Catálogo de juguetes no sexista.

Por segundo año consecutivo, la cadena de jugueterías Toy Planet, ha publicado su catálogo navideño no sexista. En éstecatalogo_no_sexista-76d8a, pueden verse niñas jugando con excavadoras, grúas o camiones de bomberos y niños con costureros, cajas registradoras o casitas de madera.

La iniciativa de Toy Planet surgió con algunas fotos en redes sociales y fue el pasado año cuando lanzaron el primer catálogo en papel. La juguetería es pionera y única en nuestro país en cuanto a promover la igualdad de género desde los propios comercios.

Acabar con la idea de que la población infantil elige los juguetes en función de su sexo en lugar de guiarse por sus propios gustos es un gran paso para acabar con el sexismo.

Foto: Toy Planet

 

DIFERENTES: Guía sobre la diversidad y la discapacidad.

Presentación

Este libro trata fundamentalmente sobre la diversidad. Por este motivo, lo hemos titulado «DIFERENTES», con el objeguia diferentestivo de que descubras que el mundo está lleno de personas, animales y cosas … y que no hay ninguna igual. Quizás sea esto lo que hace que sea tan bonito.
Entre todas las diferencias, hay algunas que hacen que cada persona sea única. En este cuento hablaremos de algunas de ellas pero sobre todo queremos ayudarte a que conozcas un poco mejor la discapacidad.

Entender la discapacidad es sencillo cuando somos capaces de identificar en nosotros mismos aquellas tareas que nos suponen más esfuerzo y dificultad para llevarlas a cabo. Todos tenemos capacidades diferentes. En las personas con discapacidad es igual que en las demás personas sólo que en aspectos que dificultan algunas tareas básicas de su vida: la manera de ver, hablar, entender, comunicar, caminar … pero sólo en una parte, en el resto son igual que tú.
Existen muchos tipos de discapacidad, posiblemente tantas como personas. Aquí te contamos algunas a través de personajes que son reales, aunque imaginarios; reales porque van al colegio contigo o trabajan con tus papás, e imaginarios porque quieren representar a millones de personas en todo el mundo que tienen discapacidad.

Sin embargo, esto no es muy importante … lo que en realidad importa, es que te des cuenta de que todas las personas, con o sin discapacidad,
tenemos muchas cosas en común.
Te animamos a leer este libro en compañía, así podréis ir comentando lo que más os llame la atención o, incluso aportar nuevas ideas. Quién sabe, quizás reconozcáis en alguno de los dibujos a personas que conocéis.
Además, en algunos capítulos podrás jugar con los personajes y con la historia a través de juegos y actividades. Este es un libro para dibujar, escribir y hacerlo tuyo !Esperamos que te diviertas!

Guía

Cómo educar hijos seguros de sí mismos.

Una persona segura de sí misma denota firmeza, positivismo, alta autoestima y determinación. Además, se caracteriza por ser independiente, autónoma, convincente y generar confianza en los demás. Todas estas cualidades las podemos cultivar en nuestros hijos dependiendo de la educación que les demos.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Todo padre desea que sus hijos tomen decisiones asertivas, se desarrollen socialmente, tengan la seguridad para expresar adecuadamente sus sentimientos, posean el suficiente valor para enfrentar situaciones complejas, y así poco a poco vayan ganando autonomía. No obstante, cuando se educa bajo un contexto de inseguridad y miedos, lo único que logramos es que nuestro hijo no pueda desarrollar las capacidades que en un futuro le serán determinantes.

Seguridad y autoestima

El pedagogo José María Lahoz García dice: “la seguridad en uno mismo es fruto del convencimiento de que se tiene la capacidad suficiente para manejar algunas situaciones con éxito y que se puede ofrecer algo valioso a los demás. Esta seguridad es consecuencia de lo que comúnmente llamamos autoestima”.

