Sobrevalorar a los hijos hace que se vuelvan narcisistas.

Para mejorar la autoestima de los niños, lo importante es que se sientan queridos y se les acepte tal como son. La egolatría es un problema creciente en las sociedades occidentales, advierten los investigadores. El consejo de los investigadores: transmitir afecto a los hijos sin hacerles creer que son superiores a los demás

Los padres que piensan que sus hijos son mejores que otros niños no les ayudan a ganar autoestima. Al contrario, les perjudican ya que aumentan el riesgo de que se vuelvan narcisistas. Son las conclusiones del primer estudio que ha analizado cómo se desarrolla la egolatría en la infancia, realizado por un equipo científico internacional y presentado ayer en la edición electrónica de la revista PNAS. Para potenciar la autoestima, concluye el estudio, lo importante es hacer que los niños y niñas se sientan queridos, no que se sientan mejores que los demás.

Mother Smiling at Son“El narcisismo es un problema creciente en las sociedades occidentales”, explica en un correo electrónico Eddie Brummelman, investigador de la Universidad de Amsterdam y primer autor del estudio. Según datos de Estados Unidos, los niveles de narcisismo han estado aumentando desde 1980, coincidiendo con la creciente preocupación de padres, educadores y psicólogos por favorecer la autoestima de los niños.
Sin embargo, mientras la autoestima es beneficiosa y reduce el riesgo de trastornos psicológicos, el narcisismo tiene el efecto opuesto. “Aunque los narcisistas se sienten superiores a los demás, no se sienten necesariamente satisfechos consigo mismos”, escriben los investigadores en PNAS. Cuando se sienten humillados, tienden a reaccionar con agresividad. Los psiquiatras incluso han descrito el Trastorno de Personalidad Narcisista, que conlleva un mayor riesgo de otros trastornos psiquiátricos como depresión y ansiedad.

El estudio se ha basado en niños y niñas de entre 7 y 11 años, pues es la franja de edad en que empiezan a emerger los rasgos narcisistas. Sus resultados no son válidos para niños más pequeños, que suelen percibirse a sí mismos como el centro del mundo sin que sea motivo de preocupación.
Para comprender cómo se desarrollan el narcisismo y la autoestima durante la infancia, los investigadores han hecho encuestas a 565 niños/as. También han contestado a las encuestas 415 madres y 290 padres. Para cada niño y cada adulto, se ha repetido la encuesta cuatro veces con seis meses de diferencia a lo largo de un año y medio.

Las encuestas a los niños incluían ítems para valorar el narcisismo (“los niños como yo merecemos un trato especial”), la autoestima (“los niños como yo nos sentimos felices con nosotros mismos tal como somos”) o el hecho de sentirse queridos (“mi padre/madre me hace saber que me quiere”).

Las encuestas a los padres evaluaban si sobrevaloraban a sus hijos (“mi hijo es más especial que otros niños”) y el cariño que les daban (“hago saber a mi hijo que le quiero”).
Las respuestas indican que, cuando los padres sobrevaloran a los hijos, el narcisismo de los niños aumenta seis meses después en la encuesta siguiente. Por el contrario, cuando el narcisismo de los niños es alto, la sobrevaloración de los padres no aumenta.

“Los niños se lo creen cuando sus padres les transmiten que son más especiales que los demás”, declara en un comunicado Brad Bushman, coautor de la investigación de la Universidad del Estado de Ohio (EE.UU.). De este modo, internalizan la idea de que son superiores.

La autoestima de los niños, por el contrario, es independiente de este sentimiento de superioridad. Los resultados del estudio muestran que los niños más narcisistas no tienen más autoestima. Lo que más favorece la autoestima de los niños es el hecho de sentirse queridos y aceptados por sus padres.

Con estos resultados, Brummelman recomienda a los padres “que transmitan afecto y aceptación a sus hijos sin transmitirles la idea de que son superiores a los demás”.

 LaVanguardia – 20.03.2015

Diez pautas para educar.

Carloooos! Que te he dicho que te duches, te sientes a la mesa y recojas tu cuarto… ¡YA! No entiendo por qué no me haces caso a la primera, siempre tengo que gritarte y ni por esas, me tienes hartísima. Cuando venga tu padre, se lo digo. Me desesperas. Si es que no puedo contigo, un día de estos te voy a dar un bofetón”.

