Situaciones Diarias que Conllevan a NO ser Responsables.

Os adjuntamos este artículo que creeemos puede resultar de interés:

Si queremos conseguir que nuestros hij@s y alumn@s adquieran el valor de las responsabilidades de manera progresiva, tenemos que tener en cuenta una serie de situaciones diarias que conllevan a todo lo contrario, a NO Ser Responsables. Veamos algunos ejemplos:

  1. Darles excusas que pueden adoptar de inmediato, como forma de eludir responsabilidades: “Eres muy pequeño para entender eso”, “No habrías podido evitarlo”. Cuando pase algo por alguna acción que hayan realizado, no maquilles o excuses la situación, afróntala.
  2. Poner más atención en quién tiene la culpa, en vez de buscar soluciones. Elimina de tu hogar y de tu aula el síndrome “¿quién es el culpable?” y reemplázalo por “vamos a buscar una solución”.
  3. Acusar a los demás. Si ellos son los responsables de una situación, deben ser sinceros con ellos mismos y acarrear con las consecuencias.
  4. Castigarlos por decir la verdad conlleva a que en el futuro las mentiras y las excusas sean una alternativa mucho más razonable. Enséñales a que tú respetas la verdad.
  5. Usar la frase “no es culpa mía” como parte habitual de tus conversaciones.
  6. Darles excusas genéticas. Deja de hacer comentarios que les animen a creer que han heredado tus rasgos y talentos personales o tus miedos y defectos: “Eres igual que tu abuelo”, “A tu madre también le costaba leer”.
  7. Hacer sus deberes porque a ell@s les resultan difíciles.
  8. Hacer cualquier cosa para evitar una confrontación con ell@s.
  9. Dejarles que gobiernen la casa con sus comportamientos y actitudes incontrolables.
  10. No dejarles expresar sus propias opiniones ni defender sus puntos de vista.
  11. Exigirles que te respeten siendo un adulto@ que los atemoriza.
  12. Prohibirles que pregunten sus dudas cortándoles su creatividad por querer ser autoritarios en vez de enseñarles a ser autodisciplinados.
  13. Hacer que te pidan permiso para hacer o decir cualquier cosa que piensen, digan, sientan o hagan.
  14. Negarse a escuchar sus sugerencias.
  15. No pedir nunca su opinión sobre asuntos del hogar, la familia y el aula en las decisiones que todos los días tienen que ver con la vida en común.
  16. Ignorar su crecimiento interior burlándose de sus sentimientos o sus intentos de expresarse. Preferir en cambio que complazcan a los demás, que actúen como ellos y hagan lo que hacen todos.

Recuerda, que nuestros hij@s o alumn@s no sean responsables, viene determinado por algunas acciones que nosotros mismos (docentes y familias) hemos ido llevando a cabo y, sin darnos cuenta, afecta al grado de responsabilidad que tiene un niñ@, como se nos muestra con ironía en el Decálogo para formar a un delincuente.

Fuente: Conectacontuhijo.com

Resilencia: explicada por y para niños.

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Significa «rebotar» de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.

Video

La investigación ha demostrado que la resiliencia es ordinaria, no extraordinaria. La gente comúnmente demuestra resiliencia. Un ejemplo es la respuesta de las personas en los Estados Unidos a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y sus esfuerzos individuales para reconstruir sus vidas.

Ser resiliente no quiere decir que la persona no experimenta dificultades o angustias. El dolor emocional y la tristeza son comunes en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas. De hecho, el camino hacia la resiliencia probablemente está lleno de obstáculos que afectan nuestro estado emocional.
La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene. Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

 

 

 

 

 

El poder de las palabras: enseñar a los niños a enfrentarse a los insultos.

