3 Ideas para Coeducar en el aula

Os adjuntamos a continuación un artículo  de Alba Alonso que nos ha parecido de interés para dar ideas acerca de la Coeducación desde el ámbito escolar.

Coeducar en el aula de infantil y primaria

Coeducar es algo que tiene que estar dentro de ese currículo oculto que tenemos que transmitir a nuestro alumnado. Comenzando por analizar nuestras propias acciones como adultos fuera del aula, como profesorado dentro de la misma, los materiales que usamos, las metodologías que llevamos a cabo, el lenguaje… Todo ha de ser no sexista y por supuestocoeducar-en-el-aula-coeducacio?n-estereotipos, inclusivo.

En primera instancia todos diríamos que educamos en igualdad desde siempre pero el hábito y el descuido hacen que metamos la pata o estemos fallando en la coeducación muchas más veces de las que nos pensamos. En esta entrada no vamos a hablar de cómo coeducar en general sino que hoy queremos proporcionaros 3 ideas prácticas para coeducar en el aula de lo más sencillas.

A partir de estas 3 sencillas ideas estamos seguras de que se os ocurrirán muchas más. Pero no queremos aturullaros con demasiadas, sino dejaros espacio para que potenciéis vuestra propia creatividad y la de vuestro alumnado. Estas ideas pueden ser llevadas a cabo en prácticamente cualquier asignatura haciendo uso de las temáticas correspondientes. La primera de ellas me la recordaba una colega el otro día en el propio trabajo.

Enseñar autonomía a nuestra infancia también es co-educar

¿Participa tu alumnado en las tareas del hogar? ¿O quedan todas para mamá en muchos casos, o para mamá y papá en otros?¿Ayuda solo la hija o también el hijo?¿Ayudan de igual manera? ¿o niñas y niños realizan tareas distintas además de estereotipadas según su sexo?

Estas son algunas de las preguntas que a través de un simple debate, diálogo o “asamblea” pueden darnos gran cantidad de información sobre lo que está pasando en los hogares. A partir de ahí y adaptándonos a las edades a trabajar podremos realizar sencillas actividades que les proporciones autonomía. Aquí van 3 ejemplos para coeducar en el aula.

1. Aprender a doblar la ropa

Esto es algo que todavía nos cuesta a muchos adultos. Tal vez por eso transmitamos esta actividad como algo tedioso y cansino. Pero ¿y si logramos hacerlo divertido? Os dejo un pequeño vídeo para invitaros a llevarla a cabo en clase.

 

https://youtu.be/5zUcAi4q5eg

Pensad que si es en inglés podemos practicar los verbos  y vocabulario de la ropa. En matemáticas podemos hablar de cantidades o proporciones. En ciencias podemos hablar sobre el origen de los diferentes tejidos. Y así sucesivamente…

2. Rutinas de limpieza

A veces enseñar rutinas a nuestros/as hijos/as o alumnado es francamente cansino. Porque acabas antes haciendo las cosas tú que enseñando a hacerlas. Pero la autonomía que van adquiriendo les ayudará mucho en su futuro, y créeme a los adultos también. Y si les proporcionamos una pequeña mesa de limpieza en el aula. Allí podrán encontrar papel de cocina, paños para secar, bayetas y un pequeño recipiente donde echar agua.

No pretendemos que les quiten el puesto al personal de limpieza pero sí que se vayan concienciando de lo que cuesta limpiar. Una vez por semana podríamos incluso tener encargados de barrer o vacíar las papeleras en los contenedores adecuados.

3. Ayudar en la cocina

Desde que salió el programa MasterChef niños y niñas han tenido más carta blanca que nunca para cocinar. En nuestras aulas no tenemos fogones claro, pero sí podemos aprender a batir un huevo, hacer masa, mezclar ingredientes… Y todos sabemos que de la cocina y las recetas podemos sacar mil y una actividades para incluir en nuestras asignaturas y proyectos educativos.

La siguiente actividad os encantará porque además estaremos enseñando diversidad. Abajo los estereotipos de todas clases. Y luego a batir el huevo, claro, ;).

Fuente: Alba Alonso (Realkiddys)

Cómo contar un cuento.

Os adjuntamos este artículo de Ana Batres, destinado a la lectura adecuada de cuentos, que puede resultar de interés:

Los cuentos infantiles son una herramienta de suma relevancia para el desarrollo de nuestros peques. Al ser tan importantes, una buena lectura de los mismos ayudará a mejorar este desarrollo. Para ello, os voy a mostrar, desde mi punto de vista, la mejor manera de contar un cuento.
En primer lugar,  cuando vayamos a contar un cuento infantil se debe crear un ambiente idóneo. Debe ser cómodo, tranquilo y suficientemente iluminado. Admariposa-papelemás, es importante tratar a este lugar como un sitio mágico, darle importancia para que nuestros pequeños y pequeñas aprendan que tener un lugar de lectura es algo especial. Así, se le dará también importancia al gusto por la lectura. Un rinconcito de su habitación será suficiente.

También hay que pensar en el tipo de cuento infantil que vamos a leer a nuestros hij@s y/o alumn@s. ¿Para qué edad son? ¿Qué mensaje queremos transmitir? ¿Les van a relajar o a activar? Son distintas cuestiones que debemos tener en cuenta. También debemos dejar elegir a los pequeñines el cuento que quieren que se lea en ese momento, a no ser que queramos trabajar algún tema específico.

Antes de empezar con la lectura del libro es aconsejable hacer distintas actividades que funcionarán como el “precalentamiento” de la historia, sobre todo si es la primera vez que se leen. Por ejemplo, se puede leer el título e imaginar de qué puede ir el relato, mirar la portada y decir lo que nos gusta de ella, se lee también quién lo ha escrito e ilustrado para que vea que también es relevante saberlo.

Después de estas actividades, una buena idea para crear una atmósfera de confianza y relajación es jugar con el cuento antes de comenzar a leerlo. También, sirve para crear expectación, para que los niños y las niñas tengan ganas de empezar con la lectura. Si hacemos estas actividades como rutina, proporcionaremos a los más peques seguridad para seguir las pautas de las actividades y juegos. Un ejemplo de estas actividades es cantar una canción que indique que el cuento va a comenzar y que hay que estar muy atentos y atentas para entender la historia (existen numerosos ejemplos en la red).
    Cuando procedemos a la propia lectura, leemos el cuento poniendo énfasis en los momentos clave, es importante modular la voz para crear distintos ambientes, incluso para crear y dar personalidad a los diversos personajes que nos encontremos en los relatos, acelerar o moderar el ritmo de lectura para crear expectación y favorecer la atención de las niñas y niños.

