Guía de mediación parental

Os adjuntamos esta Guía vista en el Instituto Nacional de Ciberseguridad, que creemos puede resultar de vuestro interés:

Esta guía tiene como objetivo fomentar el acompañamiento a los menores y la mediación familiar para educarles en el uso seguro y responsable de Internet. Conscientes del reto que supone educar en un entorno tan complejo, en continuo cambio y en el que son mayoría los que se consideran inexpertos y poco habilidosos, hemos elaborado esta guía a modo de itinerario de mediación parental para facilitar la tarea.

A través de este itinerario de recomendaciones podréis ir abordando las estrategias y pautas necesarias para avanzar en vuestra actividad educadora:

  • Estrategias para ayudaros en la supervisión, orientación y acompañamiento de vuestro hijo en Internet, y a la hora de establecer límites y normas.
  • Pautas de mediación parental en función de la edad del menor, con las que ir evolucionando en función de sus necesidades y madurez.
  • Recomendaciones especificas sobre el uso de las tecnologías: para comportarse de manera adecuada en línea, prevenir el acoso, gestionar de manera apropiada la privacidad y la identidad digital, y protegerse ante virus y fraudes.
  • Cómo actuar en caso de producirse un incidente en Internet: ciberacoso, suplantación de identidad, filtración de imágenes comprometidas (sexting).

Teléfono de ayuda relacionado con la tecnología.

Os adjuntamos esta información relacionada con las Tecnologías por si os pudiera resultar de interes. Se trata de una Web con diversos recursos y un telefóno 900 116117, linea gratuita y confidencial, para ayuda en caso de menores para dudas, dependencia, ciberacoso, bullyng, dudas, prevención, etc.

Internet Segura for Kids (IS4K) es el Centro de Seguridad en Internet para menores de edad en España y tiene por objetivo la promoción del uso seguro y responsable de Internet y las nuevas tecnologías entre los niños y adolescentes. Las principales tareas que tiene encomendadas son:

  • Sensibilizar y formar a menores, jóvenes, familias, educadores y profesionales del ámbito del menor, a través del desarrollo de campañas, iniciativas y programas de ámbito nacional.
  • Ofrecer un servicio de línea de ayuda con el que asesorar y asistir a menores, familias, educadores y profesionales del ámbito del menor sobre cómo hacer frente a los riesgos de Internet: contenidos perjudiciales, contactos dañinos y conductas inapropiadas.
  • Organizar el Día de la Internet Segura (Safer Internet Day) en España.
  • Reducir la disponibilidad de contenido criminal en Internet, principalmente de abuso sexual infantil, dando soporte a las FFCCSE.

IS4K está liderado y coordinado por la SESIAD (Secretaría de Estado para la Sociedad de la Información y Agenda Digital), con el soporte de Red.es, y ejecuta sus servicios a través del INCIBE (Instituto Nacional de Ciberseguridad), en colaboración con otras entidades de referencia. En línea con la estrategia Europea BIK (Better Internet for Kids), forma parte de la red paneuropea INSAFE de Centros de Seguridad en Internet y está cofinanciado por la Comisión Europea.

Esperamos que sea de utilidad

Enlace:https://www.is4k.es/

 

Cómo comunicarnos de manera efectiva con los adolescentes.

Os adjuntamos este post escrito María José Román, que creemos nos puede resultar de interés:

¿Crees que hablarías más con tu hijo si te sintieras escuchado, comprendido, tenido en cuenta? ¿qué hay de escuchar? Esto es algo que nos cuesta muchísimo, no sabemos hacerlo de forma plena.

¿Por qué no te escuchan? ¿Los escuchas tú a ellos?

Habitualmente cuando “hablamos” con nuestro hijo adolescente y nos empieza a contar, nos ponemos en “modo reacción”: nos tomamos todo lo que nos dicen como algo personal, lo cual hace que empecemos a contestar, a aleccionar, a defender, a juzgar y justificar y, por tanto, nuestro hijo deja de comunicarse.

