Niños autónomos, adultos responsables.

Os adjuntamos este artículo que consideramos puede resultar de interés:

El desarrollo de unos hábitos apropiados (de higiene, cuidado, comida…) son los cimientos para la adquisición de comportamientos futuros importantísimos como la responsabilidad, disciplina, etc.

¿Qué son los hábitos de autonomía?

Son aquellos comportamientos cotidianos de la vida diaria imprescindibles para asegurar un óptimo desarrollo personal y social en el niño. La adecuada adquisición de estos hábitos dota al niño de mayor autonomía, disminuyendo la sensación de dependencia hacia sus padres y por lo tanto, pueden enfrentarse de forma airosa a las exigencias del entorno.

Es importante destacar la idea que dichos hábitos hay que fomentarlos desde el inicio de la vida de los niños. Con ello, nos aseguramos que los podrán adquirir sin dificultades y de la forma más adecuada.

¿Cuáles son los principales hábitos de autonomía?

• Alimentación.

• Vestido/desvestido.

• Horario y situación de sueño.

• Aseo y limpieza.

¿Por qué es tan importante la autonomía personal?

• Un niño autónomo es aquel que es capaz de realizar por sí mismo aquellas tareas y actividades propias de los niños de su edad y de su entorno socio cultural.

• Un niño poco autónomo es un niño dependiente, que requiere ayuda continua, con poca iniciativa, de alguna manera sobre protegido.

• Los niños con pocos hábitos de autonomía, generalmente presentan problemas de aprendizaje y de relación con los demás. De ahí la importancia de su desarrollo: normalmente cuando progresan en este aspecto, también lo hacen en su aprendizaje y relación con los demás.

¿Qué hábitos enseñar?

Como norma general todo aquello que el niño pueda hacer solo, siempre que no entrañe peligro, debe hacerlo él mismo. También es válido como criterio enseñar aquellos hábitos que tienen adquiridos la mayoría de niños de una edad.

Como guía, pueden servir los siguientes hábitos que están expuestos de menos a más en distintas áreas:

Higiene: Todo lo referido a la higiene y auto cuidado personal: por ejemplo: control de esfínteres, lavarse las manos sólo, cepillado de dientes, el baño, lavarse la cabeza, peinarse, usar los productos de higiene, etc.

Vestido: Todo lo que se refiere al uso de las prendas y su cuidado: ponerse distintas prendas (pantalones, calcetines, abrigos, zapatos, cremalleras, botones), guardarlas en el lugar adecuado, elegir la propia indumentaria.

Comida: Relacionado con la conducta alimentaria: Comer solo, uso de los distintos instrumentos, respetar unas normas básicas de educación en la mesa, prepararse una merienda, entre otros.

Vida en sociedad y en el hogar: Son hábitos referentes a la relación con los demás, el uso de algunos servicios comunitarios y la conducta en el hogar: van desde saludar a la gente conocida, escuchar, pedir por favor y dar las gracias; respetar turnos en juegos, pedir prestado, conocer los lugares para cruzar la calle, evitar peligros (enchufes, productos tóxicos), ordenar sus pertenencias, usar el teléfono, comprar, usar el transporte público o disfrutar de servicios de ocio (ir al cine).

¿Cómo se enseña?

La mayoría de los niños funcionan muy bien con rutinas, luego lo ideal será conseguir que esos hábitos se conviertan en rutinarios. Con una práctica adecuada, los hábitos se adquieren de 20 a 30 días. Y estos son los pasos para lograrlo:

1º Decidir qué le vamos a exigir y preparar lo necesario

• Lo primero es decidir lo que razonadamente le vamos a exigir, evitando pensamientos como: «prefiero hacerlo yo, lo hago antes y mejor». Comenzar cuanto antes.

• Que le exijamos algo adecuado a su edad.

• Hacerlo siempre y en todo lugar: todos los días.

• Todos a una, no vale: «con papá tengo que hacerlo, pero con mamá no».

• Preparad lo necesario: si le vamos a exigir guardar sus juguetes, hay que prepararle un lugar adecuado.

2º Explicarle qué tiene que hacer y cómo

• Hay que explicarle muy clarito y con pocas palabras qué es lo que queremos que haga, dándole seguridad: «Desde hoy vas a ser un niño mayor y te vas a lavar los dientes tú solito, sé que lo vas a hacer muy bien». Enséñale realizándolo tu primero.

• Piensa en voz alta mientras lo haces: «Primero mojo bien el cepillo de dientes, después pongo un poco de pasta de dientes.

• Asegúrate que comprende las instrucciones: pídele que las repita.