Además de esto, es fundamental que nos fijemos en los gestos y caras de los pequeños y pequeñas, ver cómo reaccionan y observar si les está gustando o no el cuento y la forma en que lo estamos contando. Si tienen cara de aburrimiento o cansancio debemos preguntar si quieren parar para leer otro libro que les apetezca más o parar del todo. Es posible que much@s se relajen tanto que se duerman, sobre todo si se leen cuentos que tranquilicen con voz moderada. Quizás en otras ocasiones, se animen con la lectura y quieran otro cuento más (y otro, y otro…).

Si nuestros pequeños nos hacen preguntas mientras estamos leyendo un cuento infantil, es muy importante parar la lectura y atender a lo que nos preguntan los niños. Si la pregunta o las preguntas tienen que ver con el cuento, la participación activa de los niños es una manera muy enriquecedora de seguir la historia. En otras ocasiones, no preguntan sino que aportan un dato que se acaba de leer en el cuento, lo ponen en relieve, este hecho es característico de los niños cuando están atendiendo. Sin duda, una buena señal.

Al igual que nuestros peques pueden hacer preguntas, los adultos también podemos hacérselas a ellos. De esta manera, les involucramos en el ejercicio lector e incrementamos el valor de la lectura con las preguntas y las respuestas. Del mismo modo, podemos trabajar alguna actitud tanto buena como mala de algún personaje, o cómo podrían haber solucionado algún problema en el cuento, por ejemplo.

 Tras haber contado el relato, se pueden hacer otra serie de actividades divertidas si se quiere, como hacer algún dibujo si les gusta pintar, realizar las figuras del personaje o de los personajes principales con plastilina o alguna pasta para modelar, contar la historia resumida en una mesa de luz y un sinfín de actividades más.

A mi particularmente me gusta mucho que me vuelvan a contar ellos el cuento en otra ocasión, si no saben leer todavía, mejor. Puede ser un ejercicio muy divertido porque muchas veces, termina siendo otra historia distinta, con personajes y escenas añadidas, síntoma de que les ha encantado la historia, el desarrollo de la imaginación está en pleno auge, están mejorando su expresión oral y con todo ello su autoestima. 

Después de todo esto, solo decir que la lectura es una de las actividades más completas para el desarrollo de nuestr@s hij@s. Además, no puede haber algo tan divertido y bonito como compartir estos momentos con los más peques.

 Fuente: Cuentosencantamagicos 

 

10 conductas que no hay que practicar.

La mayoría de los padres y madres concede mucha relevancia a los estudios de sus hijos y trata de implicarse en ellos. Pero maestros y psicólogos aseguran que no siempre tienen claro cuál es su papel en el aprendizaje escolar y a veces adoptan actitudes que acaban dañando la educación de los hijos.

ESTUDIAR CON ELLOS

Ser padre y maestro a la vez crea conflictos y dependencia

“Llegan los primeros deberes escolares y ahí están papá y mamá al lado; y los deberes son de la criatura, no de la familia; el deber de la familia es velar por que el niño tenga espacio y tiempo para hacer sus tareas y, si son muy pequeños, facilitar la organización del tiempo”, explica María Jesús Comellas, profesora de la UAB en la facultad de Ciencias de la Educación y psicóloga especializada en las relaciones familia-escuela.

Benjamí Montenegro, del Equip Psicològic del Desenvolupament de l’Individu, dice que el papel de los padres es el de auditores: “Han de controlar que el trabajo esté hecho, pero no entrar en el contenido porque se trata de que las tareas las hagan los niños y así trabajar su autonomía”. Eso no significa que si el niño plantea alguna duda no se le den pistas o herramientas para resolverla. Dicen los expertos que hacer de maestros y padres a la vez no trae más que problemas: crea conflictos familiares diarios y dependencia, porque los niños se acostumbran a que haya alguien encima de ellos para trabajar. Y si el crío tiene dificultades de aprendizaje o necesita refuerzo, el consejo es buscar un profesor particular.

RESOLVÉRSELO TODO

Solventar sus descuidos dificulta su maduración

“Los niños han de aprender a organizarse y a solventar sus problemas, a cualquier edad, y no hay que mandar a nadie corriendo a comprar tinta de impresora a última hora de la tarde porque al día siguiente ha de entregar un trabajo ni llevarle a la escuela el libro o el bocadillo olvidados; si los padres les resuelven todo ‘con tal de que estudien’, no maduran, no asumen sus responsabilidades ni aprenden a ser autónomos”, coinciden Comellas y Montenegro.

FOCALIZAR TODO EN EL ESTUDIO

Hacer de la formación el eje de la vida familiar daña la relación.

Los educadores aseguran que una frase muy reiterada de los estudiantes es “a mis padres sólo les interesa si estudio, lo demás no les importa nada”. “Cuando focalizas todo en los estudios, cuando lo primero que le preguntas a tu hijo en la puerta de la escuela es qué deberes tienes o qué nota te han puesto en vez de cómo te ha ido el día, o con quién te has relacionado, transmites que te interesa el aprendizaje, no la persona”, dice Comellas. Y agrega que lo mismo ocurre cuando al hijo universitario se le libera de tareas domésticas porque “su trabajo es estudiar”. “Esa persona tiene que vivir, ha de saber organizarse, tener habilidades domésticas y saber relacionarse, y de eso a veces no nos ocupamos, ni nos interesamos por su vida emocional y relacional”, enfatiza la psicóloga.

QUERER GENIOS

Sobreestimular a menudo provoca el efecto contrario

Los maestros explican que una práctica muy habitual en las familias es la de sobreestimular a los niños. “Todos quieren un hijo genio y les llenan la cuna de artilugios, abusan de juegos didácticos, se afanan porque aprendan muchas cosas y cuanto antes mejor, y esa sobreestimulación no sólo no influye en una evolución cognitiva más rápida, sino que a menudo tiene efectos contraproducentes en forma de problemas de atención o de falta de concentración”, explica Joan Domènech, maestro del colegio Fructuós Gelabert de Barcelona.