Después de esta escena, algunas madres dan un portazo, incluso lloran de desesperación. No entienden que su hijo no haga lo que se le pide a la primera. La explicación que dan es que el niño es desobediente, malo, y que no hay nada que hacer por conseguir paz en casa. Terminan por juzgarse como malas madres e ineficaces en la educación de sus hijos. En la escena podemos encadenar varios errores para que Carlos no obedezca: dar voces, órdenes contradictorias, comunicarle que ha perdido la batalla (“puedes conmigo, me desesperas”) y amenazarle con hablar con su padre demostrando que su autoridad es nula.

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“El propósito de la educación es lograr que los niños quieran hacer lo que deben hacer” (Howard Gardner)

La mayoría de padres ve la tarea de educar como algo difícil. Pero si anticipa todo lo que puede fallar, que su hijo no estudiará, se relacionará con amigos que resten, no comerá… esto le desesperará y caerá en la profecía autocumplida. Lo más importante en la educación es establecer unas reglas que no se salte ni usted. Trabaje para que se cumplan desde edad temprana. A partir de los seis meses los niños entienden muchas cosas; no se expresan, pero empiezan a diferenciar entre “esto sí se puede y esto no”. No trate de educar a un chaval de 15 años al que lleva consintiendo todo este tiempo, será tarde. Cuanto antes sepan sus hijos que hay normas, que los premios van asociados al cumplimiento de responsabilidades, que todos tienen que colaborar, antes conseguirá tener hijos educados, responsables y con autonomía.

La mejor prevención en educación es la intervención temprana. Muchos padres se quejan de que los niños no vienen con un manual bajo el brazo, pero si siguen estas reglas básicas, seguramente le allanarán el camino que supone educar.

Primero. Volumen y tono conversacionales. Conseguir que le hagan caso no es cuestión de hablar alto. El poder está más en lo que se dice, en las consecuencias que conllevará no hacerlo a la primera, en la coherencia y en ser muy disciplinado con las rutinas. Si quiere que sus hijos le respeten, empiece por respetarles a ellos. Nadie quiere obedecer a alguien que no se muestra seguro y relajado.

Segundo. Noórdenes contradictorias. Si le dice a su hijo que se duche, que recoja su cuarto y que se siente a la mesa, sin indicarle el orden, igual lo bloquea. Dígale lo primero que tiene que hacer, y cuando haya finalizado, lo segundo. Si su hijo tiene edad para memorizar varias órdenes, enuméreselas, dígale cuál es su prioridad. No espere que él la sepa, porque tiene las suyas propias.

Tercero. Imaginación. Haga un concurso por semana para que jueguen “a hacer lo que deben”; puede ser sobre cualquier comportamiento a corregir. Los domingos lo puede anunciar: “A partir de mañana, se celebra el fantástico concurso de ‘Quién tiene la dentadura de caballo más limpia’. Las bases son estas: limpiarse los dientes tres veces al día y pasar revista. Las puntuaciones de papá y mías se sumarán, y el viernes anunciaremos ganador”. Si quiere que los niños se lo tomen en serio, haga lo mismo. Y tenga paciencia, hasta que se convierta en rutina necesita tiempo. El juego genera un ambiente relajado en el que apetece más aprender y obedecer.

Cuarto. No quiera modificar en su hijo todo lo que le molesta de una vez. Si se pasa el día diciéndole lo que hace mal, terminará por cargarse su autoestima. Elija una conducta a modificar y céntrese en ella siguiendo las pautas de este artículo. Cuando lo consiga, siga con otra.

Quinto. Cuando corrija o muestre su enfado con ellos, no los ningunee, ni ridiculice, ni haga juicios de valor. Si lo hace, terminarán por comportarse conforme a las expectativas que se han puesto en ellos y les afectará a la autoestima. Es mejor decir: “No me gusta ver tu cuarto desordenado; por favor, guarda los juguetes en las cajas”, a decirles: “Eres un guarro, qué asco de dormitorio”. No consiga que se cumpla la profecía autocumplida. Si les transmite que no confía en ellos y que no espera nada, puede que se cumpla.

