en clara desventaja.

 Las principales señales de un niño inseguro son:

– Muestra temor excesivo a errores y fracasos.
– Tiene poca motivación para jugar o convivir.
– Carece de entusiasmo y presta poca atención a las clases.
– Es muy sensible a las críticas u observaciones.
– Invierte varias horas al estudio, pero su desempeño escolar es deficiente.
– Puede ser muy tímido en el aula o, por el contrario, ruidoso y conflictivo.
– Evita cualquier reto a sus hábitos.
– Se siente frustrado en la escuela.
– Tiende a descalificarse y a decir que no tiene habilidad para ciertas cosas.

 A diferencia del niño/a seguro/a:
– Es muy curioso/a.
– Le gustan los desafíos.
– Tiene muchas ganas y facilidad para aprender de sus diferentes materias escolares o actividades.
– Los fracasos y errores representan oportunidades para aprender.
– Conoce sus puntos “fuertes” y “débiles”.
– Acude con gusto a clases.
– Admite críticas.
– Es muy sociable con sus compañeros.

Padres seguros, hijos seguros

Educar hijos seguros requiere que los padres también sean seguros. Recordemos que los padres educamos con el ejemplo. Si los hijos nos perciben seguros de nosotros mismos, ellos reflejarán esa firmeza en su conducta.

Los padres, familiares, profesores y amigos, son los principales entes influyentes en la personalidad del niño. “Estas personas actúan como espejos en los cuales el niño ve reflejada la imagen de sí mismo, y, a través de ellas, se va conociendo y va percibiendo el grado de aceptación y aprecio que producen sus actuaciones y su propia persona” indica José María Lahoz García en SoloHijos.com.

No sobra decir que la percepción que tienen los niños de las reacciones de sus padres no se alimenta exclusivamente de las palabras que dicen, la comunicación no verbal y los sentimientos, le permitirán al niño percibir una realidad existente.
¿Cómo brindarles seguridad en sí mismos?
La comunicación padre e hijo es fundamental para ayudarle a incrementar la confianza en sí mismo. Igualmente, establecer fuertes lazos afectivos sin dejar a un lado las normas y la autoridad, ello con el fin de enseñarle a comprender que la vida tiene límites y debe valerse de sus fortalezas para afrontarlas. No obstante, es necesario comprender que no basta con que los padres sientan amor por su hijo, sino que deben aprender a transmitírselo.

 Fuentes: solohijos.com, saludymedicinas.com

 

 

¿Qué hago si sospecho que un niño está siendo maltratado?.

El 4 de junio se celebra Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de Agresión, una fecha cuyo objetivo es «reconocer el dolor que sufren los niños en todo el mundo que son victimas de maltratos físicos, mentales y emocionales» y recordar el compromiso de las Naciones Unidas de proteger los derechos de los menores.

Pero no sólo las Naciones Unidas como institución deben proteger a los niños, también las personas que, cuando vean una actuación que de alguna forma haga daño a los pequeños, hagan lo posible para evitarla.

malatrato infantilEn ocasiones una persona se puede encontrar con dudas del tipo «estoy seguro de que este niño está siendo maltratado, pero quién soy yo para meterme» o «creo que este niño es víctima de malos tratos, pero no estoy seguro», ¿qué hacer entonces? Desde la Policía Nacional aseguran a europapress.es que lo que hay que hacer es notificarlo –llamando al 091– o poner una denuncia formal, pues después serán los agentes los que investiguen para determinar si realmente hay malos tratos.

«La notificación de la sospecha es el elemento clave para la activación de los recursos que pueden garantizar, tras la evaluación de las evidencias, la integridad del niño y su atención«, aseguran desde la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil (Fapmi).

Por lo tanto, si ves a un niño que crees que está siendo maltratado en ese mismo momento, lo mejor es que llames enseguida al 091 para que una patrulla se persone en el lugar de los hechos y estudie la situación. En esta ocasión no estarás denunciando sino dando la voz de alarma.