3º Practicar

• Ponlo a practicar. Al principio hay que ofrecerle muchas ocasiones de práctica.

• Recuérdale los pasos que tiene que hacer: «Primero mojar el cepillo de dientes y poner la pasta»

• Elógiale los primeros avances.

• Poco a poco disminuir la ayuda.

• Las prisas no son buenas: prepara el tiempo necesario, al menos al principio.

4º Supervisar

• Hay que revisar cómo va realizando lo que se le encomienda. Si un niño está aprendiendo a peinarse tenemos que revisar que ha quedado bien.

• Elogiar y valorar su realización. Si no está del todo bien, dile en qué puede mejorar.

Y si no quiere…

• Valorar si no quiere porque no está a su alcance o por comodidad.

• Por lo general si se lo ofrecemos como un privilegio («Ya eres mayor») lo aceptará mejor que si lo hacemos como un mandato sin más.

• Si no lo hace por comodidad, dile que ya es mayor, que debe hacerlo por sí sólo e ignorar las quejas.

• Si todavía se sigue negando puedes adoptar varias medidas: sufrir las consecuencias, retirarle algún privilegio (algún juguete o actividad) o utilizar la sobre corrección: practicar y practicar la conducta adecuada.

La correcta adquisición de estos hábitos le permitirá enfrentarse paulatinamente a las exigencias de su entorno, no tendrá que recurrir frecuentemente a la ayuda de los adultos, podrá tomar sus propias decisiones y asumir responsabilidades, en definitiva, criaremos niños responsables y seguros de sí mismos.

Fuente:lafamilia,info

Corto para educar en valores.

Os adjuntamos este corto que consideramos interesante.

Mobile (móvil) es un corto multipremiado inspirado en los móviles infantiles con una colorida vaca por protagonista que lo que más desea en este mundo es ganarse la amistad de los otros animales en especial de un pequeño ratoncito… ¿Lo conseguirá? Mejor si lo veis, aunque ya os aviso que el caos que desata es importante.

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Un corto muy divertido que nos habla de amistad y en el que la música  nos va guiando por las diferentes emociones que viven los protagonistas de esta historia.

 

Fuente:http://rz100arte.com

Situaciones Diarias que Conllevan a NO ser Responsables.

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Si queremos conseguir que nuestros hij@s y alumn@s adquieran el valor de las responsabilidades de manera progresiva, tenemos que tener en cuenta una serie de situaciones diarias que conllevan a todo lo contrario, a NO Ser Responsables. Veamos algunos ejemplos:

  1. Darles excusas que pueden adoptar de inmediato, como forma de eludir responsabilidades: “Eres muy pequeño para entender eso”, “No habrías podido evitarlo”. Cuando pase algo por alguna acción que hayan realizado, no maquilles o excuses la situación, afróntala.
  2. Poner más atención en quién tiene la culpa, en vez de buscar soluciones. Elimina de tu hogar y de tu aula el síndrome “¿quién es el culpable?” y reemplázalo por “vamos a buscar una solución”.
  3. Acusar a los demás. Si ellos son los responsables de una situación, deben ser sinceros con ellos mismos y acarrear con las consecuencias.
  4. Castigarlos por decir la verdad conlleva a que en el futuro las mentiras y las excusas sean una alternativa mucho más razonable. Enséñales a que tú respetas la verdad.
  5. Usar la frase “no es culpa mía” como parte habitual de tus conversaciones.
  6. Darles excusas genéticas. Deja de hacer comentarios que les animen a creer que han heredado tus rasgos y talentos personales o tus miedos y defectos: “Eres igual que tu abuelo”, “A tu madre también le costaba leer”.
  7. Hacer sus deberes porque a ell@s les resultan difíciles.
  8. Hacer cualquier cosa para evitar una confrontación con ell@s.
  9. Dejarles que gobiernen la casa con sus comportamientos y actitudes incontrolables.
  10. No dejarles expresar sus propias opiniones ni defender sus puntos de vista.
  11. Exigirles que te respeten siendo un adulto@ que los atemoriza.
  12. Prohibirles que pregunten sus dudas cortándoles su creatividad por querer ser autoritarios en vez de enseñarles a ser autodisciplinados.
  13. Hacer que te pidan permiso para hacer o decir cualquier cosa que piensen, digan, sientan o hagan.
  14. Negarse a escuchar sus sugerencias.
  15. No pedir nunca su opinión sobre asuntos del hogar, la familia y el aula en las decisiones que todos los días tienen que ver con la vida en común.
  16. Ignorar su crecimiento interior burlándose de sus sentimientos o sus intentos de expresarse. Preferir en cambio que complazcan a los demás, que actúen como ellos y hagan lo que hacen todos.