Sexto. Sea constante. Aquello muy importante, basta con que lo argumente una vez, no busque más razonamientos porque su hijo no los necesita. Simplemente busca ganar tiempo para no hacer lo que debe. Dígale: “Esto no es negociable; cuanto antes empieces, antes podrás disfrutar de lo que más te gusta”. Negocie lo que sea negociable y no siente precedente con lo que no lo es.

Séptimo. Paciencia y calma. Las personas que transmiten con paciencia son más creíbles y generan un ambiente cálido y relajado. Cuando introduce cambios en la manera de educar, al principio los niños reaccionan con incertidumbre: “¿Qué significa que mi madre/padre ahora están calmados y no me gritan?”. Deles tiempo, necesitan acostumbrarse a esta nueva forma de comunicarse.

Octavo. No se contradiga con su pareja. Los niños tienen que saber que la filosofía y la escala de valores parten de los dos. Si no, estarán chantajeando a uno y a otro, fomentando el engaño para conseguir lo que quieren. Terminará por tener muchas discusiones con su pareja por eso. No se descalifiquen, ni ridiculicen, ni contradigan delante de ellos. Todo aquello en lo que no estén de acuerdo, háblenlo en la intimidad y negocien.

Noveno. Nunca levante los castigos. Es preferible aplazarlo, pero que sea efectivo y lo cumpla, que imponer uno muy duro fruto de la ira y que luego deshará convirtiéndose en alguien a quien se puede chantajear. Dígale: “Esto merece un castigo, ya te diré qué va a pasar”.

Décimo. Mejor que el castigo, el refuerzo. Significa prestar atención a lo que hace bien, cualquier cambio, y decírselo. Si continuamente centra la atención en lo que hace mal y le corrige y se enfada, su hijo aprenderá que esta es la manera de llamar su atención. Todo lo que se refuerza, se repite. Al niño le gusta que sus padres estén orgullosos de él, pero tiene que decirle de qué se siente usted orgulloso, porque él no lo va a adivinar.

Recuerde lo más fundamental: hasta la adolescencia, no hay figuras más importantes que los padres. Si trata de educar en una dirección, pero se comporta en otra, será inútil. Los hijos copian, son esponjas. Educar con acciones tiene mucho más impacto que con palabras.

Patricia Ramirez.El País Semanal

La resilencia

¿Cómo enfrenta la gente los eventos difíciles que cambian su vida? ¿Cómo reacciona a eventos traumáticos, como la muerte de un ser querido, la pérdida del trabajo, una enfermedad difícil, un ataque terrorista y otras situaciones catastróficas?

Generalmente, las personas logran adaptarse con el tiempo a las situaciones que cambian dramáticamente su vida y que aumentan su estado de tensión. ¿Qué les permite adaptarse? Es importante haber desarrollado resiliencia, la capacidad para adaptarse y superar la adversidad. Ésta se aprende en un proceso que requiere tiempo y esfuerzo y que compromete a las personas a realizar una serie de pasos.

¿Que és?

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Significa «rebotar» de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.

La investigación ha demostrado que la resiliencia es ordinaria, no extraordinaria. La gente comúnmente demuestra resiliencia. Un ejemplo es la respuesta de las personas en los Estados Unidos a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y sus esfuerzos individuales para reconstruir sus vidas.

Ser resiliente no quiere decir que la persona no experimenta dificultades o angustias. El dolor emocional y la tristeza son comunes en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas. De hecho, el camino hacia la resiliencia probablemente está lleno de obstáculos que afectan nuestro estado emocional.
La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene. Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

Factores

Una combinación de factores contribuye a desarrollar la resiliencia. Muchos estudios demuestran que uno de los factores más importantes en la resiliencia es tener relaciones de cariño y apoyo dentro y fuera de la familia. Relaciones que emanan amor y confianza, que proveen modelos a seguir, y que ofrecen estímulos y seguridad, contribuyen a afirmar la resiliencia de la persona.

Otros factores asociados a la resiliencia son:

  • La capacidad para hacer planes realistas y seguir los pasos necesarios para llevarlos a cabo.
  • Una visión positiva de sí mismos, y confianza en sus fortalezas y habilidades.
  • Destrezas en la comunicación y en la solución de problemas.
  • La capacidad para manejar sentimientos e impulsos fuertes.

Diez formas de construir resilencia

Establezca relaciones

Es importante establecer buenas relaciones con familiares cercanos, amistades y otras personas importantes en su vida.