En el caso de que creas que se trata de maltrato continuado que no está pasando en el momento o hayas decidido denunciarlo después de que hayan ocurrido los hechos, puedes ir a una comisaría de policía a hacer la pertinente denuncia. Para denunciar no es obligatorio dar tus datos personales, aunque siempre es mejor hacerlo ya que en el proceso de la investigación los agentes podrán contactar contigo para que aportes más información o, incluso, podrías actuar como testigo, algo que no ocurriría si no das tus datos.

QUÉ SE CONSIDERA MALTRATO INFANTIL
El maltrato infantil es algo complejo pues, como ocurre con la mayoría de los problemas sociales, tiene más de una causa y formas de manifestarse, tal y como se explica en el Protocolo de actuación en casos de maltrato infantil del Observatorio de la Infancia, dependiente del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

En general, existen cuatro tipos de maltrato infantil, definidos de la siguiente manera por la Fapmi:

Maltrato físico: acto no accidental que provoca lesiones físicas al niño, lesiones o riesgo de padecerlas.

Maltrato emocional: acciones –principalmente actitudes y palabras– que provocan o pueden provocar daños psicológicos. Por ejemplo, rechazarles, ignorarles, aterrorizarles, no atender sus necesidades afectivas y de cariño.

Abuso sexual: incluye conductas físicas (como violación o prostitución), pero también aquellas sin contacto físico (pornografía infantil o exhibicionismo ante niños) y cuando no se protege al niño de estos actos.

Negligencia: se da cuando no se atienden las necesidades del niño y cuando se incumples los deberes de guarda, cuidado y protección. Por ejemplo, no atender su estado de salud, de higiene o de alimentación.

Estos maltratos se pueden dar en el seno de la familia (maltrato familiar) y fuera de ella (extrafamiliar), pero el maltrato también puede ser ejercido por las instituciones al no garantizar una atención adecuada a los niños (maltrato institucional) o por las propias sociedades si se da un conjunto de factores que impiden la protección y atención al niño (maltrato social).

Pero también hay casos de maltrato prenatal, que es aquel que se produce dentro del seno de la madre si ésta no cumple con sus deberes de embarazada: cuando tiene una alimentación deficiente, trabaja en exceso o toma drogas o alcohol en demasía, por ejemplo.

Estas actuaciones «pueden repercutir en el futuro desarrollo del bebé», según explica a europapress.es el doctor Jesús García, presidente de la Asociación Madrileña para la Prevención de los Malos Tratos a la Infancia (Apimm) y de la Asociación Española de Pediatría Social (SEPS), quien indica que en estos casos se trataría de una clase de maltrato por negligencia y que puede dar lugar al síndrome de alcohólico fetal (por madres alcohólicas) o el de abstinencia neonatal (por tomar drogas), entre otros.

SEÑALES DE QUE UN NIÑO ES MALTRATADO
Al tratarse de un problema tan complejo, las señales que pueden indicar que un niño está siendo víctima de maltrato son muy heterogéneas y dependen tanto del tipo de maltrato como de la edad del menor. Aún así, este pediatra explica que siempre que hay maltrato físico también lo hay emocional, y que hay algunas señales generales que «nos pueden hacer pensar que el niño pueda estar en una situación de riesgo».

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Guía para el desarrollo de conductas responsables.

Es muy frecuente oír a madres y padres cosas como:
«En casa no hace nada.»
«Se le olvida todo.»
«Si no estoy encima, no estudia.»
«Tiene su cuarto como una leonera.»
Todo esto puede deberse a que los hijos no hayan tenido oportunidad de aprender actitudes responsables apropiadas a su edad o que, por sus características, se hayan resistido a asumir esas respoGuia de familias1nsabilidades que les corresponden.
La cantidad y variedad de situaciones que se dan y la importancia de este aspecto de la educación para el equilibrio personal de nuestros hijos e hijas nos han animado a publicar este documento.

No se trata de un manual de consulta ni tampoco de un mero punto de referencia para comparar el desarrollo de nuestro hijo o hija con datos estadísticos. Además de esto, pretende servir como instrumento de análisis y reflexión tanto para padres y madres como para hijos e hijas en el proceso de adquisición de conductas responsables.