Esa impaciencia respecto al aprendizaje provoca, según los psicólogos, que los padres se desesperen ante las primeras dificultades en los estudios o vivan como un fracaso los primeros malos resultados, sin tener en cuenta que la educación es un proceso a largo plazo y que lo que los niños necesitan para aprender es paciencia y ánimo. “Los padres no deberían considerar los malos resultados como un fracaso porque ello reduce la autoestima de los hijos e incapacita cada vez más a unos y otros”, advierten.

PREMIAR LAS NOTAS

El estímulo material desvirtúa y puede aumentar la frustración

Las notas ni se han de premiar ni castigar; se han de elogiar y aplaudir, o analizar si es necesario dedicar más tiempo a estudiar, según los expertos. “El mejor estímulo es descubrir cosas nuevas y desarrollar tus intereses, si hace falta un estímulo material, es que algo no funciona”, apunta Domènech.

Montenegro advierte que los premios pueden causar una doble frustración, porque con frecuencia se ofrecen por notas poco realistas y si el chaval no triunfa a pesar de la recompensa prometida su sensación de fracaso y su malestar es doble: además de no alcanzar su meta escolar, se queda sin regalo.

DISFRAZAR LA VAGANCIA

Buscar trastornos detrás de los fracasos retrasa la madurez

Otra conducta recurrente que observan los educadores es la tendencia de los padres a buscar trastornos neurológicos detrás de los fracasos escolares de sus hijos. “Hay muchos niños que son incapaces de esforzarse en hacer los deberes o en estudiar porque son vagos, y eso es inmadurez, no un trastorno mental, y a veces se intenta disfrazar esa vagancia como intolerancia a la frustración o intolerancia al estrés, cuando lo que tienen es falta de autonomía”, comenta Montenegro. Comellas subraya que esta actitud tiene que ver con la actitud hiperprotectora de muchos padres que buscan la etiqueta del trastorno para el bajo rendimiento de sus hijos “porque en el momento en que se disfraza algo como trastorno se desculpabiliza a todo el mundo”.

EJERCER DE DETECTIVES

El control absoluto de sus tareas suscita desconfianza

Hay padres que rastrean los deberes, trabajos, las fecha de exámenes o los comentarios de sus hijos en clase a través de la agenda escolar, la web del centro, las redes sociales o implicando en sus indagaciones a los padres de otros niños de la clase, con quienes están en permanente contacto por WhatsApp. “Esa conducta provoca un boquete de desconfianza y no resuelve nada”, advierte Montenegro. En vez de ejercer este control absoluto aconseja realizar un acompañamiento lejano, revisar conjuntamente con el chaval la agenda de tareas pero dejándole que sea autónomo para realizarlas. Y para los padres que optan por preguntar la lección para saber si el niño ha preparado un examen, los expertos recomiendan ponerle tres o cuatro preguntas por escrito, porque normalmente no hay exámenes orales y de nada sirve que el niño se sepa la lección hablando si luego se expresa mal por escrito o comete muchas faltas de ortografía.

USAR EL ESTUDIO COMO PEAJE

Las tareas escolares acaban entendiéndose como un castigo

“Castigado a hacer los deberes” o “hasta que no acabes de leer no hay dibujos” son frases que utilizan algunos padres para incitar a sus hijos a hacer las tareas escolares. Pero los expertos aseguran que el tiempo de estudio debería ser siempre un tiempo de tranquilidad y sosiego, no de regañinas. El objetivo, explican, debe ser ayudar a los niños a descubrir el placer de la lectura o del aprendizaje, y eso no se consigue si se plantean las tareas escolares como un castigo o como un peaje necesario para poder disfrutar de actividades placenteras como salir con los amigos, ver la televisión o jugar con la consola.

Y a medida que crecen, han de entender la relación entre esfuerzo, dedicación y resultados, “y asumir que si han de estudiar más porque han tenido malas notas se trata de una inversión, no de un castigo”, indica Comellas.

PROYECTARSE EN LOS HIJOS

Las expectativas no siempre se adecúan a las capacidades

Los psicólogos consideran que en muchas familias pesan más las expectativas que tienen los padres sobre los estudios de los hijos que las preferencias o capacidades de estos, y muchos chavales son orientados a estudiar lo que quieren o les gusta a sus progenitores. “En este país confundimos inteligencia con título, continuamos desprestigiando la formación profesional y no valoramos la creatividad como un medio para vivir”, reflexiona Comelles.

NO RESPETAR LA LÍNEA ESCOLAR

El modelo de los padres no garantiza el éxito hoy

Muchos padres piensan que el modelo y los métodos educativos que les sirvieron a ellos les servirán a sus hijos, pero la escuela ha cambiado mucho y los niños también. “Lo que a ti te gustaba del colegio, lo que aprendías entonces o cómo lo aprendías no tiene por qué ser un modelo de éxito para tus hijos”, advierte Domènech. Y por eso considera un error que los padres traten de enseñar a los hijos a leer o a calcular por su cuenta o les pongan actividades de refuerzo en casa, sin considerar que quizá están interfiriendo en el ritmo o el método pedagógico que sigue la escuela. “Uno ha de plantearse a qué escuela lleva a su hijo, asegurarse de que comparte las mismas ideas, y luego acompañar al niño en el aprendizaje pero con respeto al proceso que siguen en la escuela, y no dar al niño mensajes diferentes”, reflexiona. Los educadores son especialmente críticos con los padres que muestran constantemente su desacuerdo con los profesores en presencia de los niños, porque estos aprovechan esa situación para manipular a unos y a otros.

Fuente: lavanguardia.com

Adolescentes y móvil: Guía para madres y padres desesperados.

Los móviles,  son uno de los grandes quebraderos de cabeza en la relación padres-hijos.

Algo nuevoguia moviles, ya que nuestros padres no se encontraron con este problema y con el que tenemos que lidiar sin mucho ejemplo. Los móviles, con la excusa de ayudar a estar en contacto, se han convertido en los regalos estrella de comuniones, navidades y cumpleaños.

Su uso puede derivar otros problemas (ciberbullying, privacidad, etc…).

 

 

 

 Síntomas de que el uso del dispositivo móvil se está convirtiendo en un problema para tu hija/hijo.