Os adjuntamos este artículo, que consideramos os puede resultar de interés:

Las palabras tienen un tipo de poder que puede afectar a todas las personas, sin importar la edad que tengan. Los insultos son habituales en el patio de las escuelas, donde muchos niños que no son capaces de expresar adecuadamente sus emociones, se escudan en el insulto como la vía más rápida para llamar la atención de forma negativa de otro. Los adultos, o la gran mayoría, tienen estrategias suficientes para poder hacer frente a este tipo de palabras ofensivas, pero los niños se pueden quedar paralizados ante estas situaciones. Es necesario que aprendan nuevas habilidades sociales y comunicativas para poder hacer frente a esas situaciones y no dar poder a esas palabras dentro de su estado emocional.

Cuando se reciben insultos

Las palabras ofensivas o los insultos suelen invitar en la mayoría de los casos a reacciones violentas, incluyendo un incremento de burlas, insultos, comentarios despectivos y desprecios. En las escuelas los maestros tienen que lidiar con este tipo de lenguaje ofensivo, puesto que son algo bastante habitual, y es que las palabras ofensivas es un problema grave donde muchos niños tienen que hacer frente por su cuenta.

Si no tienen las habilidades suficientes, pueden sentir que esas palabras tienen demasiado poder sobre ellos e incluso, pueden creer en forma de etiqueta, que lo que se les dice, es cierto. Por ejemplo; ‘tonto’, ‘gordo’, ‘retrasado’, son etiquetas e insultos fuertes que los niños pueden creer como características ciertas de su persona.

Estrategias para hacer frente a los insultos

Hay formas eficaces de hacer frente a los insultos y que se reduzca el poder de esas palabras en quienes las recibe. Lo principal es reducir la conexión emocional de las palabras porque cuando se les quita el poder, ya no nos pueden controlar, ni tampoco hacer daño emocional.

Los niños -y los adultos- pueden tener cierta dificultad para aprender este tipo de habilidades, y aprenderlo puede cambiar la vida de la forma más poderosa: no se puede permitir que otros controlen el propio comportamiento. No te pierdas algunas de las estrategias para que los niños (y adultos) puedan hacer frente a los insultos.

Crear una nueva imagen mental

Los niños deben pensar en todas esas palabras que hieren sus sentimientos y que escuchan cada día. Haced una lista escrita. Después, enseña a los niños a imaginar a esa persona diciendo esas palabras vestido de forma rídicula o con una imagen mental graciosa. Se puede utilizar cualquier imagen que se vea ridícula y haga reír. Después, las palabras ofensivas deberán tener otro significado más neutral, por ejemplo: ‘tonto’, puede pasar a significar: ‘plátano’.

Pueden tardar semanas en reemplazar las emociones de odio hacia las palabras malsonantes y empezar a sentir otra emoción más agradable. Quizá no funcione con todos los niños, pero sí puede funcionar con muchos, solo se necesita tiempo para practicarlo. Además, esta técnica puede hacer que el niño sonría o se sienta bien, entonces la persona que insulta verá que sus palabras no tienen poder, y dejará de usarlas.
Entender por qué los demás insultan

¿Por qué los demás insultan? ¿Los insultos ayudan? Los niños se darán cuenta de que los insultos solo son una forma para que otro se sienta mal, para hacer daño. Una vez que sepan que los insultos son para hacer daño, deberán aprender  qué decir para demostrar que esas palabras no tienen poder sobre ellos ni sus emociones. Algunas respuestas a este tipo de agresión pueden ser:

  • No entrar en el círculo de la violencia, ni física ni verbal. Así no se da poder al agresor verbal.
  • Hacer caso omiso de las palabras, la indiferencia es la mejor arma.
  • Responder con amabilidad y responder con palabras ingeniosas o halagos.

Los niños deben aprender a que son ellos quienes tienen el control de las palabras ofensivas o de este tipo de situaciones. Son ellos quienes deciden el grado de afectación de esas palabras en su persona.

Fuente:Etapainfantil.com

¿A qué edad hay que darle a un niño el móvil?

En el 2016, la edad media en que un niño entraba en internet en España estaba en los 7 años y a los 10 años ya tenía su propio móvil, que suele ser su primer dispositivo personal para acceder a la red, según el estudio ‘Net Children Go Mobile’ de 2016, de la Universidad del País Vasco para Red. Pero esto puede haber bajado ya, porque la tendencia a lo largo de los años ha sido que sean internautas cada vez más jóvenes.