Guía para desarrollo de conductas responsables.pdf

 

Guía de redes sociales para familias V1.0

Esta guía tiene como objetivo ofrecer a los padres orientaciones sobre las redes socialguia internetes y el uso que los menores hacen de ellas; dando conocimientos básicos sobre el tema y ciertas pautas y recursos. Elaborada por Antonio Monje Fernández y Miguel Ángel Pereira Baz. Centro Nacional de Desarrollo Curricular en Sistemas no Propietarios. Publica: Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y Formación del Profesorado del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Objetivos y características de los materiales

Esta guía  tiene como objetivo ofrecer a los padres orientaciones sobre las redes sociales y el uso que los menores hacen de ellas. La intención es dar conocimientos básicos sobre el tema, ciertas pautas para educadores y una serie de recursos útiles para docentes, padres y menores.

No está pensado como una material cerrado sino como una base para incorporar sugerencias y aportaciones que nos hagan llegar los miembros de la comunidad educativa.

Organización de los contenidos.

El material está dividido en tres partes:

1.-   La primera dedicada a Internet. Trata de dar una visión muy general de este fenómeno y del uso que de él hacen niños, jóvenes y adolescentes. Se ofrece también una explicación de los riesgos y amenazas existentes en la red así como consejos y orientaciones para que los padres puedan educar y orientar a sus hijos para navegar de forma correcta.

 2.-  El segundo módulo está dedicado a ofrecer una información general acerca de las redes sociales: qué son y cómo funcionan, qué tipos de redes sociales existen, cuáles son las más importantes y por supuesto, cuáles son los principales riesgos y amenazas de este tipo de entornos.

3.-   El último módulo ofrece información para que los padres y sus hijos puedan aprender juntos a hacer un de las redes: legislación, pautas de uso para menores y padres, recursos formativos y enlaces de autoridades y organizaciones privadas donde pueden denunciarse abusos y actos ilícitos que se detecten.

Guia de redes sociales sociales

Recomendaciones de Facebook para padres de adolescentes.

Facebook ha remitido a ABC una serie de consejos a padres que deseen orientar a sus hijos adolescentes a configuraadolescentes 2r una cuenta segura, o para aquellos jóvenes que desean mejorar la seguridad.

Paso a paso

Ser selectivos: Facebook apunta que aunque parezca obvio se puede ser selectivo con la información que se muestra en el perfil. En esa configuración entran las fotografías. Facebook explica paso a paso cómo restringir un perfil, que muchas veces está de modo público sin que el usuario sea consciente de ellos.

«En Facebook existe la opción ‘Actualizar información’ en la barra azul del menú, para editar tu nombre e información básica, como información de contacto, trabajo, formación e intereses. Asegúrate de que la privacidad está siempre configurada para ‘Amigos’, y no para ‘Público’». Hay más opciones, cómo «Amigos excepto conocidos» o «Sólo yo». Recomiendan también que en las publicaciones nunca se de una información personal como el correo, dirección o número de teléfono.

«En este mismo sentido, puedes ayudar a ajustar la Configuración de Privacidad haciendo clic en el ícono con el candado que aparece en junto al botón ‘Inicio’, y a continuación en el menú desplegable, haciendo clic en Configuración de Privacidad. Aquí podrás ayudarle a cambiar las opciones de privacidad establecidas por defecto para la publicación de fotografías o actualizaciones, y controlar si se muestra la cuenta cuando se hacen búsquedas públicas. Nota: NO olvides informarle de las opciones de Biografía y Etiquetado. Asegúrate de que las etiquetas están restringidas a ‘Amigos’ para que solo sus amigos puedan ver las fotografías publicadas por el adolescente», explican desde Facebook.

Notificación de inicio de sesión. Hay una opción de seguridad que Facebook recuerda a los padres de adolescente y a los jóvenes, la de Aprobación de Inicio de Sesión y Notificación de Inicio de Sesión. Ambas se activan desde la Configuración de Seguridad.