Existen barreras que dificultan que escuchemos:

  •  Intervenir para explicar, aleccionar o rescatar a nuestro hijo en lugar de dejarle hablar, escuchar y que lleguen a la misma conclusión por si mismos.
  •  Intentar hacer cambiar su sentimiento y percepción sobre el asunto y guiarlo hacia “lo correcto”.
  •  Dar explicaciones únicamente desde tu punto de vista.
  •  Interrumpir para dar lecciones sobre valores éticos y morales.
  •  Tomarse de manera personal lo que te cuentan y dejar que tus propios asuntos sin resolver interfieran.
  •  Usar la información que tus hijos te dan o lo que dicen sobre ti para sermonear, castigar, criticar…

Una de las claves esenciales para escucha es callarse, estar en silencio (si, es complicado, pero se puede) pues nuestro hijo no quiere que le digamos qué hacer o no, qué sentir o dejar de sentir (si así fuera, nos preguntaría…) sólo quiere sentirse escuchado, comprendido, tomado en serio.

Habilidades que nos ayudan a estar en silencio y escuchar para comprender.

Algunas ideas para practicar la escucha activa:

  1.  Cuida tu lenguaje corporal, dice más que las palabras. Debemos escuchar con todo el cuerpo y evitar que los sentimientos lo empañen: si escuchamos enfadados, nuestro hijo lo notará y no querrá comunicarse por miedo a nuestra reacción o a decepcionarnos.
  2. Hay tantas realidades como personas, tu realidad no es la de tu hijo; debemos escuchar teniendo siempre en mente eso, el no eres tú.
  3.  Muestra empatía siempre. Esto es, transmite que entiendes lo que sucede, aunque no lo compartas: “entiendo por qué te sientes así y lo ves de esa forma…”
  4.  Sé curioso de verdad. Pregunta, interésate de manera que puedas entender el punto de vista de tu hijo.

Ahora que “sabemos escuchar”, vamos a revisar si “sabemos hablar y comunicar”.  Veamos qué podemos hacer para mejorar y lograr una comunicación efectiva con nuestro adolescente (en realidad, ¡con todo el mundo!).

Comunícate desde el corazón: desarrolla un vocabulario para hablar de tus sentimientos.

Parece que en el mundo de hoy sentir es un error irreparable: no llores, no te enfades, no sufras… son mensajes que de forma muy habitual transmitimos a niños y adolescentes. Sin embargo, sentir no es malo, todo lo contrario, es maravilloso y nos permite aprender mucho tanto de nosotros mismos como de los demás. Por tanto, en lugar de esconder nuestros sentimientos (y hacernos “los fuertes”) ayudemos a nuestro hijo a identificar lo que siente y cómo expresarlo. Para ello, debemos aprender el vocabulario adecuado y hablar desde el corazón, aprender a comunicar nuestros sentimientos.

Parte de nuestro trabajo como padres será enseñar a nuestro hijo a reconocer y comprender sus sentimientos, a expresarlos de forma adecuada y respetuosa, como información,  no como algo que se preste a debate y discusión y ayudarlos a levantarse por sí mismos cuando una situación les provoque malestar.

Ellos (y nosotros previamente) debemos comprender las realidades separadas: cada persona siente y piensa de distinta manera, tú no eres tu adolescente ni al contrario, por lo que vuestras realidades difícilmente pueden ser las mismas.

También debemos asegurarnos de que nuestro adolescente entiende que sentir no es malo, que cualquier emoción, aunque negativa como el enfado o la rabia, es válida. No hay emociones buenas y malas, hay emociones que causan sentimientos más o menos intensos. Tener sentimientos no es malo, ni inadecuado, no importan cuales sean, pues sentir algo no nos hace mejor o peor persona.

¿Cómo enseñar entonces a mi hijo a comunicar lo que siente?

Como siempre, el modelo es fundamental. Si tú les comunicas qué y cómo te sientes con total honestidad, es muy probable que ellos hagan lo mismo. Y si escuchas, como hemos dicho, intentando comprender, sin pensar en que decir ni corregir, sin expresar tu opinión ni posición, les darás el valor necesario para compartir sus emociones. Ser honesto y contar como te sientes verdaderamente o cómo te sentiste en una determinada situación en tu adolescencia, es sumamente importante y una de las mejores maneras de motivar la comunicación.

Disciplina Positiva nos propone el uso de lo que llamamos “la fórmula yo siento” para compartir nuestras emociones de una forma honesta, clara, sencilla y que nos permite hablar de nosotros mismos, no de los demás.

La “Formula Yo Siento”.