Evite ver las crisis como obstáculos insuperables

Usted no puede evitar que ocurran eventos que producen mucha tensión, pero si puede cambiar la manera como los interpreta y reacciona ante ellos. Trate de mirar más allá del presente y piense que en el futuro las cosas mejorarán. Observe si hay alguna forma sutil en que se sienta mejor, mientras se enfrenta a las situaciones difíciles.

Acepte que el cambio es parte de la vida

Es posible que como resultado de una situación adversa no le sea posible alcanzar ciertas metas. Aceptar las circunstancias que no puede cambiar le puede ayudar a enfocarse en las circunstancias que si puede alterar.

Muévase hacia sus metas

Desarrolle algunas metas realistas. Aunque le parezca que es un logro pequeño.

Lleve a cabo acciones decisivas

En situaciones adversas, actúe de la mejor manera que pueda. Llevar a cabo acciones decisivas es mejor que ignorar los problemas y las tensiones, y desear que desaparezcan.

Busque oportunidades para descubrirse a sí mismo/a

Muchas veces como resultado de su lucha contra la adversidad, las personas pueden aprender algo sobre sí mismas y sentir que han crecido de alguna forma a nivel personal.

Cultive una visión positiva de sí mismo

Desarrollar la confianza en su capacidad para resolver problemas y confiar en sus instintos, ayuda a construir la resiliencia.

Mantenga las cosas en perspectiva

Aun cuando se enfrente a eventos muy dolorosos, trate de considerar la situación que le causa tensión en un contexto más amplio, y mantenga una perspectiva a largo plazo. Evite agrandar el evento fuera de su proporción.

Nunca pierda la esperanza

Una visión optimista le permite esperar que ocurran cosas buenas en su vida. Trate de visualizar lo que quiere en vez de preocuparse por lo que teme.

Cuide de sí mismo

Preste atención a sus necesidades y deseos. Interésese en actividades que disfrute y encuentre relajantes. Ejercítese regularmente. Cuidar de si mismo le ayuda a mantener su mente y cuerpo listos para enfrentarse a situaciones que requieren resiliencia.

La clave es identificar actividades que podrían ayudarle a construir una estrategia personal para desarrollar la resiliencia.

Continuar con su viaje

La información ofrecida  no debe usarse como substituto del cuidado profesional de salud general y de salud mental, o de la consulta a estos profesionales. Las personas que consideran que necesitan o que se beneficiarían de ese cuidado deben consultar un psicólogo u otros profesionales licenciados de la salud general y salud mental.

American Psychological Association

La mochila violeta.

mochila-387x550Un regalo a todas las mamás y papás que nos va a servir para todo el año. A través del siguiente enlace nos podemos descargar de forma gratuita La mochila violeta,  una guía recopilada por Natalia Enguix y Cristina López de la Asociación de Mujeres Politólogas de Granada repleto de buenas recomendaciones sobre literatura infantil y juvenil coeducativa.

En esta guía encontraremos pautas para elegir libros que eduquen en igualdad, con multitud de libros reseñados según edades, teniendo en cuenta temáticas como la  educación afectivo-sexual, la diversidad familiar, la prevención de la violencia de género, la visibilización de las mujeres en la historia. En definitiva, auténticos tesoros con la que se pretende facilitar a todas las personas interesadas la elección de literatura divertida y de calidad que fomente la imaginación huyendo de roles y estereotipos sexistas.

La literatura infantil y juvenil permiten a niños, niñas y jóvenes disfrutar fantaseando, divertirse relajándose al mismo tiempo, y es que los cuentos y otras lecturas son una fuente inagotable para la imaginación y la creación. Además, el papel de los cuentos es esencial en la infancia ya que en ellos se muestra un mundo mágico en el que la niña y el niño pueden descargar su ansiedad y miedos reales, expresando sus sentimientos, lo que supone una gran ayuda desde el punto de vista emocional.

Los niños y niñas se identifican con los personajes de las historias que escuchan y leen, con todo aquello que les ocurre y también con las decisiones que toman sus protagonistas, siendo una referencia de comportamiento. En este sentido su potencial educativo es enorme convirtiéndose en una herramienta de socialización de primer orden, en una etapa de la vida en la que se van interiorizando los valores, y las actitudes que determinaran la futura identidad de cada persona.