¿Qué son? «Mediante las notificaciones de inicio de sesión, Facebook envía un mensaje si se accede a la cuenta desde una nueva ubicación. Las aprobaciones de inicio de sesión son similares a las notificaciones de inicio de sesión, pero van un paso más allá. Si se activan las aprobaciones, deberá introducir un código de inicio de sesión cada vez que acceda a la cuenta de Facebook desde un nuevo ordenador o teléfono móvil. Una vez se haya accedido, existe la opción de poner un nombre al dispositivo y guardarlo en la cuenta», explican.

Una vez que el dispositivo está registrado como reconocido, ya no será necesario introducir un código. «También se envía un mensaje de correo electrónico con confirmación de que se ha iniciado sesión desde un dispositivo no reconocido, para conocer -en caso de que esto ocurra- cuándo y dónde se ha iniciado la sesión».

Facebook apunta a los padres que la mejor forma de garantizar la seguridad de los hijos en las redes sociales es hablando de ello. Señala que se debe hacer de la misma forma en que se le indican consejos de seguridad vial o del comportamiento en el colegio.

«Una forma de empezar esta conversación es preguntarle al mismo adolescente las razones por las que redes sociales son importantes para él/ella. También puedes pedirle que te enseñe a configurar tu Biografía en Facebook para entender cómo funciona. Es importante mantener una conversación sobre la información adecuada (y no adecuada) para compartir en la Red. Pregúntale sobre la configuración de privacidad y proponle repasarla juntos a menudo», explican.

Cómo usar los Contactos de Confianza. Facebook tiene estudios que apuntan que los adolescentes suelen compartir sus contraseñas. Lo hacen por si olvidan la clave o para que les ayuden en caso de no poder acceder. A los padres no les agrada esta opción, ya que a esa edad las amistades no son tan sólidas y se pueden producir equivocaciones. Hay una opción de Facebook que permite a los usuarios compartir un código para poder recuperar la cuenta con ayuda de sus amigos. Se llama Contactos de confianza. En este caso no hay necesidad de compartir contraseñas.

Funcionamiento: «Si añades un contacto de confianza, este puede recibir un código de seguridad con instrucciones para ayudarte si pierdes la contraseña. Cuando tengas tres códigos de seguridad de tus contactos de confianza, puedes introducirlos en Facebook para recuperar la contraseña. Esta opción elimina la necesidad de recordar las respuestas a preguntas de seguridad o de rellenar largos y molestos formularios en la web»

Cómo configurar los Contactos de confianza: «Consejo: elige y gestiona los contactos de confianza en cualquier momento a través de la Configuración de Seguridad, no sólo cuando tengas problemas para acceder a tu cuenta. Así puedes elegir personalmente a los amigos que realmente piensas que te pueden ayudar y se les facilitará más información en el proceso para que les sea más fácil ayudarte. Una vez configures tus contactos de confianza, Facebook les enviará una notificación para que estén preparados y ayudarte en caso necesario. Para hacerlo ve a la Configuración de Seguridad y selecciona entre tres y cinco amigos para ser tus contactos de confianza».

La red social señala que hay que ser muy cuidadosos a la hora de seleccionar. Recomiendan pensar en el proceso como si fuera a otorgarles las llaves de la casa a alguien. Lo más adecuado es que sea un amigo que pueda localizar en persona o por teléfono. No recurra a «amigos de Facebook».

 lafamilia.info

5 Cosas que los padres de adolescentes deben saber.

“Me lo cambiaron”, “ya no es el mismo/a de antes”, “¿qué le pasa?”… son pensamientos que retumban en la mente de papás y mamás que tienen en casa un adolescente, y lo cierto es que la respuesta está en nuestras manos pero no la queremos ver: nada más y nada menos que la adolescencia.

