¡Paciencia! Evite perderla con sus hijos e hijas.

De un momento de descontrol emocional y falta de paciencia, pueden salir palabras y actos desafortunados que afectan tanto a los hijos como a los padres. Y es que dentro de todo lo maravilloso que imA father is threatening his little boy with a fingerplica formar un hijo, también surgen momentos difíciles que retan a los adultos a poner en práctica su formación como padres, y la propia madurez.

Al corregir hay que controlar la ira, o por lo menos dominarla. Mantener sereno el espíritu, evitar la dureza o el desprecio en la mirada, y las palabras hirientes.” Señala el autor Javier Abad Gómez en uno de sus escritos. Y es que el cansancio, el estrés, los problemas, el desconocimiento de la labor educativa, las limitaciones del carácter; son algunos de los factores que hacen vulnerables a los progenitores, pues es natural que durante el proceso educativo de los hijos, se presenten situaciones frustrantes que ponen a prueba a los adultos no sólo como padres, sino como seres humanos.

Por eso la necesidad de cultivar la paciencia, la cual provee el autodominio cuando no se puede controlar una situación determinada. Así que por el bien de los hijos y de los padres, se debe evitar perder la paciencia, las siguientes tácticas ayudan en este propósito:

Sea paciente con usted mismo. Para ser paciente con los demás, primero hay que ser paciente uno mismo. Esto implica aprender a auto-regularse, es decir, a respirar profundo y actuar de manera calmada y respetuosa.

Sea firme pero no violento. Una autoridad asertiva es aquella que siempre parte del respeto; sin gritos, palmadas ni malas palabras. La firmeza es la facultad que tienen los padres para lograr una respuesta adecuada por parte de sus hijos. Un tono serio al emitir una orden y sostenerse en la decisión tomada, son algunos ejemplos.

Señale el comportamiento, no la persona. Es diferente decir: “eres muy desordenado” a decir “tu habitación está desordenada”. Cuando continuamente se le señalan las faltas a los hijos de forma negativa, ellos terminan aceptando ese comportamiento como parte de su personalidad sin la necesidad de cambiar ese mal hábito.

Los hijos saben cuando sus padres han perdido los estribos. Saben que pueden desestabilizarlos y así logran su objetivo. “Cuanto más lenta y plácidamente nos expliquemos, mayor atención captaremos”. Sugieren Pedro García Aguado y Francisco Castaño, escritores del libro «Aprender a Educar» en entrevista con ABC Familia. Los autores también aconsejan no perseguir nunca al niño por la casa gritándole, sino situarnos delante de él y explicarle lo que esperamos de él.

Trate de reducir la tensión. Un momento acalorado puede finalizar muy mal si no se ejerce el autocontrol que se necesita en ese instante. Por eso existen técnicas que ayudan a bajar la tensión como por ejemplo frenar la conversación, contar hasta diez y respirar profundo, tomar asiento y bajarse a la estatura del niño para lograr un contacto visual. En el caso de los hijos adolescentes, es importante analizar la situación, bajar el tono de voz y “saber escuchar” su estado de ánimo. Los chicos a esta edad, les cuesta expresar adecuadamente sus emociones, de ahí que los padres deban ser más maduros que ellos, no “igualarse” a su comportamiento y así lograr captar sus emociones.

Identifique un acto caprichoso de uno real. A los padres les cuesta adaptarse al ritmo de aprendizaje, especialmente en la infancia. Por ejemplo, es normal que un niño de dos años  tarde en comer o para ir al baño. Sin embargo, también hay momentos que no quieren comer y se vuelven juguetones. Así que identificar cuándo es real y cuándo es capricho, es fundamental para saber cómo actuar.

Cambiar por ellos y para ellos. El amor paternal es tan poderoso que puede ser el impulsor de un cambio importante en la personalidad, haciendo que las limitaciones se conviertan en fortalezas.

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Imagen: David Castillo

Estilos Educativos.

 La tarea de educar a nuestro hijo/a empieza desde que éste tiene pocos meses de vida. Los estudios realizados sobre la forma de educar de las familias muestran un continuo que va desde un extremo autoritario a un extremo permisivo.