Recuerda, que nuestros hij@s o alumn@s no sean responsables, viene determinado por algunas acciones que nosotros mismos (docentes y familias) hemos ido llevando a cabo y, sin darnos cuenta, afecta al grado de responsabilidad que tiene un niñ@, como se nos muestra con ironía en el Decálogo para formar a un delincuente.

Fuente: Conectacontuhijo.com

Resilencia: explicada por y para niños.

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Significa «rebotar» de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.

Video

La investigación ha demostrado que la resiliencia es ordinaria, no extraordinaria. La gente comúnmente demuestra resiliencia. Un ejemplo es la respuesta de las personas en los Estados Unidos a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y sus esfuerzos individuales para reconstruir sus vidas.

Ser resiliente no quiere decir que la persona no experimenta dificultades o angustias. El dolor emocional y la tristeza son comunes en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas. De hecho, el camino hacia la resiliencia probablemente está lleno de obstáculos que afectan nuestro estado emocional.
La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene. Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

 

 

 

 

 

El poder de las palabras: enseñar a los niños a enfrentarse a los insultos.

Os adjuntamos este artículo, que consideramos os puede resultar de interés:

Las palabras tienen un tipo de poder que puede afectar a todas las personas, sin importar la edad que tengan. Los insultos son habituales en el patio de las escuelas, donde muchos niños que no son capaces de expresar adecuadamente sus emociones, se escudan en el insulto como la vía más rápida para llamar la atención de forma negativa de otro. Los adultos, o la gran mayoría, tienen estrategias suficientes para poder hacer frente a este tipo de palabras ofensivas, pero los niños se pueden quedar paralizados ante estas situaciones. Es necesario que aprendan nuevas habilidades sociales y comunicativas para poder hacer frente a esas situaciones y no dar poder a esas palabras dentro de su estado emocional.

Cuando se reciben insultos

Las palabras ofensivas o los insultos suelen invitar en la mayoría de los casos a reacciones violentas, incluyendo un incremento de burlas, insultos, comentarios despectivos y desprecios. En las escuelas los maestros tienen que lidiar con este tipo de lenguaje ofensivo, puesto que son algo bastante habitual, y es que las palabras ofensivas es un problema grave donde muchos niños tienen que hacer frente por su cuenta.

Si no tienen las habilidades suficientes, pueden sentir que esas palabras tienen demasiado poder sobre ellos e incluso, pueden creer en forma de etiqueta, que lo que se les dice, es cierto. Por ejemplo; ‘tonto’, ‘gordo’, ‘retrasado’, son etiquetas e insultos fuertes que los niños pueden creer como características ciertas de su persona.

Estrategias para hacer frente a los insultos

Hay formas eficaces de hacer frente a los insultos y que se reduzca el poder de esas palabras en quienes las recibe. Lo principal es reducir la conexión emocional de las palabras porque cuando se les quita el poder, ya no nos pueden controlar, ni tampoco hacer daño emocional.

Los niños -y los adultos- pueden tener cierta dificultad para aprender este tipo de habilidades, y aprenderlo puede cambiar la vida de la forma más poderosa: no se puede permitir que otros controlen el propio comportamiento. No te pierdas algunas de las estrategias para que los niños (y adultos) puedan hacer frente a los insultos.

Crear una nueva imagen mental

Los niños deben pensar en todas esas palabras que hieren sus sentimientos y que escuchan cada día. Haced una lista escrita. Después, enseña a los niños a imaginar a esa persona diciendo esas palabras vestido de forma rídicula o con una imagen mental graciosa. Se puede utilizar cualquier imagen que se vea ridícula y haga reír. Después, las palabras ofensivas deberán tener otro significado más neutral, por ejemplo: ‘tonto’, puede pasar a significar: ‘plátano’.

Pueden tardar semanas en reemplazar las emociones de odio hacia las palabras malsonantes y empezar a sentir otra emoción más agradable. Quizá no funcione con todos los niños, pero sí puede funcionar con muchos, solo se necesita tiempo para practicarlo. Además, esta técnica puede hacer que el niño sonría o se sienta bien, entonces la persona que insulta verá que sus palabras no tienen poder, y dejará de usarlas.
Entender por qué los demás insultan

¿Por qué los demás insultan? ¿Los insultos ayudan? Los niños se darán cuenta de que los insultos solo son una forma para que otro se sienta mal, para hacer daño. Una vez que sepan que los insultos son para hacer daño, deberán aprender  qué decir para demostrar que esas palabras no tienen poder sobre ellos ni sus emociones. Algunas respuestas a este tipo de agresión pueden ser:

  • No entrar en el círculo de la violencia, ni física ni verbal. Así no se da poder al agresor verbal.
  • Hacer caso omiso de las palabras, la indiferencia es la mejor arma.
  • Responder con amabilidad y responder con palabras ingeniosas o halagos.