? Pérdida de la noción del espacio-tiempo : ni dónde, ni cuánto tiempo. El adolescente no es consciente de cuanto tiempo llega a pasar expuesto a su terminal. Se olvida de comer, o lo hace mal. No atiende a horarios…
? Dependencia: se siente desnudo si sale sin su móvil. La nomofobia, o miedo a salir sin su teléfono móvil, forma parte de su día a día.
? Síndrome de abstinencia: Consecuencia del anterior. Cuando no está con su dispositivo, siente ansiedad y mal comportamiento.
? Aislamiento: No total, ya que de forma “virtual” el adolescente se encuentra permanentemente conectado a sus amigos y conocidos. Pero esto le cuesta aislarse de la gente presente. No atiende a estímulos, no responde a conversaciones. Recordamos el phubbing, como el menosprecio a quien nos acompaña por prestar más atención al móvil que a las personas.

Recomendaciones que pueden ayudar para que el uso de los móviles, no sea un problema
? Controla el tiempo de conexión a Internet. Esto no quiere decir que lo utilices como motivo de premio o castigo. Establece unas normas, u horario a la que tu hijo deberá acostumbrarse. Este contrato que una madre preparó a su hijo puede darte algunas ideas.
? El móvil, a la edad adecuada. A veces pecamos de “innovadores” y regalamos un dispositivo a los que no lo necesitan. Una buena edad podrían ser los 13-14 años.
? De igual forma que hablaba del horario, en las normas no olvides añadir unos “que se puede/no se puede” hacer con el móvil. Debemos establecer unos límites claros. Incluyen desde temas económicos (límites del gasto) hasta de comportamiento. Esto evitará posibles problemas derivados: discusiones, bullying, no decir o hacer nada que no harían con tu presencia…
? Establece una contraseña que ambos sepáis. De esta forma ante un robo o extravío la información estará más segura.
? Educa y explica el peligro de compartir información y/o imágenes personales con terceros. Hazle notar como alguien a quién acudir de existir ningún problema. Regañar de forma desmedida puede ocasionar que el adolescente se encierre más y esconda aquello que hace o dice por las redes sociales. Esto es válido tanto si eres su tutor, profesor como padre. El adolescente debe sentir esa seguridad y confianza.
? La más importante y quizás por ello la última. Predica con el ejemplo. Si no quieres que tu hijo esté en la mesa con el móvil, no lo hagas tu. Si no quieres que lo use durante una reunión familiar, igual… Una alternativa puede ser establecer espacios “sin móvil”: comidas, cenas, etc… que ayudarán también al diálogo y relación familiar.

Fuente:Uveni.org

 

Claves en el desarrollo de la autoestima infantil: ¿cómo potenciarla?

Os adjuntamos este artículo que consideramos de interés:

La autoestima puede definirse como el componente valorativo del “yo”, del autoconcepto, el cual se inscribe dentro de la dimensión más cognitiva. Presenta una connotación motivacionautoestimaal y, por lo tanto, indica tanto el conjunto de opiniones y actitudes que guían nuestro comportamiento, como la forma como nos relacionamos con otras personas y con el mundo de forma general. El carácter valorativo se centra en dos pilares fundamentales: sobre la opinión y aprecio hacia uno mismo y sobre la capacidad que disponemos para mejorar aspectos personales propios y de las personas de nuestro entorno. También se refiere a cómo afrontamos situaciones adversas adaptándonos a las circunstancias, cómo favorecemos el crecimiento personal, emprendemos nuevos proyectos vitales, etc.

La autoestima es un fenómeno relativamente estable y permanente, aunque puede ser modificada a partir de influencias pertenecientes a nuevas experiencias. Tales influencias pueden derivar de los siguientes factores: personales (características físicas y emocionales, capacidades y habilidades personales, aspectos relativos a personas significativas del entorno familiar, escolar o grupo de iguales, etc.) y sociales (valores y creencias culturales). Así, pueden diferenciarse cuatro áreas básicas en la formación de la autoestima global: el área social, el área académica, el área familiar y la imagen física.

El tipo de desarrollo que se dé a partir de los factores indicados está determinado principalmente por la naturaleza de la base del vínculo afectivo establecido durante la primera infancia. A medida que se produce el desarrollo del niño, este va generando opiniones, valoraciones, impresiones, sentimientos y cogniciones de lo que va experimentando durante su crecimiento y maduración. Dependiendo de la connotación que tengan estas manifestaciones, el grado de percepción de aprecio hacia sí mismo y de autovalía se irá configurando de una determinada manera, más o menos adaptativa. Entre las actitudes que favorecen la autoestima pueden destacarse la confianza hacia uno mismo, la seguridad en afrontar situaciones personales e interpersonales, la capacidad de adaptarse a las circunstancias, de mostrarse flexible, tolerante y empático respecto de otros puntos de vista, etc. Aparte de la clase de vínculo afectivo consolidado en edades tempranas, otro aspecto que determina sustancialmente la adquisición de un nivel adecuado de autoestima es el auto-conocimiento (¿quién soy yo?). Este proceso deviene un requisito fundamental para llegar a la autoaceptación y a la valoración positiva de sí mismo.

Demostrar interés y aprecio

Derivado de aquello anterior, el primer aspecto fundamental que se indica a los padres como significativo a la hora de potenciar la autoestima en sus pequeños es que realmente demuestren interés y aprecio por ellos. Los niños tienen que tener constancia clara de que sus padres se preocupan verdaderamente por ellos, que prestan atención a sus necesidades, pensamientos, inquietudes, sentimientos y emociones.

Logros, competencias, habilidades

Por otro lado, el hecho de orientar al pequeño en la consecución de logros, recordándole su competencia, habilidad y confianza en la obtención del éxito permite poseer una disposición más positiva a iniciar proyectos y poner en marcha nuevos retos personales. Es relevante, para conseguir un efecto más intenso en esta práctica, analizar conjuntamente con el niño qué sensaciones experimenta cuando realiza una acción en la cual se sabe competente, de forma que se hace consciente una auto-percepción más positiva. Por eso, siempre según su desarrollo y maduración personal, los educadores deben facilitar todas las oportunidades que se presenten para que el niño haga uso de su autonomía e independencia; es importante dejarle tomar sus propias decisiones (aunque en alguna ocasión nuestra visión adulta pueda discrepar de la suya) y realizar una reflexión conjunta sobre qué resultados se han obtenido (tanto los exitosos como los erróneos) para otorgarles un significado de oportunidad de aprendizaje, en lugar de la concepción de haber fracasado. Los adultos podemos servirles de guía presentando diferentes opciones sobre las cuales decidir, pero tiene que ser el niño quien efectúe la elección final.