Además de los cambios físicos que suceden en el cuerpo del ser humano durante este ciclo, surgen cambios en la personalidad que requieren del conocimiento y de la preparación de los padres para comprenderlos mejor y saber abordar las situaciones que surgirán en el camino. Así que les presentamos cinco aspectos principales que los padres deben saber, ojalá antes de que sus hijos entren en la adolescencia:

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1. Verás grandes cambios en tu hijo/a
Ya no será el niño/a juguetón/a que te contará sus aventuras, ni te abrazará cuando llegues a casa; ahora te responderá con monosílabos y tal vez ni te salude.
Una queja común de los padres de adolescentes es que su hijo pasó de ser una persona tierna, amable y buen genio, a ser un joven retraído, tal vez algo rebelde y altanero. En algunos chicos/as es más drástico que en otros, pero lo normal es que se presenten cambios, por ejemplo, en la infancia es característico el juego y la actividad; en la adolescencia ocurre lo contrario: inactividad, dejadez y pereza. De ahí que el adolescente pueda dormir horas y horas.
También, por esa misma flojera, podrán ser desordenados y olvidadizos, lo que se convierte en un campo de batalla entre padres y adolescentes. “Si te vuelves loco con el abrigo tirado en medio, o las toallas tiradas en el baño, respira profundo y sigue adelante. Simplemente hay que tener en cuenta que no lo hace para molestarnos, es un reflejo de que sus pensamientos están en otra parte.” Explica Tania Santiago, Profesora de Secundaria y Bachillerato, en un artículo de Sontushijos.org.

2. Se preocupará por su apariencia más que nunca
Una de las mayores preocupaciones de los adolescentes es su apariencia. El cuerpo está en pleno cambio, no es de extrañar que los adolescentes pasen tanto tiempo mirándose al espejo.
“Si tu hijo no es feliz con lo que ve (pocos los son) esto puede mermar su autoestima. Intenta evitar hacer bromas sobre su físico, y también es un error hacerles pensar que no tiene importancia. Para lo que en tu opinión es una tontería para ellos representa un mundo. Intenta explicarle que la gente apenas nota lo que a ellos dan tanta importancia. Cuanto mejor se sientan los adolescentes con ellos mismos, su autoestima será mejor y tendrán más armas para enfrentarse a los problemas de cada día.” Sugiere la educadora Salgado.

3. Será un torbellino de emociones
En la adolescencia se da el descubrimiento de la propia identidad. Hay una ambivalencia entre infancia y madurez, es decir, se descubre a sí mismo con rasgos de adulto y rasgos de niño. Esta situación lo lleva a una inseguridad ante la ambigua realidad, para lo cual usa máscaras de comportamiento que impiden a los demás darse cuenta de la realidad. Esto es un mecanismo inconsciente.Esas máscaras son la agresividad y la rebeldía. Cada adolescente tiene una forma distinta de ser agresivo, algunas veces con violencia verbal o de comportamiento, y otras en forma de ensimismamiento. Otros en cambio lo expresarán a través de un deseo de llamar la atención, pues le quieren gritar al mundo “yo soy yo”.

4. Deberás seguir siendo su padre, no te conviertas en su amigo
Durante la adolescencia es frecuente que los padres se cuestionen hasta dónde deben ser amigos de sus hijos y hasta dónde deben ser sus figuras de autoridad, pues sienten temor de ser `malos´ con ellos y no quieren sentirse rechazados.
La sicóloga chilena Pilar Sordo explica al respecto: “No queremos verles la cara larga, que nos digan que somos anticuados, distintos a los padres de sus compañeros, que somos ‘mala onda’. En realidad, queremos ser papás buena onda, aparecer como evolucionados y esto nos hace ser tremendamente ambiguos en nuestra forma de educar; nos cuesta decir que no. (…) Con lo que metemos a los niños en una red de inseguridades que les impide conocer qué es correcto y qué no y todo parece permitido.”
Lo cierto es que la amistad anula la autoridad de los padres: no es posible que ambos conceptos compaginen en el rol de padres, tienen fines distintos; la autoridad educa, la amistad desvía el objetivo educativo.
Lo que sí es adecuado es construir una relación de confianza, incluso cuando un padre logra ganarse la confianza de sus hijos, es cuando realmente está haciendo un buen manejo de la autoridad. Dicha confianza se caracteriza por la existencia de líneas abiertas al diálogo, la escucha permanente, al trato cercano y las orientaciones pertinentes -todo esto hace parte del ejercicio educativo de los padres, muy diferente a la dinámica que llevan los amigos-.