Los niños deben aprender a que son ellos quienes tienen el control de las palabras ofensivas o de este tipo de situaciones. Son ellos quienes deciden el grado de afectación de esas palabras en su persona.

Fuente:Etapainfantil.com

Aprender a gestionar la rabia y el enfado.

Os adjuntamos esta seleccón de cuentos para gestionar algunas emociones, visto en «Cuentos para crecer», esperamos que os sea de utilidad.

El enfado es una emoción básica que sentimos todos. Sin embargo, cuando se pierde el control, el enfado se vuelve destructivo. ¿Cómo ayudar a los más pequeños a gestionar esta emoción?

La manera natural de expresar el enfado y la rabia consiste en responder de forma agresiva. Es la respuesta intuitiva ante la percepción de amenazas físicas o verbales. Sin embargo, responder agresivamente a cada situación de amenaza no es sano ni seguro. Por lo tanto, es importante enseñar a los niños, desde pequeños, formas saludables de controlar su ira.

¿Cómo se manifiesta el enojo según las edades?

En la primera infancia, los niños comienzan a adquirir la capacidad de reprimir los impulsos de agresión física (como empujar, golpear, pellizcar, morder, gritar, etc.) cuando están enfadados. Sin embargo, es frecuente que los niños recurran a conductas de violencia física (arrojan juguetes, empujan o golpean a sus padres o compañeros).
A medida que crecen, los niños adquieren habilidades lingüísticas más complejas y empiezan a desarrollar la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Adquieren empatía y llegan a comprender mejor el efecto de sus actos y palabras en los demás . Con los años, ya deberían saber expresar su enojo con palabras y no físicamente. Sin embargo, los niños con dificultades para hablar o para dominar sus impulsos suelen luchar para controlar sus sentimientos de enojo y pueden responder usando la fuerza física, los gritos o negándose a obedecer las normas escolares o familiares.

¿Qué pueden hacer los padres?

Los padres pueden estimular la adquisición de habilidades eficaces para manejar el enojo de las siguientes maneras:

  • Ayudándolos a desarrollar la empatía .
  • Enseñándoles que puede admitirse cualquier sentimiento pero no cualquier comportamiento .
  • Cada situación que lleva a tu hijo a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. ( * Fuente NYU Child Study Center)

Leer y reflexionar conjuntamente sobre el enfado y la rabia es una excelente manera de aprender estrategias de control. Las propuestas que os presentamos a continuación son una buenísima excusa para conversar conjuntamente adultos y niños sobre dos sentimientos muy comunes :la rabia y el enfado. Los libros que os proponemos además de presentar el reconocimiento del sentimiento pero sobre todo presentan una estrategia de resolución .

1. ¿No hay nadie enfadado? Toon Tellegen

Descripción
Doce cuentos sobre enfados protagonizados por animales. Un elefante que se reprocha a sí mismo su empeño en trepar a los árboles; una lombriz y un escarabajo que compiten por demostrar quién está más enfadado; un cerdo hormiguero que debe permanecer boca abajo para conservar su buen humor; un bogavante que trata de vender enfados a un ingenuo ratón, etc.

Por qué nos gusta

Un excelente material para reconocer el enfado y las consecuencias de no controlar las emociones. Un relato construído de pequeños relatos.

2. Cuando Sofía se enoja, se enoja de veras. Molly Bang

Descripción
Esta historia trata de una niña llamada Sofía que se enoja porque su hermana le quita el gorila que ella usaba mientras jugaba. Su enojo es tal que la hace pataletear, gritar, correr y llorar. Luego, se calma al contemplar la naturaleza y regresa a su casa donde su familia la recibe con mucha alegría y ella ya no está enojada.

Por qué nos gusta

Nos gusta por las ilustraciones , por qué le dan color a las emociones y sensaciones que va experimentando el personaje principal del cuento. Por lo que hay una transformación de colores intensos y cálidos rojos, anaranjados, violetas y rosados que presentan el enojo; a colores fríos como azul, verde, blanco y pequeños tonos de amarillo.  Cuando llega a la casa, luego de calmarse, los colores se armonizan .

Permite que el niño o la niña puedan reflexionar acerca de sus experiencias y vivencias que le causan enfado y a crear estrategias que les permita canalizar sus emociones de una forma efectiva no agresiva. Sirve como recurso para trabajar las relaciones entre los miembros de una familia, particularmente las relaciones entre hermanos.