Necesitamos honestidad emocional y valor para reconocer lo que sentimos y comunicarlo a nuestros hijos, ponernos en contacto con ellos, con su origen y comunicar que queremos hacer con ello. Cuando hablamos de lo que sentimos, “nos liamos”, damos explicaciones, nos alargamos, a veces lo hacemos complejo para los demás… la “fórmula yo siento” nos va a ayudar a hablar de cómo nos sentimos con honestidad y sencillez, sin hacer sentir mal a los demás, y nos permitirá así mismo de hablar de nuestras necesidades.

Fijaos en esta forma de comunicar lo que sentimos:

“yo me siento herida cuando me gritas y quisiera que no lo hicieras”

“yo me siento contenta cuando cumples el acuerdo sobre la hora de llegada porque me haces ver lo responsable que eres y eso me ayuda a estar tranquila”

Yo (me) siento ______ cuando ______ porque ______ y quisiera _______  o bien

Yo (me) siento _______________ porque _________ y me gustaría/quiero/necesito

Nos ayudará a centrarnos en nuestros sentimientos y posibles soluciones sin aludir al carácter de nuestro hijo, mostrando que las emociones negativas no son malas y dando la oportunidad de dejar abierta la situación para hacer seguimiento.

La Fórmula “Tú sientes”.

Es útil validar y valorar lo que ellos sienten con la fórmula Tú sientes; con ella conseguimos valorar los sentimientos que hay tras sus palabras o reacciones, reflexionar sobre ellos a través de la comprensión:

“Tú te sientes enfadada cuando te digo que hagas la tarea cuando estás viendo tu serie favorita porque crees que no tengo en cuenta tus intereses…”

Cuando validamos lo que ellos sienten abrimos el canal de comunicación, perciben nuestra comprensión e interés por ellos y sus prioridades y necesidades, con lo cual la probabilidad de enfocarnos juntos en una solución es muy alta.

Fuente: Disciplinapoisitva

Situaciones Diarias que Conllevan a NO ser Responsables.

Os adjuntamos este artículo que creeemos puede resultar de interés:

Si queremos conseguir que nuestros hij@s y alumn@s adquieran el valor de las responsabilidades de manera progresiva, tenemos que tener en cuenta una serie de situaciones diarias que conllevan a todo lo contrario, a NO Ser Responsables. Veamos algunos ejemplos:

  1. Darles excusas que pueden adoptar de inmediato, como forma de eludir responsabilidades: “Eres muy pequeño para entender eso”, “No habrías podido evitarlo”. Cuando pase algo por alguna acción que hayan realizado, no maquilles o excuses la situación, afróntala.
  2. Poner más atención en quién tiene la culpa, en vez de buscar soluciones. Elimina de tu hogar y de tu aula el síndrome “¿quién es el culpable?” y reemplázalo por “vamos a buscar una solución”.
  3. Acusar a los demás. Si ellos son los responsables de una situación, deben ser sinceros con ellos mismos y acarrear con las consecuencias.
  4. Castigarlos por decir la verdad conlleva a que en el futuro las mentiras y las excusas sean una alternativa mucho más razonable. Enséñales a que tú respetas la verdad.
  5. Usar la frase “no es culpa mía” como parte habitual de tus conversaciones.
  6. Darles excusas genéticas. Deja de hacer comentarios que les animen a creer que han heredado tus rasgos y talentos personales o tus miedos y defectos: “Eres igual que tu abuelo”, “A tu madre también le costaba leer”.
  7. Hacer sus deberes porque a ell@s les resultan difíciles.
  8. Hacer cualquier cosa para evitar una confrontación con ell@s.
  9. Dejarles que gobiernen la casa con sus comportamientos y actitudes incontrolables.
  10. No dejarles expresar sus propias opiniones ni defender sus puntos de vista.
  11. Exigirles que te respeten siendo un adulto@ que los atemoriza.
  12. Prohibirles que pregunten sus dudas cortándoles su creatividad por querer ser autoritarios en vez de enseñarles a ser autodisciplinados.
  13. Hacer que te pidan permiso para hacer o decir cualquier cosa que piensen, digan, sientan o hagan.
  14. Negarse a escuchar sus sugerencias.
  15. No pedir nunca su opinión sobre asuntos del hogar, la familia y el aula en las decisiones que todos los días tienen que ver con la vida en común.
  16. Ignorar su crecimiento interior burlándose de sus sentimientos o sus intentos de expresarse. Preferir en cambio que complazcan a los demás, que actúen como ellos y hagan lo que hacen todos.