Desafortunadamente, en buena parte de la literatura que nuestros hijos e hijas consumen, y especialmente en los cuentos tradicionales el sexismo está presente en muchos sentidos; en la temática y los contenidos, en la elección de los personajes, sus acciones y relaciones, en los diálogos y el uso del lenguaje, en las imágenes e ilustraciones. En este sentido, los roles y estereotipos de género tradicionales, siguen transmitiendo valores discriminatorios que siguen perpetuando las desigualdades de generación en generación.

Estos roles y estereotipos de género presuponen comportamientos adecuados socialmente de forma diferenciada para niños y para niñas. Los personajes masculinos suelen ser los protagonistas que toman la iniciativa, los héroes valientes que salvan el mundo y a las mujeres. Ellos son fuertes, y valientes, decididos y ambiciosos a menudo incapaces de expresar sensibilidad. Por su parte, al sexo femenino se le sigue presentando, mayormente, a través de personajes secundarios, que esperan ser rescatadas en un papel pasivo, o siendo protagonistas pero con poca autonomía y decisión, guapas y bonitas, dulces y delicadas, ingenuas, intuitivas y sin destacar intelectualmente. De esta manera se invisibiliza que las chicas pueden ser valientes y aventureras, y que los chicos también son vulnerables y sienten miedo.

Es evidente que la sociedad avanza y las relaciones entre mujeres y hombres son cada día más igualitarias, las familias más diversas y los modelos de convivencia más variados, por lo que es fundamental que los cuentos reflejen esa realidad, con la riqueza social y cultural que conlleva. Si queremos construir una sociedad más igualitaria, la lectura infantil y juvenil ha de ser un instrumento, que ayude a romper con las ideas estereotipadas que existen en la actualidad sobre las mujeres y los hombres, y que muestre una visión del mundo basada en la igualdad, la tolerancia, el respeto y la libertad. Un mundo donde niñas y niños, independientemente de su sexo, puedan elegir los deseos, sueños e ilusiones que les gustaría alcanzar en la vida y tener las mismas oportunidades para conseguirlos, sin roles y estereotipos de género que les limiten.

  La mochila violeta.pdf

Texto: Cristina López Torres

¿Quién te quiere a tí?

Guía para padres y madresLa Convención sobre los derechos del niño de Naciones Unidas reconoce a las familias como un grupo fundamental de la sociedad y el medio idóneo para el crecimiento de los niños y las niñas. Crecer en un entorno familiar que les proporcione seguridad, amor y comprensión es la mejor manera de asegurarles su normal y pleno desarrollo físico,
emocional y social.
La socialización primaria en la familia es clave para la formación de futuros ciudadanos adultos, responsables y comprometidos con la sociedad. Esta socialización se consigue ejerciendo una parentalidad responsable y positiva,basada en los derechos del niño, en el afecto y también en el establecimiento de normas y límites.
La parentalidad positiva se basa en tres condiciones: conocer, proteger y dialogar.
• Conocer y entender a los niños y las niñas: cómo sienten, piensan y reaccionan según su etapa de desarrollo.
• Ofrecer seguridad y estabilidad: los niños y las niñas tienen que confiar en sus padres y madres, sentirse protegidos y guiados.
• Optar por la resolución de los problemas de manera positiva: sin recurrir a castigos físicos y humillantes.Educar en positivo y desde el buen trato significa educarles sin recurrir a gritos, insultos, amenazas, humillaciones, azotes o cachetes. Estos castigos causan en los niños y las niñas dolor, tristeza, miedo, soledad, culpabilidad y baja autoestima, y está demostrado que no son eficaces en la educación de los hijos.
Esta guía para padres y madres, elaborada con el apoyo del Ministerio de sanidad, servicios sociales e igualdad, es parte del trabajo de Save the Children para promover la parentalidad positiva y el buen trato y pretende dar continuidad a las acciones de sensibilización de campañas
públicas como “Educa, no pegues” o “Corregir no es pegar”.
La parentalidad positiva exige paciencia, dedicación y esfuerzo. No siempre es fácil, pero educar en positivo es posible. Ofrecemos aquí pautas y herramientas que pueden ayudar a los padres y las madres en su tarea más apasionante, la de educar a los hijos.
¡Ánimo,vosotros podéis!