En general, todos tenemos un poquito de cada estilo, sin embargo suele haber uno que caracteriza nuestro modo de comportarnos en mayor medida que los demás.
Cada estilo se diferencia por las metas que consideramos prioritarias y que determinan aspectos concretos de la relación con nuestros hijos/as, como la manera, la intensidad y la frecuencia con que demostramos nuestro afecto, la calidad y cantidad de la comunicación, y la forma de establecer los límites y las normas, entre otros.

estilos educativos

 A estos estilos cabría añadir el sobreprotector, cuya meta es que los hijos e hijas estén seguros y no corran riesgos, y para ello limita las relaciones del chico/a con sus iguales. Y el negligente, pero éste más que un estilo, es un no-estilo.
Cada estilo tiene sus consecuencias positivas y negativas, pero los profesionales aconsejan siempre la moderación. Eso supone acercarse lo más posible al estilo democrático, pero esto es una elección de las famlias y depende de las metas que se consideran más importantes.

Es importante que educar a los hijos e hijas, sea una decisión propia, no una casualidad. La verdadera elección es la que se hace libremente, por lo que es necesario que reflexiones un momento sobre la educación que te dieron tus padres.
Puede que estés repitiendo el mismo patrón sin darte cuenta, o que seas consciente de las cosas que no te gustaron y crees que hicieron mal, y te estés esforzando por hacer todo lo contrario. Si no lo has hecho ya, dedica un tiempo a reconocer qué cosas son importantes para ti y tu pareja en la educación de tus hijos, en qué cosas coincidís y en cuáles discrepáis, qué habéis hecho para conseguir vuestras metas y en qué medida ha funcionado.

El mejor estilo educativo es que el que ha sido precedido de una reflexión, actúa coherentemente, sabe por qué actúa así y conoce las consecuencias de sus actos.
A continuación te ofrecemos una lista de posibles metas educativas que pueden ayudarte a reflexionar. Analiza en qué medida te ves retratado como padre o madre.
Ser un padre o madre de éxito, significa:

· Tener unos hijos e hijas que creen en sí mismos y en sus capacidades, y se aprecian como personas.

· Tener unos hijos e hijas que se sienten más valorados que criticados.

· Tener unos hijos e hijas que saben tolerar las frustraciones diarias.

· Tener unos hijos e hijas que establecen objetivos en su vida y se esfuerzan por cumplirlos.

· Tener unos hijos e hijas que se ríen, cantan, bailan o muestran su alegría y su felicidad.

· Tener unos hijos e hijas que creen en sus padres y en su amor incondicional.

· Tener unos hijos e hijas que saben aceptar sus propios errores.

· Tener unos hijos e hijas que confían en las personas y en el futuro.

· Tener unos hijos e hijas que respetan a los demás y saben convivir y cooperar.

· Tener unos hijos  e hijas sociables, que se sienten bien en casa y fuera de ella.

· Tener unos hijos e hijas que saben expresar sentimientos positivos y negativos de manera adecuada.

· Disfrutar plenamente de ser padre o madre.

 

 

 

 

 

Etapas de la adolescencia

adolescentes1PREADOLESCENCIA
A partir de los 9 años aproximadamente el niño/a da señales de que está dejando de serlo. Comienza a tener ideas propias respecto a la forma de vestir y de asearse. Sus amigos suelen ser del mismo sexo y mantiene un equilibrio adecuado respecto a sí mismo y a su familia.

PUBERTAD
A los 11-12 años comienza un cambio físico notable, pero este desarrollo se lleva a cabo de forma desigual: las manos y los pies se desarrollan antes que los brazos y las piernas y éstos antes que el tronco. Todo ello, ocasiona que el chico/a se sienta angustiado en algunos momentos, por lo que es recomendable que los padres informemos a nuestros hijo/as acerca de estos cambios ineludibles.
Durante esta etapa, el chico/a se muestra más irritable con los padres y hermano/as. Es habitual que critique las normas ya impuestas con anterioridad pretendiendo modificarlas. Comienza a dar signos de autonomía queriendo separarse de sus padres, aunque el distanciamiento es más psicológico que físico. Es frecuente que se encierre en su habitación durante horas, por ejemplo. Todas estas actitudes sirven para que el chico/a descubra su identidad, en qué aspectos de la vida puede destacar, y forme las bases para su vida de adulto.
Aunque rehuye cualquier signo que denote su etapa de niño/a, a veces no puede evitar comportarse como éste. Por una parte desea tener unos padres que le protejan, pero por otro lado, necesita alejarse de ellos. Su interés se centra en agradar a su grupo de iguales, fundamentalmente.