5. Necesitará de ti. No lo dejes solo
Todos estos cambios no resultan fáciles para los padres, pues muchos no saben cómo adaptarse y optan por dejarlos vivir en su mundo para no generar roces y discusiones. Pero este distanciamiento es un gravísimo error. En esta etapa, los padres deben estar muy presentes, esto les da seguridad y les refuerza su autoestima.
Así lo aseguran numerosas investigaciones, una de ellas de la Universidad Estatal de Pennsylvania la cual reveló que mientras más tiempo pasen los padres con sus hijos, estos tendrán mejor desarrollo social en el colegio y mayor autoestima en la adolescencia. “Disponer tiempo con los hijos puede ser una tarea compleja para muchos padres por el trabajo. Sin embargo, todo cuenta”, dice al diario La Tercera Susan MacHale, sicóloga y autora de la investigación.
Es que los hijos en esta edad, ven en todo contacto, interés por ellos. “La presencia y cercanía con los hijos les demuestra interés en su vida, lo que repercute en su autoestima, ya que se sienten validados por el otro”, sostiene el doctor en Psicología, Rodrigo de la Fabián. Y si ese “otro” son los padres, su salud mental es más fuerte.

lafamlia.info

Sobrevalorar a los hijos hace que se vuelvan narcisistas.

Para mejorar la autoestima de los niños, lo importante es que se sientan queridos y se les acepte tal como son. La egolatría es un problema creciente en las sociedades occidentales, advierten los investigadores. El consejo de los investigadores: transmitir afecto a los hijos sin hacerles creer que son superiores a los demás

Los padres que piensan que sus hijos son mejores que otros niños no les ayudan a ganar autoestima. Al contrario, les perjudican ya que aumentan el riesgo de que se vuelvan narcisistas. Son las conclusiones del primer estudio que ha analizado cómo se desarrolla la egolatría en la infancia, realizado por un equipo científico internacional y presentado ayer en la edición electrónica de la revista PNAS. Para potenciar la autoestima, concluye el estudio, lo importante es hacer que los niños y niñas se sientan queridos, no que se sientan mejores que los demás.

Mother Smiling at Son“El narcisismo es un problema creciente en las sociedades occidentales”, explica en un correo electrónico Eddie Brummelman, investigador de la Universidad de Amsterdam y primer autor del estudio. Según datos de Estados Unidos, los niveles de narcisismo han estado aumentando desde 1980, coincidiendo con la creciente preocupación de padres, educadores y psicólogos por favorecer la autoestima de los niños.
Sin embargo, mientras la autoestima es beneficiosa y reduce el riesgo de trastornos psicológicos, el narcisismo tiene el efecto opuesto. “Aunque los narcisistas se sienten superiores a los demás, no se sienten necesariamente satisfechos consigo mismos”, escriben los investigadores en PNAS. Cuando se sienten humillados, tienden a reaccionar con agresividad. Los psiquiatras incluso han descrito el Trastorno de Personalidad Narcisista, que conlleva un mayor riesgo de otros trastornos psiquiátricos como depresión y ansiedad.

El estudio se ha basado en niños y niñas de entre 7 y 11 años, pues es la franja de edad en que empiezan a emerger los rasgos narcisistas. Sus resultados no son válidos para niños más pequeños, que suelen percibirse a sí mismos como el centro del mundo sin que sea motivo de preocupación.
Para comprender cómo se desarrollan el narcisismo y la autoestima durante la infancia, los investigadores han hecho encuestas a 565 niños/as. También han contestado a las encuestas 415 madres y 290 padres. Para cada niño y cada adulto, se ha repetido la encuesta cuatro veces con seis meses de diferencia a lo largo de un año y medio.

Las encuestas a los niños incluían ítems para valorar el narcisismo (“los niños como yo merecemos un trato especial”), la autoestima (“los niños como yo nos sentimos felices con nosotros mismos tal como somos”) o el hecho de sentirse queridos (“mi padre/madre me hace saber que me quiere”).