La idea de que padres o educadores no deben realizar aquellas acciones que él pueda llevar a cabo por sí mismo hay que tenerla siempre presente, siendo aconsejable el destierro de la sobreprotección y la preocupación excesiva sobre las posibles consecuencias derivadas de las decisiones que el niño toma.

 

Refuerzo de conductas y actitudes adecuadas

Otro aspecto fundamental hace referencia a enfatizar el reconocimiento y el refuerzo positivo de aquellos comportamientos y actitudes adecuadas y la disminución de la crítica negativa y destructiva, chantajes o amenazas. Por eso, no es recomendable la instigación en exceso sobre su comportamiento, así como tampoco recordarle con frecuencia aquellos aspectos que tendría que mejorar o que no resultan del todo satisfactorios. Parece de mayor utilidad recordar las ventajas que posee un comportamiento adecuado para que él mismo pueda analizar las consecuencias de su comportamiento y qué decisión tiene que tomar sobre cada cuestión. Relacionado con esto, tiene que tenerse en cuenta que el niño presenta su propio ritmo de aprendizaje y mejora; por eso tiene que respetarse el hecho de que los avances se den más lentamente de lo esperado por los padres u otras figuras cercanas; el hecho más significativo es que se produzca tal evolución.

Finalmente, y a modo de conclusión, parece indispensable no centrarse en el refuerzo exclusivo de logros a nivel cuantitativo. El aprecio hacia el niño tendría que ser incondicional y no estar sólo basado en los éxitos obtenidos. Es más razonable premiar con reforzadores intangibles, sociales y afectivos por el logro de hitos en los cuales se valore el esfuerzo y se recompensen los aspectos cualitativos. Resulta adecuado, por lo tanto, que el niño trabaje en el establecimiento de objetivos personales realistas y muy definidos, siempre que estos repercutan en una mejora en su bienestar y satisfacción personal dejando de lado la comparación respecto con los pares u otras personas significativas de su entorno.

Fuente:psyciencia

Regalar tiempo, un recuerdo imborrable.

Os adjuntamos un artículo de Elvira Fernández Peña, que nos ha parecido muy interesante, «regalar tiempo en Navidad».

Cuando eres niño, la Navidad es una de las fechas más especiales y memorables del año. Levantarse con la ilusión de la magia, de disfrutar de los días de vacaciones y de fiesta, de jugar con los regalos en familia,… Sin embargo, este momento ha ido cambiando con los años, paralelamente a cómo ha ido cambiando nuestra sociedad. Las mañanas navideñas en familia se han  ido transformando en las montañas de juguetes y regalos que parecen no acabar nunca. regalar-tiempoLo material ha sustituido a lo emocional y ahora demostramos el cariño, en muchas ocasiones, con el objeto; sin hacer un balance sobre la incidencia que lo material muestra en nuestra infancia. Por este motivo, una corriente impulsada inicialmente desde el mundo de la psicología, nos recuerda algo que aunque ya sabíamos, ha permanecido oculto en nuestros corazones durante bastantes pascuas: «Regala Tiempo»

Es una realidad innegable, que a pesar de los cambios sociales que presenciamos, la familia sigue siendo el principal sustento de la sociedad, más allá de sus variedades y estructuras. Por este motivo, el apego, la cultura y los estilos de crianza definen toda una serie de tradiciones que aunque se transforman, no pierden su esencia. Este es el caso del día de Navidad, que pretende aunar un espíritu de felicidad mediante los presentes, las costumbres, las historias, la magia y el misterio.

Esta semana nos hacíamos eco en nuestra fanpage en facebook de este vídeo que muestra cómo las prioridades en los regalos han cambiado, aunque nunca dejaron de estar presentes. El tiempo se convierte en nuestro regalo más preciado. Experimento  

Evidentemente, nos es imposible ponernos en la situación que propone el vídeo con los niños. Pero igualmente, sí nos sirve para concienciar de la importancia de disfrutar de los nuestros por encima del regalo material, del objeto.

Los niños no recordarán aquel juguete que tenía luces y colores ni aquella videoconsola más de lo que recuerden aquella nochebuena que encendisteis las bengalas, más que aquella Navidad que os fuisteis de viaje, más que aquella tarde de risas jugando todos juntos al fútbol después de la comida familiar. La apuesta actual para que los niños recuerden los regalos es ofrecer emociones. 

La tradición de regalar juguetes era básica en años de dificultades económicas, en las cuáles un regalo muy de vez en cuando era instantáneamente relacionado con el contexto cultural de una fecha señalada. Pero en momentos en los cuáles los niños tienen de todo, las emociones que conectan con la memoria a largo plazo, tienen que ir más allá del simple materialismo. Los recuerdos se gestan con lo emocional y significativo.

Así que estas navidades, te proponemos no que cambies los regalos de toda la vida, sino que sumes. Que sumes regalos no materiales para pasar tiempo con los niños que hagan de tus propuestas recuerdos imborrables.

1. Día sin tecnología

En muchas ocasiones los más pequeños de la casa nos ven conectados en exceso, sin prestar atención a lo realmente importante, ellos mismos. Un día con los móviles apagados es difícil, pero vale la pena intentarlo. Ir a pasar el día al monte o a la playa, aunque haga frío, sin dispositivos electrónicos, sin wi-fi, sin ordenadores, sin televisión. Un día sin videojuegos y sin informática, dedicando tu tiempo a ellos. Impagable.

2. Carta de agradecimiento.

Para toda la familia, puede ser un buen recurso escribir una carta de agradecimiento. Dar las gracias es terapéuticamente positivo y nos ayuda a fijar valores. Dar gracias a la vida, a la familia, nos puede acercar a momentos lúdicos pero también formativos, donde el aprendizaje se fusione con la parte emocional de agradecer la dicha de estar juntos.

3. Componer una canción juntos.

Componer unas rimas pedadizas está al alcance de todos. Y si alguien en casa toca la guitarra o algún instrumento para acompañar, la fiesta está asegurada. Esta actividad creativa puede hacer de una tarde de Navidad algo memorable, todos juntos entre risas y trabajando en equipo. Además lo que uno compone, perpetúa. Siempre puedes volver a cantarla, como una tradición.