Recuerda, que nuestros hij@s o alumn@s no sean responsables, viene determinado por algunas acciones que nosotros mismos (docentes y familias) hemos ido llevando a cabo y, sin darnos cuenta, afecta al grado de responsabilidad que tiene un niñ@, como se nos muestra con ironía en el Decálogo para formar a un delincuente.

Fuente: Conectacontuhijo.com

Resilencia: explicada por y para niños.

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Significa “rebotar” de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.

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La investigación ha demostrado que la resiliencia es ordinaria, no extraordinaria. La gente comúnmente demuestra resiliencia. Un ejemplo es la respuesta de las personas en los Estados Unidos a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y sus esfuerzos individuales para reconstruir sus vidas.

Ser resiliente no quiere decir que la persona no experimenta dificultades o angustias. El dolor emocional y la tristeza son comunes en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas. De hecho, el camino hacia la resiliencia probablemente está lleno de obstáculos que afectan nuestro estado emocional.
La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene. Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

 

 

 

 

 

¿A qué edad hay que darle a un niño el móvil?

En el 2016, la edad media en que un niño entraba en internet en España estaba en los 7 años y a los 10 años ya tenía su propio móvil, que suele ser su primer dispositivo personal para acceder a la red, según el estudio ‘Net Children Go Mobile’ de 2016, de la Universidad del País Vasco para Red. Pero esto puede haber bajado ya, porque la tendencia a lo largo de los años ha sido que sean internautas cada vez más jóvenes.

Los expertos recomiendan, sin embargo, retrasar la edad el mayor tiempo posible. “Cuanto más tarde mejor”, sentencia Juan Carlos Pascual, psiquiatra del Hospital de Sant Pau de Barcelona. “A los 10 años, incluso más mayor el un niño todavía tiene dificultades para identificar los riesgos y para autocontrolarse”, indica este especialista, miembro del Grup d’Estudi i Tractament de les Autolesions (GRETA). En todo caso, admite, como a partir de la adolescencia la presión social que ejercen los amigos es enorme, “hay que introducirlos en el uso de los móviles, las tabletas y las redes sociales de forma progresiva, paulatina y muy controlada”.

El psicólogo Marc Masip, que trata adicciones generadas por el uso del móvil propone incluso los 16 años como edad mínima. “Una vez que el mal uso genera un problema real, ya no hay marcha atrás. Hablamos de una adicción o simplemente de que te atropellen porque no estás atento cuando cruzas una calle. Quizás no somos suficientemente conscientes de que tener un móvil, como todo en la vida, comporta una serie de consecuencias”, señala el psicólogo, que alerta de los efectos que el uso excesivo tiene sobre el rendimiento escolar de los menores.

Fuente:Elperiodico.com

Inteligencia Emocional: el secreto para una familia feliz

Os adjuntamos hoy esta guía escrita por Crisitna Muñoz Alustiza y publicada por la Comunidad de Madrid, que nos ayudará a gestionar las emociones.

Guía en PDF

Si pensamos en la vida diaria de nuestra familia, seguramente nos vienen a la cabeza recuerdos de situaciones muy diversas.
Por una parte, encuentros entrañables compartidos con seres queridos y con los cuales los vínculos afectivos y personales proporcionan una confianza y sentimientos especiales.
Por otra, momentos de dificultad en los que la convivencia y el entendimiento de unos con otros así como el manejo de las emociones que tienen lugar ante una discusión, un conflicto o un cambio se convierte en un reto para la familia.
Desde que comenzamos a relacionarnos con otros al hacernos mayores, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación entre personas.
Sin embargo, al convertirnos en padres, tomamos además conciencia de la dificultad educar y enseñar a nuestros hijos en este sentido.
¿Cómo manejar las propias emociones en la relación con los diferentes miembros de la familia, especialmente los hijos, en sus distintas edades?
¿Cómo ser sensibles a sus emociones y acompañarles a medida que van pasando las diferentes etapas del desarrollo?
¿Cómo crear un ambiente familiar que promueva la expresión y comunicación de los sentimientos?
¿Cómo ayudar a nuestros hijos a que tengan un mejor control en situaciones de dificultad y de toma de decisiones sobre su futuro y sus relaciones?
Ninguna herramienta surte efecto por obra de la magia o la casualidad, sino que requiere de voluntad para ser aprendida e integrada, y finalmente servir de manera práctica y real en el día a día.
Propondremos en estas páginas algunos puntos básicos, empezando por una aproximación teórica.
A continuación plantearemos dinámicas, juegos o casos sobre los que poder reflexionar.
Finalmente, quedará en sus manos la tarea de llevar la teoría a la práctica.