La autoestima le permite a la persona actuar con seguridad y afrontar la vida desde una perspectiva positiva y emprendedora. Además, proporciona la capacidad de resolver problemas graves porque se afrontan con optimismo. Asimismo, una alta autoestima certifica mayor tolerancia al fracaso.

Lo que debemos lograr con nuestros hijos, es que se sientan valiosos y queridos, haciendo un trabajo basado en el reconocimiento del logro, en el elogio y en la estimulación.

“El desarrollo de la autoestima, es considerado por psicólogos infantiles como la puesta en marcha del `motor´ que impulsará al pequeño para que establezca y cumpla objetivos propios, pues se ha comprobado que un niño que se aprecia a sí mismo es físicamente más sano, tiene considerable motivación para aprender, actúa con responsabilidad y cuenta con mayor tolerancia en caso de que las cosas le salgan mal… Ayudarle al hijo a tener confianza en sí mismo, facilitará su convivencia con otras personas, le permitirá convencerse de que tiene capacidad para actuar con éxito en la vida y le hará entender que su amistad e ideas son tan valiosas como las de cualquier otra persona”, afirman María Elena Moura y Lorena Rodríguez en su artículo de saludymedicinas.com
Indicadores de inseguridad

 Los niños inseguros suelen sentirse limitados porque no se atreven a hacer algunas cosas por cuenta propia, les cuesta establecer vínculos afectivos con otros chicos de su edad, no progresan en sus primeros aprendizajes escolares, se rinden al primer intento, se sienten frustrados cuando fallan y tienen muy presente la posibilidad de “hacer el ridículo”.

 Un niño que carece de seguridad propia, tendrá muchos problemas en el futuro, debido a que sentirá angustias y preocupaciones innecesarias, que además se pudieron haber evitado. Todo esto lo pone en clara desventaja.

 Las principales señales de un niño inseguro son:

– Muestra temor excesivo a errores y fracasos.
– Tiene poca motivación para jugar o convivir.
– Carece de entusiasmo y presta poca atención a las clases.
– Es muy sensible a las críticas u observaciones.
– Invierte varias horas al estudio, pero su desempeño escolar es deficiente.
– Puede ser muy tímido en el aula o, por el contrario, ruidoso y conflictivo.
– Evita cualquier reto a sus hábitos.
– Se siente frustrado en la escuela.
– Tiende a descalificarse y a decir que no tiene habilidad para ciertas cosas.

 A diferencia del niño/a seguro/a:
– Es muy curioso/a.
– Le gustan los desafíos.
– Tiene muchas ganas y facilidad para aprender de sus diferentes materias escolares o actividades.
– Los fracasos y errores representan oportunidades para aprender.
– Conoce sus puntos “fuertes” y “débiles”.
– Acude con gusto a clases.
– Admite críticas.
– Es muy sociable con sus compañeros.

Padres seguros, hijos seguros

Educar hijos seguros requiere que los padres también sean seguros. Recordemos que los padres educamos con el ejemplo. Si los hijos nos perciben seguros de nosotros mismos, ellos reflejarán esa firmeza en su conducta.

Los padres, familiares, profesores y amigos, son los principales entes influyentes en la personalidad del niño. “Estas personas actúan como espejos en los cuales el niño ve reflejada la imagen de sí mismo, y, a través de ellas, se va conociendo y va percibiendo el grado de aceptación y aprecio que producen sus actuaciones y su propia persona” indica José María Lahoz García en SoloHijos.com.

No sobra decir que la percepción que tienen los niños de las reacciones de sus padres no se alimenta exclusivamente de las palabras que dicen, la comunicación no verbal y los sentimientos, le permitirán al niño percibir una realidad existente.
¿Cómo brindarles seguridad en sí mismos?
La comunicación padre e hijo es fundamental para ayudarle a incrementar la confianza en sí mismo. Igualmente, establecer fuertes lazos afectivos sin dejar a un lado las normas y la autoridad, ello con el fin de enseñarle a comprender que la vida tiene límites y debe valerse de sus fortalezas para afrontarlas. No obstante, es necesario comprender que no basta con que los padres sientan amor por su hijo, sino que deben aprender a transmitírselo.