4. Visita a los abuelos.

Una tarde en casa de los abuelos como visita de Navidad es un regalo para todos. Compartir momentos de barullo y risas contando anécdotas y recuerdos de miles de años atrás.

5. Una tarde de voluntariado.

Conocer realidades distintas a la nuestra puede ser un regalo perfecto en nuestras fechas, más si se hace en familia. Acompañar a nuestra infancia en actividades de voluntariado, marcará valores sociales de por vida. Si pasar tiempo de calidad con los nuestros es la consigna, haciéndolo mientras ayudamos a quienes más lo necesitan será un regalo irremplazable.

6. Cine, música, teatro y más.

Acompañarlos al cine, a un concierto o musical, al teatro,… Hay cientos de opciones de emplear tu tiempo en ellos. Estos son recuerdos imborrables que perduran por siempre. La primera película en el multicines, el concierto de su grupo favorito. Si los acompañas en estas actividades formarás parte de la CPU de su memoria seguro.

7. Mannequin challenge.

¿Por qué no ponerse algo frikis en estas fiestas? Me considero fan de este modo de hacer piña artístico y que aúna tantas destrezas. Concentración, atención, dramatización, equilibrio, etc. Les encantará.

8. Ese largo etcétera.

Y como esto mil ejemplos, nada que no conozcas. Una excursión, un juego de mesa, hacer sombras chinas, un teatrillo improvisado, una tarde de loca repostería, una manualidad en equipo, un paseo en tren, jugar al escondite, jugar a los gestos, bailar hasta agotarse, una gimkana, disfraces, repasar esas viejas fotografías,… Actividades todas ellas con un punto en común, un regalo imborrable. Tu tiempo.

Fuente:La atención selectiva 

 

 

Un nuevo estilo de juguetes sin etiquetas de género.

Queridas Familias, se acerca la Navidad y es momento de tomar decisiones para la compra de juguete12_dic_nuevo_estilo_juguetes_v1-01s de nuestros hijos e hijas. Os adjuntamos este artículo escrito por Alba Alonso, que nos ha parecido de interés:

Juguetes “para niños” o juguetes “para niñas”. En esas dos categorías se siguen dividiendo los juguetes en las navidades de 2016. No hay ningún cartel que así lo indique, pero parece que ya no hace falta. La publicidad y los medios de comunicación entre otros ya se han encargado de llevar a cabo tal separación a través de los colores y el tipo de juguetes. Pero, ¿y si mezclásemos juguetes de ambos mundos? ¿jugarían niños y niñas con ellos?

Juguetes “masculinos o femeninos” en un único juguete sin etiquetas.

Eso es exactamente lo que hicieron desde la emisora CapeTalk de CapeTown, Sudáfrica. Su proyecto #breakthemould decidió unir juguetes o accesorios de ambos mundos para crear nuevos juguetes de la mano del creativo Graham Lang, CEO de Y&R South Africa y Africa.

El verdadero objetivo del proyecto era saber si niños y niña jugarían con estos nuevos jugutoys-examples-breakthemouldetes, y si lo harían por igual. También fue interesante conocer la opinión y reacción de los padres y madres al respecto ¿comprarían ese tipo de juguetes? Estos nuevos juguetes sin etiquetas juntan ambos mundos para presentarnos a un malvado ejerciendo de papi con su bebé, a un superhéroe que es un”cocinitas”, a una “princesauria”, o a una hada ninja entre otros.

El resultado del experimento #breakthemould

El experimento reunió a familias para observar sus actitudes y opiniones antes los nuevos juguetes sin etiquetas de género. Según Graham Lang los padres fueron algo escépticos, pero a los peques les daba igual, simplemente querían jugar! En el siguiente vídeo-documental del experimento conducido por la locutora Pippa Hudson podréis observar algunas de estas reacciones: Video

Esta acción nos ha encantado, porque cuestiona, porque implica tolerancia, y porque sobre todo respeta las personalidades únicas de cada niño y cada niña.

Inicio 2

 

Cinco ventajas de educar mediante el refuerzo positivo.

La técnica del bolígrafo verde, que apuesta por destacar los aciertos en vez de los errores, ha saltado recientemente a las redes sociales como ejemplo práctico y sencillo de una forma de enseñar basada en el refuerzo positivo. Te explicamos en qué consiste y cuáles son las ventajas de este enfoque, para que lo apliques en el día a día en la educación de tus hijos.

EL BOLÍGRAFO VERDE Y EL REFUERZO POSITIVO

La técnica del bolígrafo verde es tan simple como eficaz. Los artículos que en las últimas semanas han proliferado en Internet sobre este método relatan la historia de una madre que, al trabajar en casa con su hija series de letras y símbolos, optaba por marcar con bolígrafo verde las que mejor le salían, en vez de tachar o resaltar con rojo las que no estaban bien hechas. Este gesto evitaba centrar la atención de la pequeña en los errores y, en cambio, la ayudaba a fijarse en lo que hacía bien y repetirlo.

El método del bolígrafo verde es un ejemplo cotidiano basado en la teoría del refuerzo positivo, que mantiene que un comportamiento o actitud valorado positivamente tiende a repetirse. La recomendación, por lo tanto, es que en vez de limitarnos a castigar o regañar al niño por aquello que hace mal, resaltemos y valoremos las conductas o acciones positivas para perpetuarlas.

CINCO VENTAJAS DE EDUCAR MEDIANTE EL REFUERZO POSITIVO

Puedes aplicar la teoría del refuerzo positivo en casa en múltiples ocasiones: cboligrafo-verdeon los deberes de tus hijos, las labores que realizan en casa, su comportamiento en diferentes momentos o circunstancias, su modo de reaccionar ante los problemas… Para ello, solo debes recordar fijarte en lo positivo y no limitarte a destacar los errores, fallos o comportamientos inadecuados de tu hijo. No es necesario que recurras a premios o recompensas materiales: reconoce sus buenas actitudes con tu atención y tus elogios. Con esta sencilla actitud aprovecharás los beneficios del refuerzo positivo en el niño. Entre otras ventajas, este método:

1. Afianza los conocimientos. Cuando marcaba los símbolos que hacía bien, la madre del bolígrafo verde estaba dirigiendo la mirada de su hija hacia ellos y la ayudaba a fijarlos mejor en su mente, como una fotografía. Con el refuerzo positivo ayudas al niño a recordar lo que está bien, ya sea un símbolo, un contenido teórico de cualquier asignatura o una actitud. Esto contribuye a afianzar lo bueno o correcto y a desechar lo negativo o incorrecto.