ADOLESCENCIA MEDIA
A partir de los 13 años, el adolescente entra en un período de introspección e interacción con personas de su edad; en cambio se aísla de los adultos que hasta ahora influían en su vida: padre, madre, abuelos, profesores; y se hace crítico con ellos. Es habitual que vea fallos en sí mismo que le angustien, por lo que es recomendable que los padres normalicemos esta percepción de sí mismo reconociendo que nosotros también tenemos fallos.
El adolescente tiene sentimientos particulares en esta etapa acerca de las nuevas formas que su cuerpo va adquiriendo. Comienza a cobrar fuerza el estímulo sexual. Es frecuente que aparezca en esta etapa la figura del amigo/a íntimo. Suele ser del mismo sexo, lo que permite reforzar la identidad sexual del chico/a. El éxito con los estudios, con los amigo/as y consigo mismo es fundamental.
Como carece de experiencia en gran parte de ámbitos, cualquier acontecimiento que considera importante adquiere tintes dramáticos si se demora su aparición (no llevar ropa de moda, ser el último en afeitarse, ser la última de la clase en tener la menstruación.)

ADOLESCENCIA TARDÍA
Es el inicio del fin de esta etapa.
La edad de los 15 años es un período crítico, pues el joven tiene que definirse con una personalidad única y privada.
Es el momento en el que empieza el aprendizaje de la relación de pareja. A esta edad aparece la figura de la pareja «fija». Aparecen los primeros problemas con los amigos/as debido a este tema, pues si se sale con alguien de la misma edad hacia los 15-16 años durante un tiempo prolongado, el chico/a adolescente se aleja de otros amigos, lo que impide adquirir la necesaria madurez en la relación con un grupo y también precipita el declive de la relación.

 

Cómo decir «NO» al Adolescente

 

Saber decir NO a un permiso o a un comportamiento inaceptable, es uno de los mayores retos de un padre con hijos adolescentes. Para nadie es un secreto que esta etapa dAdolescentese la vida se caracteriza por su rebeldía y por la apatía ante el grupo familiar, reemplazado por el grupo de amigos.
Por ello, un NO dicho a tiempo puede salvar al hijo adolescente de una situación de riesgo que puede convertirse en algo grave como la adicción al alcohol o a las drogas. El NO a los adolescentes siempre debe ir acompañado de mucha calma y convencimiento de lo que se dice para que sea efectivo.
Según la autora del libro “Cómo digo que no a mi hijo adolescente”, Blanca Jordán, un cosa es decir No y otra es saber decirlo. En todos los casos, el hijo adolescente debe saber la opinión de sus padres acerca de los lugares y las amistades que frecuenta. Muchas veces “por falta de orientación, pereza o por no enfrentar al adolescente, se le permiten amistades o comportamientos que traen consecuencias muy negativas”, afirma la especialista.
Es importante que el chico tenga referencias de lo que para sus padres es bueno y es malo. Una vez este concepto esté claro, se debe ser tajante y rotundo al decir NO. De ahí que se debe evitar usar esta palabra por sistema, o ligeramente por presión o por razones de cansancio o estrés.
¿Qué hacer después del NO?
El adolescente necesita explicaciones simples y claras. La frase “por que lo digo yo y punto”, no logrará su objetivo de persuasión y por lo contrario aumentará la contrariedad del chico. Es importante que el NO sea consecuente con sus convicciones como padre y ante todo con sus acciones. 
Estas son otras pautas para lograr una mayor comprensión a la hora de negar un permiso o corregir un comportamiento:
1. Los gritos no llevan a nada: Si el adolescente le alza la voz, no se ponga en esa misma situación. Más bien desármelo manteniendo su voz en tono normal y su actitud calmada y dígale que con los gritos no logrará nada.
2. Eduque en la libertad: Aunque hay muchos peligros fuera del hogar, no se puede optar por negar todos los permisos. Es imposible encerrar al chico en una burbuja por temor al entorno. Eduque al adolescente desde la libertad bien entendida y no desde el libertinaje (hago todo lo que me place).
3. No diga Sí sin estar seguro: Si el chico le pide un permiso desprevenidamente y usted no está seguro qué decir, tómese su tiempo antes de darle una respuesta. Infórmese o consúltelo con su cónyuge, para que la decisión esté respaldada con razones de peso.
4. Un NO debe ir acompañado de un Si: Al negar un permiso, use su imaginación para ofrecerle al chico otra salida. “¿Por qué, no te vas al cine con tus amigos? Yo puedo llevarlos y recogerlos a la salida”.
5. El mejor consejo es mantener un buen diálogo con el adolescente: Antes de dar o negar un permiso escuche al chico; hágale preguntas de con quién y adónde irá. Luego tome su decisión y trasmítala dando sus razones.
6. No le tema a la reacción: Después de dar un NO, es posible que haya portazos, llantos o frases de ataque. No dé su brazo a torcer, pues de lo contrario perderá credibilidad ante el chico y él o ella seguirá utilizando estas tácticas en un futuro. Sin embargo, si un día se da cuenta que se equivocó en su decisión, esté preparada para aceptarlo. No tema reconocer ante su hijo su error y pídale disculpas.