Los expertos recomiendan, sin embargo, retrasar la edad el mayor tiempo posible. «Cuanto más tarde mejor», sentencia Juan Carlos Pascual, psiquiatra del Hospital de Sant Pau de Barcelona. «A los 10 años, incluso más mayor el un niño todavía tiene dificultades para identificar los riesgos y para autocontrolarse», indica este especialista, miembro del Grup d’Estudi i Tractament de les Autolesions (GRETA). En todo caso, admite, como a partir de la adolescencia la presión social que ejercen los amigos es enorme, «hay que introducirlos en el uso de los móviles, las tabletas y las redes sociales de forma progresiva, paulatina y muy controlada».

El psicólogo Marc Masip, que trata adicciones generadas por el uso del móvil propone incluso los 16 años como edad mínima. «Una vez que el mal uso genera un problema real, ya no hay marcha atrás. Hablamos de una adicción o simplemente de que te atropellen porque no estás atento cuando cruzas una calle. Quizás no somos suficientemente conscientes de que tener un móvil, como todo en la vida, comporta una serie de consecuencias», señala el psicólogo, que alerta de los efectos que el uso excesivo tiene sobre el rendimiento escolar de los menores.

Fuente:Elperiodico.com

Inteligencia Emocional: el secreto para una familia feliz

Os adjuntamos hoy esta guía escrita por Crisitna Muñoz Alustiza y publicada por la Comunidad de Madrid, que nos ayudará a gestionar las emociones.

Guía en PDF

Si pensamos en la vida diaria de nuestra familia, seguramente nos vienen a la cabeza recuerdos de situaciones muy diversas.
Por una parte, encuentros entrañables compartidos con seres queridos y con los cuales los vínculos afectivos y personales proporcionan una confianza y sentimientos especiales.
Por otra, momentos de dificultad en los que la convivencia y el entendimiento de unos con otros así como el manejo de las emociones que tienen lugar ante una discusión, un conflicto o un cambio se convierte en un reto para la familia.
Desde que comenzamos a relacionarnos con otros al hacernos mayores, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación entre personas.
Sin embargo, al convertirnos en padres, tomamos además conciencia de la dificultad educar y enseñar a nuestros hijos en este sentido.
¿Cómo manejar las propias emociones en la relación con los diferentes miembros de la familia, especialmente los hijos, en sus distintas edades?
¿Cómo ser sensibles a sus emociones y acompañarles a medida que van pasando las diferentes etapas del desarrollo?
¿Cómo crear un ambiente familiar que promueva la expresión y comunicación de los sentimientos?
¿Cómo ayudar a nuestros hijos a que tengan un mejor control en situaciones de dificultad y de toma de decisiones sobre su futuro y sus relaciones?
Ninguna herramienta surte efecto por obra de la magia o la casualidad, sino que requiere de voluntad para ser aprendida e integrada, y finalmente servir de manera práctica y real en el día a día.
Propondremos en estas páginas algunos puntos básicos, empezando por una aproximación teórica.
A continuación plantearemos dinámicas, juegos o casos sobre los que poder reflexionar.
Finalmente, quedará en sus manos la tarea de llevar la teoría a la práctica.

Claves prácticas para fomentar el autocontrol.

Si tenemos que ordenar un armario de nuestra casa, que lleva mucho tiempo desordenado, y que estamos evitando hacer una y otra vez, seguramente nuestro cerebro generará múltiples alternativas más agradables que realizar en ese momento. Y las posibilidades de ver una película o tumbarnos a escuchar música aumentan hasta el punto de convencernos de ordenar el armario en otro momento. Y somos adultos. Reajustamos la realidad con bastante facilidad. Pues imaginemos nuestro hijo o hija, a la hora de realizar una tarea que no le gusta, la de cosas más divertidas que puede generar su cerebro.
Entre una conducta que a la larga puede ser perjudicial, pero que de momento es muy agradable, y otra conducta que cuesta esfuerzo al principio, pero puede ser muy beneficiosa al final, ¿qué elegiríamos?, ¿qué elegiría nuestro hijo o hija?
Auto, que proviene del griego, significa por sí solo. Y control, más o menos, significa dominio o mando. Es decir, autocontrol sería el mando sobre uno mismo, el dominio que se puede ejercer por sí solo. Fomentar el autocontrol, por tanto, es un objetivo educativo.