 Fuentes: solohijos.com, saludymedicinas.com

 

 

Guía para el desarrollo de conductas responsables.

Es muy frecuente oír a madres y padres cosas como:
«En casa no hace nada.»
«Se le olvida todo.»
«Si no estoy encima, no estudia.»
«Tiene su cuarto como una leonera.»
Todo esto puede deberse a que los hijos no hayan tenido oportunidad de aprender actitudes responsables apropiadas a su edad o que, por sus características, se hayan resistido a asumir esas respoGuia de familias1nsabilidades que les corresponden.
La cantidad y variedad de situaciones que se dan y la importancia de este aspecto de la educación para el equilibrio personal de nuestros hijos e hijas nos han animado a publicar este documento.

No se trata de un manual de consulta ni tampoco de un mero punto de referencia para comparar el desarrollo de nuestro hijo o hija con datos estadísticos. Además de esto, pretende servir como instrumento de análisis y reflexión tanto para padres y madres como para hijos e hijas en el proceso de adquisición de conductas responsables.

Guía para desarrollo de conductas responsables.pdf

 

Diez pautas para educar.

Carloooos! Que te he dicho que te duches, te sientes a la mesa y recojas tu cuarto… ¡YA! No entiendo por qué no me haces caso a la primera, siempre tengo que gritarte y ni por esas, me tienes hartísima. Cuando venga tu padre, se lo digo. Me desesperas. Si es que no puedo contigo, un día de estos te voy a dar un bofetón”.

Después de esta escena, algunas madres dan un portazo, incluso lloran de desesperación. No entienden que su hijo no haga lo que se le pide a la primera. La explicación que dan es que el niño es desobediente, malo, y que no hay nada que hacer por conseguir paz en casa. Terminan por juzgarse como malas madres e ineficaces en la educación de sus hijos. En la escena podemos encadenar varios errores para que Carlos no obedezca: dar voces, órdenes contradictorias, comunicarle que ha perdido la batalla (“puedes conmigo, me desesperas”) y amenazarle con hablar con su padre demostrando que su autoridad es nula.

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“El propósito de la educación es lograr que los niños quieran hacer lo que deben hacer” (Howard Gardner)

La mayoría de padres ve la tarea de educar como algo difícil. Pero si anticipa todo lo que puede fallar, que su hijo no estudiará, se relacionará con amigos que resten, no comerá… esto le desesperará y caerá en la profecía autocumplida. Lo más importante en la educación es establecer unas reglas que no se salte ni usted. Trabaje para que se cumplan desde edad temprana. A partir de los seis meses los niños entienden muchas cosas; no se expresan, pero empiezan a diferenciar entre “esto sí se puede y esto no”. No trate de educar a un chaval de 15 años al que lleva consintiendo todo este tiempo, será tarde. Cuanto antes sepan sus hijos que hay normas, que los premios van asociados al cumplimiento de responsabilidades, que todos tienen que colaborar, antes conseguirá tener hijos educados, responsables y con autonomía.

La mejor prevención en educación es la intervención temprana. Muchos padres se quejan de que los niños no vienen con un manual bajo el brazo, pero si siguen estas reglas básicas, seguramente le allanarán el camino que supone educar.

Primero. Volumen y tono conversacionales. Conseguir que le hagan caso no es cuestión de hablar alto. El poder está más en lo que se dice, en las consecuencias que conllevará no hacerlo a la primera, en la coherencia y en ser muy disciplinado con las rutinas. Si quiere que sus hijos le respeten, empiece por respetarles a ellos. Nadie quiere obedecer a alguien que no se muestra seguro y relajado.