Claves prácticas para fomentar el autocontrol.

Si tenemos que ordenar un armario de nuestra casa, que lleva mucho tiempo desordenado, y que estamos evitando hacer una y otra vez, seguramente nuestro cerebro generará múltiples alternativas más agradables que realizar en ese momento. Y las posibilidades de ver una película o tumbarnos a escuchar música aumentan hasta el punto de convencernos de ordenar el armario en otro momento. Y somos adultos. Reajustamos la realidad con bastante facilidad. Pues imaginemos nuestro hijo o hija, a la hora de realizar una tarea que no le gusta, la de cosas más divertidas que puede generar su cerebro.
Entre una conducta que a la larga puede ser perjudicial, pero que de momento es muy agradable, y otra conducta que cuesta esfuerzo al principio, pero puede ser muy beneficiosa al final, ¿qué elegiríamos?, ¿qué elegiría nuestro hijo o hija?
Auto, que proviene del griego, significa por sí solo. Y control, más o menos, significa dominio o mando. Es decir, autocontrol sería el mando sobre uno mismo, el dominio que se puede ejercer por sí solo. Fomentar el autocontrol, por tanto, es un objetivo educativo.

Os adjuntamos PDF de esta Guía Práctica publicada por la CEAPA y que consideramos puede resultar de vuestro interés:GUIA PDF

Fuente: CEAPA

Manual para padres de adolescentes en redes sociales.

Os dejamos este artículo visto en “El Periodico”, que creemos puede resultar de interés para las familias:

“A ver, las niñas del instituto que se dedican a colgar vídeos bailando ‘twerking’ o poniendo verdes a otras son las mismas que salen de fiesta por la noche hasta las tantas o que se saltan clases para fumar porros. Lo que hacen en internet no es tan distinto de lo que hacen en la vida real… y si sus padres no se enteran es porque quizás nunca se han preocupado demasiado”. La reflexión, formulada por una estudiante de 15 años, viene como anillo al dedo para ilustrar la primera de las conclusiones que extraen los especialistas que investigan sobre la relación que mantienen los jóvenes con las redes sociales. Ellas, las adolescentes rebeldes, saben lo que están haciendo: saltarse los límites. A sus padres no les vale la excusa de que no dominan la tecnología y el mundo digital.video

“Es normal que los jóvenes sientan curiosidad por experimentar cómo es la vida adulta, que lleven algunas situaciones al límite, en la vida real y en la vida virtual”, observa Juan Carlos Pascual, psiquiatra en la Unidad de Adicciones Comportamentales del Hospital de Sant Pau de Barcelona.

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los padres? ¿Cuál es su margen de maniobra para impedir que los hijos caigan en las redes del ‘ciberbullying’ o de retos como la cruel Ballena Azul, que lleva a los participantes a autolesionarse? “Los padres son padres y han de ejercer como tales. Nadie dijo que fuera a ser fácil y es a ellos a quienes corresponde fijar las reglas sobre el uso de los móviles y las tabletas, como fijan otras tantas en casa”, prosigue el doctor Pascual.

“Esas normas han de estar claras para los niños, pero eso no exime a los adultos de estar siempre atentos, controlándolos”, agrega. Uno de los peligros, advierte el psiquiatra, son las adicciones. Sabe de lo que habla.

Y aunque las jóvenes generaciones conocen bien los peligros de la red (llevan años recibiendo charlas en la escuela), a los padres no les resulta fácil hacer esa supervisión. Aquí van algunos consejos para tratar, al menos, de no equivocarse demasiado.

1. Hablar con los hijos, interesarse por lo que hacen en internet y en las redes sociales.

2. Familiarizarse con los conceptos más habituales y aprovechar la ocasión para promover debates en familia.

3. Concienciar sobre la importancia de la privacidad, enseñar que no todo vale y que no hay que facilitar datos innecesariamente.