Os adjuntamos PDF de esta Guía Práctica publicada por la CEAPA y que consideramos puede resultar de vuestro interés:GUIA PDF

Fuente: CEAPA

Manual para padres de adolescentes en redes sociales.

Os dejamos este artículo visto en «El Periodico», que creemos puede resultar de interés para las familias:

«A ver, las niñas del instituto que se dedican a colgar vídeos bailando ‘twerking’ o poniendo verdes a otras son las mismas que salen de fiesta por la noche hasta las tantas o que se saltan clases para fumar porros. Lo que hacen en internet no es tan distinto de lo que hacen en la vida real… y si sus padres no se enteran es porque quizás nunca se han preocupado demasiado”. La reflexión, formulada por una estudiante de 15 años, viene como anillo al dedo para ilustrar la primera de las conclusiones que extraen los especialistas que investigan sobre la relación que mantienen los jóvenes con las redes sociales. Ellas, las adolescentes rebeldes, saben lo que están haciendo: saltarse los límites. A sus padres no les vale la excusa de que no dominan la tecnología y el mundo digital.video

“Es normal que los jóvenes sientan curiosidad por experimentar cómo es la vida adulta, que lleven algunas situaciones al límite, en la vida real y en la vida virtual”, observa Juan Carlos Pascual, psiquiatra en la Unidad de Adicciones Comportamentales del Hospital de Sant Pau de Barcelona.

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los padres? ¿Cuál es su margen de maniobra para impedir que los hijos caigan en las redes del ‘ciberbullying’ o de retos como la cruel Ballena Azul, que lleva a los participantes a autolesionarse? “Los padres son padres y han de ejercer como tales. Nadie dijo que fuera a ser fácil y es a ellos a quienes corresponde fijar las reglas sobre el uso de los móviles y las tabletas, como fijan otras tantas en casa”, prosigue el doctor Pascual.

“Esas normas han de estar claras para los niños, pero eso no exime a los adultos de estar siempre atentos, controlándolos”, agrega. Uno de los peligros, advierte el psiquiatra, son las adicciones. Sabe de lo que habla.

Y aunque las jóvenes generaciones conocen bien los peligros de la red (llevan años recibiendo charlas en la escuela), a los padres no les resulta fácil hacer esa supervisión. Aquí van algunos consejos para tratar, al menos, de no equivocarse demasiado.

1. Hablar con los hijos, interesarse por lo que hacen en internet y en las redes sociales.

2. Familiarizarse con los conceptos más habituales y aprovechar la ocasión para promover debates en familia.

3. Concienciar sobre la importancia de la privacidad, enseñar que no todo vale y que no hay que facilitar datos innecesariamente.

4. Inculcar valores, enseñar la diferencia entre un amigo real y un ‘amigo’ virtual, un me gustas y un ‘like’.

5. Hacerles pensar en el futuro, en si se sentirán orgullosos de las fotos que cuelgan ahora.

6. Reflexionar sobre por qué una red social no admite usuarios por debajo de una cierta edad.

7. Limitar horarios de uso de móviles y tabletas para que no interfieran con la vida familiar.

8. Crear espacios comunes de uso de las tecnologías, sobre todo si hay niños pequeños y se quiere controlar qué hacen.

9. Utilizar sistemas de control parental si se quiere rastrear la actividad en internet o limitar el tiempo.

10. Ayudarles a que se responsabilicen de sus actos y busquen soluciones.

Fuente:elperiodico.com

¿Qué tienen que saber los padres sobre las redes sociales?

Guía sobre plataformas, lenguajes, usos y costumbres adolescentes.