 

 

10 valores para convivir en familia

Los padres tenemos la responsabilidad de transmitir valores a nuestros hijos, en muchos casos le trasmitimos solo aquellos que hemos aprendido y practicado con más regularidad en nuestras vidas, pero hay algunos valores que no pueden faltar en la convivencia familiar, si no lo has desarrollado y no los has puesto en práctica, dale la oportunidad a tus hijos de que lo aprendan y lo hagan parte de su día a día.

Antes de inculcafamilias 1r a nuestros hijos una serie de valores, los padres debemos plantearnos que ¨Es más importante lo que hacemos que lo que decimos¨ debemos darle coherencia a nuestras acciones y comportamientos. Tenemos que dar el ejemplo para que nuestros hijos alcancen una buena convivencia familiar.

La empatía. Debemos enseñarles a nuestros hijos a ponerse en el lugar del otro y entender cómo piensan y sienten los demás. La empatía es un valor necesario para la convivencia familiar.

¿Muestras empatía ante los sentimientos de tus hijos? Ponte en el lugar de tus hijos y entiende que en ese momento eso de lo que te están hablando es lo más importante para ellos.

La humildad: Es necesario que nuestros hijos aprendan que no son superiores ni a nada ni a nadie, en ningún sentido, a pesar de mostrar seguridad en las capacidades que posee. Vivir con una actitud humilde les permitirá conocerse mejor, valorar sus fortalezas e intentar mejorar sus debilidades.

¿Eres humilde o por el contrario arrogante o prepotente? Cuando les demuestras que tienes humildad y reconoces tus debilidades como padre los acercas más a ti.

La autoestima: Es importante que nuestros hijos aprendan a valorarse a sí mismos. Esto sirve de base para educar la empatía. Podemos fomentar la autoestima a través del elogio.

¿Elogias a tu hijo con frecuencia o solo le recuerdas lo que hace mal? Al elogiarlos sienten que están llenado tus expectativas y les proporcionas seguridad y confianza en si mismos.

El compromiso: El compromiso es un valor que demuestra madurez y responsabilidad. Se va adquiriendo progresivamente con los años. Debemos hacer ver a nuestros hijos el valor de la palabra que damos.

¿Cumples con tu palabra cuando les prometes algo a tus hijos? El prometer y no cumplir le resta valor a tu palabra y creas desconfianza y la percepción de que no son lo suficientemente importantes para ti.

La gratitud: Es importante y valioso que nuestros hijos aprendan a mostrar gratitud. Este valor va unido a las gratificaciones positivas, mostramos gratitud a nuestros hijos cuando reconocemos lo bien que hacen las cosas. La gratitud no se trata solo de dar las gracias, sino que nace del corazón, de nuestro interior, del aprecio a lo que alguien hace por nosotros.

¿Eres agradecido con tu hijo y con los demás? Cuando eres agradecido con tus familiares, vecinos o amigos le demuestras que sientes aprecio por los demás.

La amistad: Nuestros hijos deben aprender el valor de la amistad, del afecto mutuo que nace del contacto con el otro. El verdadero valor de la palabra amistad va mucho más allá que un simple click agregando amigos en sus redes sociales.

¿Cuidas tus amistades? El que tus hijos vean como tratas a tus amigos, como te preocupas por ellos es una buena forma de enseñarlos.