Las encuestas a los padres evaluaban si sobrevaloraban a sus hijos (“mi hijo es más especial que otros niños”) y el cariño que les daban (“hago saber a mi hijo que le quiero”).
Las respuestas indican que, cuando los padres sobrevaloran a los hijos, el narcisismo de los niños aumenta seis meses después en la encuesta siguiente. Por el contrario, cuando el narcisismo de los niños es alto, la sobrevaloración de los padres no aumenta.

“Los niños se lo creen cuando sus padres les transmiten que son más especiales que los demás”, declara en un comunicado Brad Bushman, coautor de la investigación de la Universidad del Estado de Ohio (EE.UU.). De este modo, internalizan la idea de que son superiores.

La autoestima de los niños, por el contrario, es independiente de este sentimiento de superioridad. Los resultados del estudio muestran que los niños más narcisistas no tienen más autoestima. Lo que más favorece la autoestima de los niños es el hecho de sentirse queridos y aceptados por sus padres.

Con estos resultados, Brummelman recomienda a los padres “que transmitan afecto y aceptación a sus hijos sin transmitirles la idea de que son superiores a los demás”.

 LaVanguardia – 20.03.2015

Diez pautas para educar.

Carloooos! Que te he dicho que te duches, te sientes a la mesa y recojas tu cuarto… ¡YA! No entiendo por qué no me haces caso a la primera, siempre tengo que gritarte y ni por esas, me tienes hartísima. Cuando venga tu padre, se lo digo. Me desesperas. Si es que no puedo contigo, un día de estos te voy a dar un bofetón”.

Después de esta escena, algunas madres dan un portazo, incluso lloran de desesperación. No entienden que su hijo no haga lo que se le pide a la primera. La explicación que dan es que el niño es desobediente, malo, y que no hay nada que hacer por conseguir paz en casa. Terminan por juzgarse como malas madres e ineficaces en la educación de sus hijos. En la escena podemos encadenar varios errores para que Carlos no obedezca: dar voces, órdenes contradictorias, comunicarle que ha perdido la batalla (“puedes conmigo, me desesperas”) y amenazarle con hablar con su padre demostrando que su autoridad es nula.

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“El propósito de la educación es lograr que los niños quieran hacer lo que deben hacer” (Howard Gardner)

La mayoría de padres ve la tarea de educar como algo difícil. Pero si anticipa todo lo que puede fallar, que su hijo no estudiará, se relacionará con amigos que resten, no comerá… esto le desesperará y caerá en la profecía autocumplida. Lo más importante en la educación es establecer unas reglas que no se salte ni usted. Trabaje para que se cumplan desde edad temprana. A partir de los seis meses los niños entienden muchas cosas; no se expresan, pero empiezan a diferenciar entre “esto sí se puede y esto no”. No trate de educar a un chaval de 15 años al que lleva consintiendo todo este tiempo, será tarde. Cuanto antes sepan sus hijos que hay normas, que los premios van asociados al cumplimiento de responsabilidades, que todos tienen que colaborar, antes conseguirá tener hijos educados, responsables y con autonomía.

La mejor prevención en educación es la intervención temprana. Muchos padres se quejan de que los niños no vienen con un manual bajo el brazo, pero si siguen estas reglas básicas, seguramente le allanarán el camino que supone educar.

Primero. Volumen y tono conversacionales. Conseguir que le hagan caso no es cuestión de hablar alto. El poder está más en lo que se dice, en las consecuencias que conllevará no hacerlo a la primera, en la coherencia y en ser muy disciplinado con las rutinas. Si quiere que sus hijos le respeten, empiece por respetarles a ellos. Nadie quiere obedecer a alguien que no se muestra seguro y relajado.

Segundo. Noórdenes contradictorias. Si le dice a su hijo que se duche, que recoja su cuarto y que se siente a la mesa, sin indicarle el orden, igual lo bloquea. Dígale lo primero que tiene que hacer, y cuando haya finalizado, lo segundo. Si su hijo tiene edad para memorizar varias órdenes, enuméreselas, dígale cuál es su prioridad. No espere que él la sepa, porque tiene las suyas propias.