Internet y las pantallas son hoy parte de la vida de cualquier persona y más de un adolescente, y como tales pueden ser parte de las conversaciones familiares y una oportunidad para aprender de los hijos.

El conocimiento sobre internet y las redes supone un crédito paterno que peligra constantemente. Si a los 9-10 años, el 59% de los críos afirman que sus padres “saben mucho” sobre lo que sus hijos hacen en las redes, a los 15-16, esta afirmación solo la mantienen el 20%. Y lo mismo sobre el móvil: el 49% de los niños de 9-10 afirman que saben mucho de lo que hacen, y a los 15-16 se ha quedado en el 19%, según el estudio Net Children Go Online, de la Universidad del País Vasco para Red.es.

Los nuevos ídolos son no solo músicos y futbolistas sino youtubers (protagonistas de Youtube), musers (usuarios de Musical.ly) e influencers en Instagram. Y el canal de relación con todos ellos son las redes sociales, y no una sino varias.

El nuevo espacio también tiene su propio lenguaje. Emoticonos y etiquetas (los universales hashtags) crean un código propio que puede identificar a los que pertenecen a un grupo, desde los ‘believers’ (fans de Justin Bieber) a las «criaturitas del señor» (fans de El Rubius), indicar conductas de riesgo como #ana y #mia (anorexia y bulimia),, #inspiration (modelos a seguir), que te apuntas a un reto (los #challenges varios) o etiqueta un tipo de contenido (#nude, #selfie…). La jerga adolescente copia términos del inglés como #follower (seguidor), #troll y trolear (ser o hacer el gamberro impertinente), #bff o #maps (mejores amigos), #omg («Oh My God», para expresar sorpresa o disgusto), #lol (para expresar sorpresa), #cute (mono), #wtf (qué me estás contando)…

Las fotos y los vídeos se cuelgan para buscar el aplauso social. En lenguaje de las redes, «para generar Likes» (Me gusta) e incluyen una buena dosis de «postureo» (adoptar una pose, aparentar). Hoy casi ningún adolescente posa para una foto sin poner los dedos índice y corazón en forma de V, aunque esto puede cambiar mañana. Es su forma de saludar a quienes les están viendo, algo que antes nadie hacía en las fotos familiares.

El mundo adolescente gira en torno a las redes. Las lecturas y los temas de interés se comentan en Youtube, las fotos y los mensajes se ponen en Instagram (llámelo «Insta», donde las Stories o vídeos cortos, arrasan), Snapchat (diga «Snap») sirve para hablar y enviarse mensajes que se borran en 24 horas, y Whatsapp (diga «Guas») para relacionarse con padres y grupos. Y el móvil es la nueva consola, con Clash of Clans y Clash Royale, juegos multijugador masivos, como nuevo chat.

Los retos son propuestas que se lanzan para que los seguidores de una red social las cumplan. Comenzaron por buenas causas (el cubo de agua fría para luchar contra la esclerosis múltiple) y han seguido por puro juego (hacerse el muerto), como promoción comercial (comer bolsas de un aperitivo concreto) o para demostrar habilidad (tirar una botella de plástico al aire y que caiga boca arriba, por ejemplo). Algunos llegan a ser peligrosos como el abcrack, el de los muslos separados o los selfies en alturas extremas.

Fuente:Elperiodico.com

 

Peleas entre hermanos. ¿Qué hacemos?.

Os adjuntamos este artículo visto en «cuentos para crecer» que creemos puede resultar de vuestro interés, ya que es una pregunta bastante frecuente, en los talleres de familias que realizamos, en el bloque de contenidos «resolución de conflictos».

Es natural  que entre hermanos existan momentos de peleas, rivalidades etc. Una de las preguntas que más nos hacéis llegar es ¿qué papel debemos jugar en esta situación?.

El conflicto es natural.

Los conflictos entre hermanos es algo natural y normal, el conflicto sucede en todos los grupos sociales y como tal también en las familias. Como siempre decimos lo importante no es el conflicto sino qué estrategias usamos para resolverlos, ya que una buena gestión de los problemas entre hermanos les hará crecer como adultos capaces de establecer y mantener relaciones emocionales mejores. 