El optimismo: Es muy importante que nuestros hijos aprendan a vivir la vida con entusiasmo y optimismo, buscando siempre el lado positivo de las cosas a pesar de los obstáculos que nos presenta la vida. Deben huir del pensamiento negativo y pensar que en cómo mejorar o avanzar.

¿Reflejas una actitud alegre y optimista ante tu hijo? Tus hijos verán en ti un reflejo de lo que quieren ser en el futuro.

La paciencia: Nuestro hijo debe cultivar la paciencia y aprender a diferir gratificaciones huyendo del «lo quiero aquí y ahora». Esto ayudará a controlar y canalizar su impulsividad mostrando una actitud paciente y serena frente a la vida.

¿Practicas la paciencia en tu día a día? Cuando tienes paciencia con tus hijos les enseñas con tu ejemplo a tener paciencia en la vida.

El esfuerzo: Un valor necesario en la sociedad actual que se caracteriza por la inmediatez y el mínimo esfuerzo. Nuestros Hijos tienen que aprender que todo lo que quieren conseguir requiere de un esfuerzo.

¿Actúas con esfuerzo en tus actividades y proyectos? Es importante enseñarles a nuestros hijos a trazar metas y luchar por alcanzarlas.

 La felicidad: Este debe ser el objetivo de la educación que ofrecemos a nuestros hijos, conquistar su felicidad y que sean capaces de transmitir y contagiar esa felicidad a los demás. Para ello es importante cultivar la alegría, el optimismo, el sentido del humor, etc. Solo aquel que es feliz puede transmitir felicidad.

¿Eres feliz en tu vida? Si eres feliz no podrás evitar que tus hijos se contagien.

http://www.nuestroshijos.do/formacion

¿Típicas rabietas?

Las pataletas, o eso que llamamos rabietas, es una forma de protesta infantil que «aparece ante cualquier frustración que el niño sufra». El niño suele dar este tipo de respuesta cuando «se le diga que NO, se le retire algo que quiere o tenga que hacer algo que no quiera como bañarse o ir al colegio».

Esta situación es más común percibirla en niños menores de dos años, puesto que es alrededor de esta edad, cuando el niño adquiere la capacidad de representar en su mente el objeto o el fin deseado, y con ello una mayor conciencia de sí mirabietassmo ya como un individuo separado de la madre. Lo importante es distinguir a tiempo los berrinches ‘normales’, de las reacciones extremas, que se salen de los parámetros esperables para un niño de esta edad.

Como las pataletas están estrechamente relacionadas con el vínculo del hijo con sus padres, cuando éstas se tornan muy frecuentes o son muy exageradas podría haber un problema en la relación. Esto no quiere decir que todo niño que hace pataletas tiene un vínculo deficiente con sus padres, pero sí que es menos probable.

Se debe entender que las rabietas son, simple y sencillamente un recurso que emplean los niños/as para llamar la atención y al que recurren cuando no ven otra forma de que el adulto atienda o entienda, lo que los niños reclaman como necesidades emocionales o físicas en un momento determinado.

Da lo mismo que la atención sea positiva o negativa, lo que desean es una atención en un 100%. Si pierde la calma y grita, le está dando lo que quiere. Lo mejor –aunque a veces es difícil conseguirlo–  es ignorar la pataleta, hacer como que no se entera. En casa, el niño debe sentir que ese episodio no interrumpe la marcha de las cosas. Una vez que el niño se ha calmado, puede negociar con él/ella, provocándole la conciencia de entender que su mejor solución seria decir lo que necesita, puesto que con las pataletas o rabietas no conseguiría nada.

No se debe reprender o castigar al niño después de una pataleta. Un recurso útil es hacer que se siente en un lugar solo y aislado durante un rato. Ese “apartamiento” debe durar un minuto por año de vida del niño. Con el tiempo, muchos niños buscan voluntariamente ese momento de silencio y se sientan ellos en ese lugar.

Si existe un adecuado manejo de esta típicas abietas, estas van descendiendo en intensidad y frecuencia hasta concebirse anómalas a los cinco o seis años de vida, ya que entran en la etapa de la socialización, que es una de las cosas más importantes que aprenden los niños en preescolar.

Autora: Kedmay T. Klinger Balmaseda