Segundo. Noórdenes contradictorias. Si le dice a su hijo que se duche, que recoja su cuarto y que se siente a la mesa, sin indicarle el orden, igual lo bloquea. Dígale lo primero que tiene que hacer, y cuando haya finalizado, lo segundo. Si su hijo tiene edad para memorizar varias órdenes, enuméreselas, dígale cuál es su prioridad. No espere que él la sepa, porque tiene las suyas propias.

Tercero. Imaginación. Haga un concurso por semana para que jueguen “a hacer lo que deben”; puede ser sobre cualquier comportamiento a corregir. Los domingos lo puede anunciar: “A partir de mañana, se celebra el fantástico concurso de ‘Quién tiene la dentadura de caballo más limpia’. Las bases son estas: limpiarse los dientes tres veces al día y pasar revista. Las puntuaciones de papá y mías se sumarán, y el viernes anunciaremos ganador”. Si quiere que los niños se lo tomen en serio, haga lo mismo. Y tenga paciencia, hasta que se convierta en rutina necesita tiempo. El juego genera un ambiente relajado en el que apetece más aprender y obedecer.

Cuarto. No quiera modificar en su hijo todo lo que le molesta de una vez. Si se pasa el día diciéndole lo que hace mal, terminará por cargarse su autoestima. Elija una conducta a modificar y céntrese en ella siguiendo las pautas de este artículo. Cuando lo consiga, siga con otra.

Quinto. Cuando corrija o muestre su enfado con ellos, no los ningunee, ni ridiculice, ni haga juicios de valor. Si lo hace, terminarán por comportarse conforme a las expectativas que se han puesto en ellos y les afectará a la autoestima. Es mejor decir: “No me gusta ver tu cuarto desordenado; por favor, guarda los juguetes en las cajas”, a decirles: “Eres un guarro, qué asco de dormitorio”. No consiga que se cumpla la profecía autocumplida. Si les transmite que no confía en ellos y que no espera nada, puede que se cumpla.

Sexto. Sea constante. Aquello muy importante, basta con que lo argumente una vez, no busque más razonamientos porque su hijo no los necesita. Simplemente busca ganar tiempo para no hacer lo que debe. Dígale: “Esto no es negociable; cuanto antes empieces, antes podrás disfrutar de lo que más te gusta”. Negocie lo que sea negociable y no siente precedente con lo que no lo es.

Séptimo. Paciencia y calma. Las personas que transmiten con paciencia son más creíbles y generan un ambiente cálido y relajado. Cuando introduce cambios en la manera de educar, al principio los niños reaccionan con incertidumbre: “¿Qué significa que mi madre/padre ahora están calmados y no me gritan?”. Deles tiempo, necesitan acostumbrarse a esta nueva forma de comunicarse.

Octavo. No se contradiga con su pareja. Los niños tienen que saber que la filosofía y la escala de valores parten de los dos. Si no, estarán chantajeando a uno y a otro, fomentando el engaño para conseguir lo que quieren. Terminará por tener muchas discusiones con su pareja por eso. No se descalifiquen, ni ridiculicen, ni contradigan delante de ellos. Todo aquello en lo que no estén de acuerdo, háblenlo en la intimidad y negocien.

Noveno. Nunca levante los castigos. Es preferible aplazarlo, pero que sea efectivo y lo cumpla, que imponer uno muy duro fruto de la ira y que luego deshará convirtiéndose en alguien a quien se puede chantajear. Dígale: “Esto merece un castigo, ya te diré qué va a pasar”.

Décimo. Mejor que el castigo, el refuerzo. Significa prestar atención a lo que hace bien, cualquier cambio, y decírselo. Si continuamente centra la atención en lo que hace mal y le corrige y se enfada, su hijo aprenderá que esta es la manera de llamar su atención. Todo lo que se refuerza, se repite. Al niño le gusta que sus padres estén orgullosos de él, pero tiene que decirle de qué se siente usted orgulloso, porque él no lo va a adivinar.