Los conflictos entre hermanos pueden darse por muchos motivos, pero uno de ellos es el hecho de sentirse uno menos importante que el otro, pensando que teniendo una conducta inadecuada con respecto a su hermano conseguirá mayor atención.

Este tipo de situaciones podemos evitarlas previniendo, mediante la valoración de sentimientos y emociones, no pidiendo que realicen cosas que sabemos que por edad es complicado que las lleven a cabo, decirles que el amor de los padres por los hijos no se divide sino que se multiplica, hacerles saber lo importantes que son para los adultos.

Pero una vez que se dan los conflictos, podemos actuar de diversas maneras, que sean respetuosas para ambas partes, pero haciendo ver que esas conductas no son adecuadas.

Estrategias basadas en la Disciplina Positiva

Como en todas las estrategias de diciplina positiva la filosofía es la misma,  aprender del error. Dejarles espacio y oportunidades para que aprendan del error.  Dejarles que los solucionen ellos, para que puedan demostrar la capacidad de resolución de conflictos que poseen. Siempre y cuando el problema no sea peligroso para ninguno de ellos. Ejemplo: empezarán a gritar y discutir, y nuestra actitud será de estar atentos a la situación pero sin intervenir. ¿Qué podemos hacer?.

1. Salir de la situación . Asegúrate de que te ven y vete. Si están buscando captar tu atención el conflicto cesará.

2. “Sopórtalos”. Quédate mirando sin reaccionar, mantente presente pero sin intervenir.

3. “Sácalos”. Saca a los niños de la escena, trátalos por igual y di ” podéis ir cada uno a vuestra habitación hasta que estéis listos para no pelear” ” podéis ir a otro sitio hasta que hayáis solucionado el problema”

Y ¿ qué pasa si la pelea sigue y desencadena agresión? mediaremos separándoles, manteniéndoles un tiempo fuera positivo, para que se relajen y poder tomar la resolución desde la calma. Ejemplo: uno agrede a otro, entonces aparecemos en la situación, les retiraremos a cada uno a un sitio diferente, pidiendo que se relajen y piensen que es lo que les ha llevado a tener esa conducta, y la solución que pueden encontrar a ello. 

y ¿qué hacemos si la pelea no para, es decir, si  no son capaces de resolverlo  solos? intervendremos, pero como he comentado anteriormente, sin tomar parte por ninguno. Ejemplo: entraremos en la situación diciendo que estamos observando que no están de acuerdo en ciertos aspectos, por los que están discutiendo, y que la mejor opción es buscar soluciones que beneficien a todos, aceptando la responsabilidad que tiene cada uno en el conflicto. Se les permitirá que cada uno de ellos explique su punto de vista. Es muy importante decir que la intervención se centrará en buscar solución no en buscar culpables. Se les incluirá en la búsqueda de solución, pensando también la forma en que se actuará cuando se de una situación conflictiva o en la manera de prevenirlo.

Fuente:https://cuentosparacrecer.org

Inteligencia emocional: Las emociones en la vida del niño

 Os adjuntamos este artículo de Cristina López de Urda Roldán, que nos habla de la Inteligencia emocional en la infancia:
Las emociones formanemociones parte de la vida, de nuestro día a día. Todas son necesarias y tienen su función. Por ello, debemos enseñarles a nuestros hijos y alumnos a identificarlas, gestionarlas y vivirlas, todas, sin excepción, incluidas las que consideramos negativas: el miedo, la tristeza, el enfado…
Por sobreprotección, hay una tendencia  a evitar estas últimas: no queremos que estén tristes, que pasen malos ratos… nos gustaría que estuvieran felices y contentos todo el tiempo. Pero esto no es real, la vida no es eso, ni debemos crear la expectativa de que así debe ser.
La vida es un compendio de situaciones que conllevan emociones, momentos agradables, menos agradables y de nosotros depende el cómo gestionarlos para adaptarnos, aceptarlos y aprender en el camino.
Así, en este post,  quiero daros sugerencias sobre cómo trabajar las emociones con los niños:
 