2. Estimula el esfuerzo. Al sentir que se reconoce algo que ha hecho correctamente, el niño aprende a valorarlo y entiende que esforzarse por conseguir un buen resultado merece la pena. Así, incluso cuando ya haya dominado esa destreza, conocimiento o habilidad que hemos reforzado de forma positiva, aplicará la misma lógica del esfuerzo recompensado para el próximo reto que se le plantee.

3. Fomenta la receptividad. Si nos limitamos a criticar y destacar los fallos, el niño acabará perdiendo el interés y no prestará atención a indicaciones que solo le dicen lo que no debe hacer. En cambio, al incluir comentarios positivos y señalar lo que hace bien contribuiremos a que esté más receptivo y asimile mucho mejor cuál es el camino correcto para lograr más aciertos y menos errores.

4. Motiva y crea conductas. A través del reconocimiento de sus aciertos ofrecemos al niño un estímulo, despertamos su ilusión y sus ganas de actuar correctamente y hacer bien las cosas, ya sea un examen, una tarea en casa o un comportamiento social. El método del refuerzo positivo contribuirá a motivarle en busca del premio o aprobación pero, con el tiempo, creará una conducta, un hábito que formará parte de su personalidad. Así, el reconocimiento puntual y externo se verá sustituido por la propia satisfacción personal.

5. Mejora la autoestima. El refuerzo positivo no solo tiene ventajas en el ámbito escolar o educativo, sino que ejerce una influencia esencial en el plano psicológico y en el comportamiento. Al destacar lo que ha hecho bien ayudamos al niño a detectar sus fortalezas y mejorar su autoestima, evitamos el desánimo y la frustración y contribuimos a que construya una imagen de sí mismo real y positiva. 

Aulaplaneta

Mejorar la tolerancia a la frustracción.

En alguna ocasión hemos hablado sobre la importancia de  trabajar la tolerancia a la frustración y el retraso en la gratificación, así como sobre su importancia para un buen ajuste psicológico, académico y social.

Hoy os adjuntamos este artículo que consideramos de interés:

De manera breve explicaremos que, tanto la tolerancia a la frustración como el retraso en la gratificación tienen que ver con la capacidad para postergar deseos inmediatos en favor de logros mayores a medio y largo plazo.

Trabajar la tolerancia a la frustración

Vivimos en un contexto de inmediatez. El acceso a productos, a la información, a la comunicación o a contenidos audiovisuales nunca ha sido tan rápido como ahora. Lógicamente, tiene muchas ventajas, pero es un contexto donde no se aprende, de manera natural, a esperar. Sin embargo, para las cosas relevantes de la vida (por ejemplo, un trabajo, un examen o una relación estable) es necesario saber esperar, tolerar la frustración y tener paciencia.

Nos encontramos, por tanto, ante una situación donde es más necesario que nunca hacer un esfuerzo consciente y dirigido para lograr que nuestros hijos y alumnos aprendan a tolerar la frustración y a sacrificar deseos inmediatos por beneficios mayores a largo plazo.

Nuestra propia tolerancia a la frustración

Si queremos enseñar a nuestros hijos a tolerar la frustración, es necesario que nos planteemos también cómo toleramos la frustración nosotros mismos. Si nosotros no toleramos la frustración bien, si no somos pacientes, es difícil lograr que nuestros hijos lo sean.

Por otro lado, hay que señalar que trabajar la tolerancia a la frustración de los hijos y los alumnos pone a prueba la tolerancia a la frustración de los padres y los profesores. Muchas veces, educar la tolerancia a la frustración en los hijos puede ser desesperante o nos genera sentimientos de culpa. En tal caso, debemos recordarnos que estamos buscando que ellos tengan un futuro pleno y no sólo instantes de placer puntuales.

Propuestas para trabajar la tolerancia a la frustración.

A continuación vamos a enumerar una serie de  recomendaciones que nos pueden ser muy útiles para trabajar la tolerancia a la frustración con nuestros hijos o alumnos:

• Todas las actividades que les enseñen a esperar van a ser positivas. Por ejemplo, si dos adultos están hablando, el niño debe esperar para hablar, esperar en las filas, esperar por los regalos que quiere, esperar para levantarse de la mesa después de comer, etc.

Juegos de esperar que implican tolerar frustración o autocontrol. Hay maneras de trabajarlo de una manera lúdica. Por ejemplo:

1. Juego de pompas de jabón. El niño debe esperar hasta poder explotar las pompas de jabón.

2. Aguantar las cosquillas con una pluma.

3. Calcular cuánto es un minuto. Se le puede pedir que diga “¡ya!” cuando haya pasado un minuto y si falla, tiene que volver a comenzar. Si acierta se le puede premiar de alguna manea.

4. Juegos de turnos. Los juegos de turnos son una excelente manera de trabajar la tolerancia a la frustración y trabajar la impulsividad (por ejemplo, jugar al cuatro en raya, ajedrez, damas, etc.). Simplemente lo que tenemos que hacer es alargar los tiempos de cada turno, es decir cuando nos toque a nosotros podemos esperar más tiempo a propósito para colocar nuestra ficha, cuando le toque al niño, debe contar hasta 10 desde que decide el movimiento hasta que coloca la ficha.

Premiar el saber esperar y cumplir con un horario prefijado. Por ejemplo, si el niño ha estado esperando a que dos adultos acaben de hablar para participar, le podemos dar las gracias por esperar o darle un beso y explicarle que nos gusta mucho cuando sabe esperar y no interrumpe una conversación.

• Dejarles o forzar que experimenten algún fracaso. Por ejemplo, muchos alumnos de altas capacidades no están acostumbrados a fallar en un examen o en un ejercicio. En ocasiones, cuando se topan ya más mayores con un fracaso les cuesta mucho aceptarlo. Por ello, es bueno que de vez en cuando se les exija un poco más o experimenten alguna pequeña decepción. Por supuesto, es bueno acompañarles en el proceso y explicarles lo que están sintiendo.

• Aprovecha los momentos donde el niño está descansado y contento para enseñarle a tolerar la frustración. Es un error habitual querer trabajar la frustración en periodos de estrés, donde el niño se encuentra mucho más inestable (y generalmente los padres también).