Guia para educar en positivo.pdf

Evitar problemas de comportamiento

Documento con ideas sobre características del ambiente familiar que necesitan los hijos e hijas, reflexiones sobre circunstancias que propician algunos problemas de comportamiento, y orientaciones útiles de actuación para evitar los problemas de conducta. Observatorio para la Convivencia Escolar en la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia.

Evitar problemas de comportamiento de nuestros hijos e hijas

Para educar bien: algunos principios básicos.

laboratorio 1Nosotros los padres somos los educadores, la escuela o colegio sólo complementan.
1. Educar bien es enseñar a: conocer las propias posibilidades, desear crecer, aceptar nuestras limitaciones y nuestras virtudes de forma sana, es enseñar a vivir.
2. Educar bien es enseñar a adaptarse a todas las situaciones: buenas o malas.
3. Educar no es proporcionar experiencias buenas y asilarle de las malas.  Es ayudarle a aprender de ellas.
4. Para educar bien no existen recetas, se aprende de experiencias concretas y luego se generaliza a nuestra vida cotidiana
5. Educar es una toma de decisiones constante.
6. Nuestras decisiones están muy influidas por cómo hemos sido educados.
7. Ser conscientes de ello ayuda a educar más sensatamente.
8. Educar bien a mi hijo (a), no es compensarle por lo que nosotros no hemos recibido en nuestra niñez. “Los hijos no nacen con tus carencias ni necesidades, no se las crees”.
9. Debo ser consciente de lo que me transmitieron cuando me educaron.
10. Debo educar en el presente con perspectiva de futuro.
11. Una mala actuación ahora se paga con creces en el futuro.
12. No debo angustiarme. Si no puedo, busco ayuda.
13. Para educar bien es necesario tener sentido común.
14. Muchas veces necesitamos una visión objetiva desde fuera.
15. No dudes en pedir orientación educativa aunque el problema parezca pequeño.
16. No existen los superpadres, todo el que te comente que su relación con su hijo es perfecta, puede ser que necesite aparentar o que no quiere ver los problemas.
17. Nada es lo mismo para un hijo que para otro.
18. Educar bien no es buscar las mismas condiciones para todos, sino es dar a cada hijo lo que necesita.  Hacerlo así no es ser injusto, ayuda a los hijos a crecer aceptando la individualidad de cada uno.
19. Educando voy a cometer errores.
20. No hay error que no se enmiende.
21. Puedo rectificar sin perder la autoridad.
22. No importa lo que sucedió en el pasado, si hay problemas hay que “tomar la situación de  inmediato”.
23. Sé positivo.  Dile a tu hijo lo que te gusta y pon un límite a lo que no te gusta.
24. Un niño (a) es una antena parabólica constante. Se entera de todo, lo imita todo. El niño aprende más de lo que ve, que de lo que decimos.
25. El mayor deseo del niño es controlar el entorno.
26. En el entorno también estamos nosotros. Controlar nuestras reacciones le fascinará, incluso aunque sea a costa de que nos enfademos con él o ella.
27. El niño necesita libertad conducida.
28. Si nosotros no ponemos límites a su conducta, lo hará él.
29. Nunca debo mentirle. Si le enfrento a aquellas cosas que no le gustan pero que debe aceptar, le preparo para asumir la realidad.
30. Si le miento lo haré un inmaduro (necesitará que le disfracemos las cosas para aceptarlas) y un inseguro (si no puedo confiar en mis padres ¿en quién puedo confiar?
31. Debo explicarle las cosas (casi siempre) y de forma breve.
32. A veces los niños necesitan un “Porque yo lo digo”.
33. Levantar castigos o encubrir los errores sólo es sobreprotección. Las personas sólo aprendemos de nuestros errores si vivimos las consecuencias de los mismos. Formamos hijos inmaduros incapaces de enfrentarse a la frustración.
34. El mayor deseo de un niño(a) es que papá y mamá estén pendientes de él.
35. La atención que le prestamos es nuestra mejor arma. Quién sabe cómo y cuándo prestar atención a su hijo(a) sabe educar.
Todos estos principios se pueden resumir en el siguiente pensamiento:
1. Sé que puedes.
2. Por eso te enseño y te exijo.
3. Y como sé que te cuesta esfuerzo, te lo reconozco.
Fuentes: CEMAIF Ayuntamiento de Málaga (Adaptación)