Recuerde lo más fundamental: hasta la adolescencia, no hay figuras más importantes que los padres. Si trata de educar en una dirección, pero se comporta en otra, será inútil. Los hijos copian, son esponjas. Educar con acciones tiene mucho más impacto que con palabras.

Patricia Ramirez.El País Semanal

10 valores para convivir en familia

Los padres tenemos la responsabilidad de transmitir valores a nuestros hijos, en muchos casos le trasmitimos solo aquellos que hemos aprendido y practicado con más regularidad en nuestras vidas, pero hay algunos valores que no pueden faltar en la convivencia familiar, si no lo has desarrollado y no los has puesto en práctica, dale la oportunidad a tus hijos de que lo aprendan y lo hagan parte de su día a día.

Antes de inculcafamilias 1r a nuestros hijos una serie de valores, los padres debemos plantearnos que ¨Es más importante lo que hacemos que lo que decimos¨ debemos darle coherencia a nuestras acciones y comportamientos. Tenemos que dar el ejemplo para que nuestros hijos alcancen una buena convivencia familiar.

La empatía. Debemos enseñarles a nuestros hijos a ponerse en el lugar del otro y entender cómo piensan y sienten los demás. La empatía es un valor necesario para la convivencia familiar.

¿Muestras empatía ante los sentimientos de tus hijos? Ponte en el lugar de tus hijos y entiende que en ese momento eso de lo que te están hablando es lo más importante para ellos.

La humildad: Es necesario que nuestros hijos aprendan que no son superiores ni a nada ni a nadie, en ningún sentido, a pesar de mostrar seguridad en las capacidades que posee. Vivir con una actitud humilde les permitirá conocerse mejor, valorar sus fortalezas e intentar mejorar sus debilidades.

¿Eres humilde o por el contrario arrogante o prepotente? Cuando les demuestras que tienes humildad y reconoces tus debilidades como padre los acercas más a ti.

La autoestima: Es importante que nuestros hijos aprendan a valorarse a sí mismos. Esto sirve de base para educar la empatía. Podemos fomentar la autoestima a través del elogio.

¿Elogias a tu hijo con frecuencia o solo le recuerdas lo que hace mal? Al elogiarlos sienten que están llenado tus expectativas y les proporcionas seguridad y confianza en si mismos.

El compromiso: El compromiso es un valor que demuestra madurez y responsabilidad. Se va adquiriendo progresivamente con los años. Debemos hacer ver a nuestros hijos el valor de la palabra que damos.

¿Cumples con tu palabra cuando les prometes algo a tus hijos? El prometer y no cumplir le resta valor a tu palabra y creas desconfianza y la percepción de que no son lo suficientemente importantes para ti.

La gratitud: Es importante y valioso que nuestros hijos aprendan a mostrar gratitud. Este valor va unido a las gratificaciones positivas, mostramos gratitud a nuestros hijos cuando reconocemos lo bien que hacen las cosas. La gratitud no se trata solo de dar las gracias, sino que nace del corazón, de nuestro interior, del aprecio a lo que alguien hace por nosotros.

¿Eres agradecido con tu hijo y con los demás? Cuando eres agradecido con tus familiares, vecinos o amigos le demuestras que sientes aprecio por los demás.

La amistad: Nuestros hijos deben aprender el valor de la amistad, del afecto mutuo que nace del contacto con el otro. El verdadero valor de la palabra amistad va mucho más allá que un simple click agregando amigos en sus redes sociales.

¿Cuidas tus amistades? El que tus hijos vean como tratas a tus amigos, como te preocupas por ellos es una buena forma de enseñarlos.

El optimismo: Es muy importante que nuestros hijos aprendan a vivir la vida con entusiasmo y optimismo, buscando siempre el lado positivo de las cosas a pesar de los obstáculos que nos presenta la vida. Deben huir del pensamiento negativo y pensar que en cómo mejorar o avanzar.