Usar la alimentación. Los niños comen 5 veces al día y son 5 oportunidades excelentes para transmitirles enseñanzas. Aprender a comer cosas que quizás les gustan menos, no sustituir el postre o el dulce por la comida, enseñarles que no siempre pueden comer lo que les apetece, son rutinas útiles para trabajar esta tolerancia.

Evitar solucionar inmediatamente los problemas por ellos. Es habitual que cuando los niños nos comentan un problema, lo solucionemos inmediatamente por ellos. Por ejemplo, cuando tienen una discusión en el patio. Una forma de entrenar su tolerancia a la frustración y enseñarles habilidades es por ejemplo preguntarles: “¿Qué crees que podrías hacer ahora para mejorar la situación?” “¿Qué podría hacer yo para ayudarte?”, “¿Qué te parece si vas a hablar con el compañero que te ha molestado y le dices que no lo haga más? Yo te acompaño”.

• Enseñarles a respirar o contar hasta 10. Esto funciona especialmente bien antes de explotar. Cuando están en plena rabieta ya es más difícil que funcione. Para ello, también debemos trabajar su conciencia emocional, es decir, que sean capaces de reconocer sus signos de tensión antes de explotar. Las técnicas provenientes del mindfulness también son un recurso muy útil para ayudarles a tolerar la frustración y a regular sus emociones.

Respetar sus tiempos de aburrimiento y permitirles que encuentren sus formas para entretenerse o divertirse sin la televisión o los aparatos electrónicos.

Enseñarles a distraerse o a recodificar las situaciones. En el experimento de Mischel, un mayor número de niños lograban esperar si un adulto les daba instrucciones como “en lo que esperas, puedes crear 3 canciones haciendo ruido con los dedos y la mesa” o “puedes esperar jugando con la golosina como si fuera un gusano o un avión”. Si, por el contrario, se les pedía que prestaran atención a lo jugoso y exquisito de la golosina, era más improbable que pudieran resistirlo. Esto tiene que ver con que resistirse al deseo exige un gran esfuerzo mental que nos deja sin energías y que nos hace más vulnerables a rendirnos a la tentación. Por tanto, enseñarles a reinterpretar situaciones más frustrantes, como oportunidades para hacer otras cosas es también un recurso útil.

Por mi experiencia, detecto que últimamente se tiende más a la falta de tolerancia a la frustración que al exceso. En cualquier caso, hay que saber tener un equilibrio y, de vez en cuando, concederles un capricho a nuestros hijos y enseñarles a disfrutarlo y a darle valor.

Esperamos que estos consejos os sean útiles y que os ayuden a trabajarlo con vuestros hijos y alumnos desde que son pequeños.

Autor: Juan Múzqiz Herrero
Psicólogo

 

25 formas de preguntar ¿cómo ha ido el día en cole?.

Este año, Simon está en quinto de primaria y Grace en segundo, y todos los días les pregunto: ¿Cómo ha ido el día en el colegio?

Y todos los días me dan respuestas como “bien”, pero a mí me sabe a poco.

Así que la otra noche me puse a hacer una lista de preguntas más concretas para hacérselas al volver de la escuela. No son perfectas, pero por lo menos consigo que me contesten con oraciones completas, y algunas han dado lugar a conversaciones muy interesantes, a respuestas cómicas y a visiones más profundas de lo que mis hijos piensan y sienten acerca de la escuela.

■ 1. ¿Qué es lo mejor que te ha pasado hoy en el colegio? ¿Qué es lo peor que te ha pasado hoy en el colegio?.
■ 2. Cuéntame algo que te haya hecho reír hoy.
■ 3. Si pudieras elegir, ¿con quién te gustaría sentarte en clase? (¿Con quién NO te gustaría sentarte y por qué?).
■ 4. ¿Cuál es el mejor lugar de la escuela?
■ 5. Dime una palabra rara que hayas oído hoy (o algo raro que alguien haya dicho).
■ 6. Si llamara hoy a tu maestra, ¿qué me diría de ti?
■ 7. ¿Has ayudado a alguien hoy? ¿Cómo?
■ 8. ¿Alguien te ha ayudado a ti? ¿Cómo?
■ 9. Dime algo que hayas aprendido hoy.

■ 10. ¿Qué es lo que te ha hecho más feliz hoy?
■ 11. ¿Qué es lo que te ha parecido aburrido?
■ 12. Si una nave de alienígenas llegara a tu clase y se llevara a alguien, ¿a quién querrías que fuera?
■ 13. ¿Hay alguien con quien te gustaría jugar en el recreo y con el que nunca hayas jugado?
■ 14. Cuéntame algo bueno que te haya ocurrido hoy.
■ 15. ¿Cuál es la palabra que más ha repetido el maestro hoy?
■ 16. ¿Qué crees que deberíais hacer más o aprender más en la escuela?
■ 17. ¿Qué crees que deberíais hacer menos o aprender menos en la escuela?
■ 18. ¿Con quién crees que podrías ser más simpático en clase?
■ 19. ¿Dónde juegas más en el recreo?
■ 20. ¿Quién es la persona más divertida de la clase? ¿Por qué es tan divertida?
■ 21. ¿Cuál ha sido tu parte favorita de la comida?
■ 22. Si mañana fueras tú el maestro, ¿qué harías?
■ 23. ¿Hay alguien en tu clase que necesite tiempo muerto?
■ 24. Si pudieras cambiarle el sitio a alguien de tu clase, ¿con quién lo harías? ¿Por qué?
■ 25. Dime tres momentos diferentes en los que hayas utilizado el lápiz hoy.

Hasta ahora, mis respuestas favoritas proceden de las preguntas 12, 15 y 21. Las preguntas como la de los extraterrestres dan a los niños la oportunidad de decir sin problema a quién no les gustaría tener en clase, y abren la puerta a la discusión, a la posibilidad de descubrir razones y problemas ocultos de los que antes no tenías ni idea.

Las respuestas que obtenemos a veces son realmente sorprendentes. Cuando les hice la pregunta 3, descubrí que uno de mis hijos ya no quería sentarse al lado de su mejor amigo en clase, no por un deseo de crueldad o discriminación, sino por la esperanza de poder trabajar con otros niños.

Post de Liz Evans / Publicado en Simple Simon and Company.