4. Inculcar valores, enseñar la diferencia entre un amigo real y un ‘amigo’ virtual, un me gustas y un ‘like’.

5. Hacerles pensar en el futuro, en si se sentirán orgullosos de las fotos que cuelgan ahora.

6. Reflexionar sobre por qué una red social no admite usuarios por debajo de una cierta edad.

7. Limitar horarios de uso de móviles y tabletas para que no interfieran con la vida familiar.

8. Crear espacios comunes de uso de las tecnologías, sobre todo si hay niños pequeños y se quiere controlar qué hacen.

9. Utilizar sistemas de control parental si se quiere rastrear la actividad en internet o limitar el tiempo.

10. Ayudarles a que se responsabilicen de sus actos y busquen soluciones.

Fuente:elperiodico.com

¿Qué tienen que saber los padres sobre las redes sociales?

Guía sobre plataformas, lenguajes, usos y costumbres adolescentes.

Internet y las pantallas son hoy parte de la vida de cualquier persona y más de un adolescente, y como tales pueden ser parte de las conversaciones familiares y una oportunidad para aprender de los hijos.

El conocimiento sobre internet y las redes supone un crédito paterno que peligra constantemente. Si a los 9-10 años, el 59% de los críos afirman que sus padres “saben mucho” sobre lo que sus hijos hacen en las redes, a los 15-16, esta afirmación solo la mantienen el 20%. Y lo mismo sobre el móvil: el 49% de los niños de 9-10 afirman que saben mucho de lo que hacen, y a los 15-16 se ha quedado en el 19%, según el estudio Net Children Go Online, de la Universidad del País Vasco para Red.es.

Los nuevos ídolos son no solo músicos y futbolistas sino youtubers (protagonistas de Youtube), musers (usuarios de Musical.ly) e influencers en Instagram. Y el canal de relación con todos ellos son las redes sociales, y no una sino varias.

El nuevo espacio también tiene su propio lenguaje. Emoticonos y etiquetas (los universales hashtags) crean un código propio que puede identificar a los que pertenecen a un grupo, desde los ‘believers’ (fans de Justin Bieber) a las «criaturitas del señor» (fans de El Rubius), indicar conductas de riesgo como #ana y #mia (anorexia y bulimia),, #inspiration (modelos a seguir), que te apuntas a un reto (los #challenges varios) o etiqueta un tipo de contenido (#nude, #selfie…). La jerga adolescente copia términos del inglés como #follower (seguidor), #troll y trolear (ser o hacer el gamberro impertinente), #bff o #maps (mejores amigos), #omg («Oh My God», para expresar sorpresa o disgusto), #lol (para expresar sorpresa), #cute (mono), #wtf (qué me estás contando)…

Las fotos y los vídeos se cuelgan para buscar el aplauso social. En lenguaje de las redes, «para generar Likes» (Me gusta) e incluyen una buena dosis de «postureo» (adoptar una pose, aparentar). Hoy casi ningún adolescente posa para una foto sin poner los dedos índice y corazón en forma de V, aunque esto puede cambiar mañana. Es su forma de saludar a quienes les están viendo, algo que antes nadie hacía en las fotos familiares.

El mundo adolescente gira en torno a las redes. Las lecturas y los temas de interés se comentan en Youtube, las fotos y los mensajes se ponen en Instagram (llámelo «Insta», donde las Stories o vídeos cortos, arrasan), Snapchat (diga «Snap») sirve para hablar y enviarse mensajes que se borran en 24 horas, y Whatsapp (diga «Guas») para relacionarse con padres y grupos. Y el móvil es la nueva consola, con Clash of Clans y Clash Royale, juegos multijugador masivos, como nuevo chat.

Los retos son propuestas que se lanzan para que los seguidores de una red social las cumplan. Comenzaron por buenas causas (el cubo de agua fría para luchar contra la esclerosis múltiple) y han seguido por puro juego (hacerse el muerto), como promoción comercial (comer bolsas de un aperitivo concreto) o para demostrar habilidad (tirar una botella de plástico al aire y que caiga boca arriba, por ejemplo). Algunos llegan a ser peligrosos como el abcrack, el de los muslos separados o los selfies en alturas extremas.

Fuente:Elperiodico.com