¿Reflejas una actitud alegre y optimista ante tu hijo? Tus hijos verán en ti un reflejo de lo que quieren ser en el futuro.

La paciencia: Nuestro hijo debe cultivar la paciencia y aprender a diferir gratificaciones huyendo del «lo quiero aquí y ahora». Esto ayudará a controlar y canalizar su impulsividad mostrando una actitud paciente y serena frente a la vida.

¿Practicas la paciencia en tu día a día? Cuando tienes paciencia con tus hijos les enseñas con tu ejemplo a tener paciencia en la vida.

El esfuerzo: Un valor necesario en la sociedad actual que se caracteriza por la inmediatez y el mínimo esfuerzo. Nuestros Hijos tienen que aprender que todo lo que quieren conseguir requiere de un esfuerzo.

¿Actúas con esfuerzo en tus actividades y proyectos? Es importante enseñarles a nuestros hijos a trazar metas y luchar por alcanzarlas.

 La felicidad: Este debe ser el objetivo de la educación que ofrecemos a nuestros hijos, conquistar su felicidad y que sean capaces de transmitir y contagiar esa felicidad a los demás. Para ello es importante cultivar la alegría, el optimismo, el sentido del humor, etc. Solo aquel que es feliz puede transmitir felicidad.

¿Eres feliz en tu vida? Si eres feliz no podrás evitar que tus hijos se contagien.

http://www.nuestroshijos.do/formacion

¿Típicas rabietas?

Las pataletas, o eso que llamamos rabietas, es una forma de protesta infantil que «aparece ante cualquier frustración que el niño sufra». El niño suele dar este tipo de respuesta cuando «se le diga que NO, se le retire algo que quiere o tenga que hacer algo que no quiera como bañarse o ir al colegio».

Esta situación es más común percibirla en niños menores de dos años, puesto que es alrededor de esta edad, cuando el niño adquiere la capacidad de representar en su mente el objeto o el fin deseado, y con ello una mayor conciencia de sí mirabietassmo ya como un individuo separado de la madre. Lo importante es distinguir a tiempo los berrinches ‘normales’, de las reacciones extremas, que se salen de los parámetros esperables para un niño de esta edad.

Como las pataletas están estrechamente relacionadas con el vínculo del hijo con sus padres, cuando éstas se tornan muy frecuentes o son muy exageradas podría haber un problema en la relación. Esto no quiere decir que todo niño que hace pataletas tiene un vínculo deficiente con sus padres, pero sí que es menos probable.

Se debe entender que las rabietas son, simple y sencillamente un recurso que emplean los niños/as para llamar la atención y al que recurren cuando no ven otra forma de que el adulto atienda o entienda, lo que los niños reclaman como necesidades emocionales o físicas en un momento determinado.

Da lo mismo que la atención sea positiva o negativa, lo que desean es una atención en un 100%. Si pierde la calma y grita, le está dando lo que quiere. Lo mejor –aunque a veces es difícil conseguirlo–  es ignorar la pataleta, hacer como que no se entera. En casa, el niño debe sentir que ese episodio no interrumpe la marcha de las cosas. Una vez que el niño se ha calmado, puede negociar con él/ella, provocándole la conciencia de entender que su mejor solución seria decir lo que necesita, puesto que con las pataletas o rabietas no conseguiría nada.

No se debe reprender o castigar al niño después de una pataleta. Un recurso útil es hacer que se siente en un lugar solo y aislado durante un rato. Ese “apartamiento” debe durar un minuto por año de vida del niño. Con el tiempo, muchos niños buscan voluntariamente ese momento de silencio y se sientan ellos en ese lugar.

Si existe un adecuado manejo de esta típicas abietas, estas van descendiendo en intensidad y frecuencia hasta concebirse anómalas a los cinco o seis años de vida, ya que entran en la etapa de la socialización, que es una de las cosas más importantes que aprenden los niños en preescolar.

Autora: Kedmay T. Klinger Balmaseda