Tercero. Imaginación. Haga un concurso por semana para que jueguen “a hacer lo que deben”; puede ser sobre cualquier comportamiento a corregir. Los domingos lo puede anunciar: “A partir de mañana, se celebra el fantástico concurso de ‘Quién tiene la dentadura de caballo más limpia’. Las bases son estas: limpiarse los dientes tres veces al día y pasar revista. Las puntuaciones de papá y mías se sumarán, y el viernes anunciaremos ganador”. Si quiere que los niños se lo tomen en serio, haga lo mismo. Y tenga paciencia, hasta que se convierta en rutina necesita tiempo. El juego genera un ambiente relajado en el que apetece más aprender y obedecer.

Cuarto. No quiera modificar en su hijo todo lo que le molesta de una vez. Si se pasa el día diciéndole lo que hace mal, terminará por cargarse su autoestima. Elija una conducta a modificar y céntrese en ella siguiendo las pautas de este artículo. Cuando lo consiga, siga con otra.

Quinto. Cuando corrija o muestre su enfado con ellos, no los ningunee, ni ridiculice, ni haga juicios de valor. Si lo hace, terminarán por comportarse conforme a las expectativas que se han puesto en ellos y les afectará a la autoestima. Es mejor decir: “No me gusta ver tu cuarto desordenado; por favor, guarda los juguetes en las cajas”, a decirles: “Eres un guarro, qué asco de dormitorio”. No consiga que se cumpla la profecía autocumplida. Si les transmite que no confía en ellos y que no espera nada, puede que se cumpla.

Sexto. Sea constante. Aquello muy importante, basta con que lo argumente una vez, no busque más razonamientos porque su hijo no los necesita. Simplemente busca ganar tiempo para no hacer lo que debe. Dígale: “Esto no es negociable; cuanto antes empieces, antes podrás disfrutar de lo que más te gusta”. Negocie lo que sea negociable y no siente precedente con lo que no lo es.

Séptimo. Paciencia y calma. Las personas que transmiten con paciencia son más creíbles y generan un ambiente cálido y relajado. Cuando introduce cambios en la manera de educar, al principio los niños reaccionan con incertidumbre: “¿Qué significa que mi madre/padre ahora están calmados y no me gritan?”. Deles tiempo, necesitan acostumbrarse a esta nueva forma de comunicarse.

Octavo. No se contradiga con su pareja. Los niños tienen que saber que la filosofía y la escala de valores parten de los dos. Si no, estarán chantajeando a uno y a otro, fomentando el engaño para conseguir lo que quieren. Terminará por tener muchas discusiones con su pareja por eso. No se descalifiquen, ni ridiculicen, ni contradigan delante de ellos. Todo aquello en lo que no estén de acuerdo, háblenlo en la intimidad y negocien.

Noveno. Nunca levante los castigos. Es preferible aplazarlo, pero que sea efectivo y lo cumpla, que imponer uno muy duro fruto de la ira y que luego deshará convirtiéndose en alguien a quien se puede chantajear. Dígale: “Esto merece un castigo, ya te diré qué va a pasar”.

Décimo. Mejor que el castigo, el refuerzo. Significa prestar atención a lo que hace bien, cualquier cambio, y decírselo. Si continuamente centra la atención en lo que hace mal y le corrige y se enfada, su hijo aprenderá que esta es la manera de llamar su atención. Todo lo que se refuerza, se repite. Al niño le gusta que sus padres estén orgullosos de él, pero tiene que decirle de qué se siente usted orgulloso, porque él no lo va a adivinar.

Recuerde lo más fundamental: hasta la adolescencia, no hay figuras más importantes que los padres. Si trata de educar en una dirección, pero se comporta en otra, será inútil. Los hijos copian, son esponjas. Educar con acciones tiene mucho más impacto que con palabras.

Patricia Ramirez.El País Semanal