Para identificarlas en uno mismo:
 
  • Cuando los niños no saben hacerlo todavía, debemos ponerles nombre nosotros «¿qué te pasa estás triste? ¿ te has enfadado?»
  • Un libro que nos puede ayudar a esto es «El monstruo de colores» de Anna Llenas. Donde éste tiene todas las emociones desordenadas y una niña le ayuda a ponerlas cada una en su sitio e identificarlas por colores. También está el «Emocionario». Os dejo este enlace donde podéis ver cómo trabajar con él por tramos de edad.
  • www.palabrasaladas.com/emocionario.html
 Para reconocerlas en el otro:
  • Podemos hacerles reflexionar acerca de lo que les puede pasar a los demás. «Mira qué contento está tu hermano» «Eso que acabas de hacer no me ha gustado, me has enfadado» «¿Has visto lo triste que se ha puesto tu amigo cuando le has quitado el juguete?»
  • Es importante que sean conscientes de las emociones de los demás, esto les ayudará en sus relaciones sociales pues la interacción con otra persona depende también de las emociones que intervengan.

Para expresarlas:

  • Un ejercicio que me gusta mucho es el de expresar cómo nos sentimos, al comenzar el día o al terminar. Como he comentado antes, podemos ayudarles a hacerlo si son muy pequeños, verbalizándolo nosotros.
  • Realizar un diario de las emociones de cada día, donde dibujaremos cómo nos sentimos: con caritas, colores (podemos basarnos en los del «monstruo de colores»)…
  • Tener un momento al día de conversación nos puede ayudar y podemos establecer una rutina de comunicación que fomente la confianza.
  • Si queremos que expresen lo que sienten, debemos mostrarnos interesados hacia lo que nos cuentan, escucharles, sin juzgar, dedicarles un tiempo. Esto hará que en un futuro cuando tengan un problema tengan la confianza de contárnoslo.

Para gestionarlas:

  • Éste es un aprendizaje que realizaremos a lo largo de nuestra vida, con las situaciones que nos vayamos encontrando. Por ello, como he comenzado hablando en este post, no debemos evitar ciertas situaciones porque nuestros hijos no experimenten emociones, que nosotros consideramos negativas (la tristeza, el miedo, el enfado…). Traducido en situaciones sería lo siguiente: no ceder ante algo que sabemos que el niño no debe hacer, porque se vaya a enfadar o tener una rabieta; no evitar situaciones que le den miedo (no asistir a fiestas porque al niño le den miedo los globos, los payasos…); ocultar información porque el niño se pueda poner triste (no decirle que se ha muerto su mascota).
  • Debemos acompañarles para que aprendan a gestionarlas, pero deben vivenciarlo ellos mismos. Ante una situación como las que he descrito anteriormente, intentaremos racionalizarla y darle una explicación coherente y adaptada a su pensamiento sobre lo que ha pasado y lo que experimenta.
  • Que vean cómo lo hacemos nosotros, cómo también vivimos diferentes emociones,  que no siempre estamos contentos. A veces me preguntan los padres que si hay que ocultarles que lloramos, por ejemplo. No pasa nada porque nos vean llorar en un momento determinado, eso nos hace humanos, los papás también nos ponemos tristes y llorar es una manera de expresarlo. Es una emoción más. Evidentemente, no vamos a cargar al niño con nuestras preocupaciones, pero si podemos decirles que estamos tristes porque hay algo que nos ha puesto así, sin más, pero que no pasa nada, que es algo normal.
  • Somos modelos, ellos copiarán la conductas que realicemos ante determinadas situaciones, que no se nos olvide.
La educación emocional es tan o más importante que la adquisición de conocimientos porque sin ella no podremos desenvolvernos ni hacerlos útiles. Por tanto, no la dejemos de lado.
«Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto» Aristóteles
                                      
                                                Y tú, ¿cómo estás hoy?
 
 
 
Fuente: Cristina López de Urda Roldán