3. La cola del dragón. Mireia Canals.

Descripción
A Javier, el pequeño protagonista, le crece una cola de dragón cuando siente rabia. Todos tenemos un mal día, que en el caso de Javier empieza con el no de su madre de comprarle más gomas, el juego de moda del momento. Y empieza a sentir la fastidiosa rabia, que hace que le salga una larga y verde cola de dragón. Y es cuando explotas y empiezas a dar golpes con los pies y las manos. Es tanta la rabia de Javier, que cuando abre los ojos se da cuenta que se encuentra en una habitación oscura y fría en donde advierte de todos los juguetes que ha roto cuando apareció su enorme cola de dragón.

Por qué nos gusta
Este libro trabaja las consecuencias del autocontrol, la rabia es una emoción fuerte que si no controlamos tiene unas consecuencias nefastas a través de la mirada de Javier veremos qué pasa si no nos controlamos y juntos reflexionaremos sobre cómo podemos controlarla.

4. Emma enfadosauria. Brain Moses

Descripción
Emma Enfadosauria se enfada por todo: si no puede ver lo que quiere en la tele, si no gana a los juegos, si sus hermanos reciben algún regalo? A veces, incluso, ruge, patalea o golpea alguna puerta. ¿Cómo conseguirá Emma calmarse?

Por qué nos gusta
Identifica situaciones de la vida cotidiana de los niños y trabaja el autoconocimiento (identificar la emoción, qué la desencadena etc) y a la vez genera una buena resolución de control de la emoción. Sencillo pero efectivo.

5. ¡NO! Tarecy Corderoy

Descripción

Esta es la historia de un pequeño rinoceronte que descubre una palabra nueva y la convierte en su respuesta favorita para todo: “Todo el mundo decía que Rino era encantador, hasta que, un buen día, aprendió a decir NO. ¡Un divertido cuento con la mejor receta para superar rabietas!”.

Por qué nos gusta

Una buena opción para reflexionar acerca de las rabietas.

Fuente: cuentosparacrecer.org

 

Inteligencia Emocional: el secreto para una familia feliz

Os adjuntamos hoy esta guía escrita por Crisitna Muñoz Alustiza y publicada por la Comunidad de Madrid, que nos ayudará a gestionar las emociones.

Guía en PDF

Si pensamos en la vida diaria de nuestra familia, seguramente nos vienen a la cabeza recuerdos de situaciones muy diversas.
Por una parte, encuentros entrañables compartidos con seres queridos y con los cuales los vínculos afectivos y personales proporcionan una confianza y sentimientos especiales.
Por otra, momentos de dificultad en los que la convivencia y el entendimiento de unos con otros así como el manejo de las emociones que tienen lugar ante una discusión, un conflicto o un cambio se convierte en un reto para la familia.
Desde que comenzamos a relacionarnos con otros al hacernos mayores, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación entre personas.
Sin embargo, al convertirnos en padres, tomamos además conciencia de la dificultad educar y enseñar a nuestros hijos en este sentido.
¿Cómo manejar las propias emociones en la relación con los diferentes miembros de la familia, especialmente los hijos, en sus distintas edades?
¿Cómo ser sensibles a sus emociones y acompañarles a medida que van pasando las diferentes etapas del desarrollo?
¿Cómo crear un ambiente familiar que promueva la expresión y comunicación de los sentimientos?
¿Cómo ayudar a nuestros hijos a que tengan un mejor control en situaciones de dificultad y de toma de decisiones sobre su futuro y sus relaciones?
Ninguna herramienta surte efecto por obra de la magia o la casualidad, sino que requiere de voluntad para ser aprendida e integrada, y finalmente servir de manera práctica y real en el día a día.
Propondremos en estas páginas algunos puntos básicos, empezando por una aproximación teórica.
A continuación plantearemos dinámicas, juegos o casos sobre los que poder reflexionar.
Finalmente, quedará en sus manos la tarea de llevar la teoría a la práctica.

Claves prácticas para fomentar el autocontrol.

Si tenemos que ordenar un armario de nuestra casa, que lleva mucho tiempo desordenado, y que estamos evitando hacer una y otra vez, seguramente nuestro cerebro generará múltiples alternativas más agradables que realizar en ese momento. Y las posibilidades de ver una película o tumbarnos a escuchar música aumentan hasta el punto de convencernos de ordenar el armario en otro momento. Y somos adultos. Reajustamos la realidad con bastante facilidad. Pues imaginemos nuestro hijo o hija, a la hora de realizar una tarea que no le gusta, la de cosas más divertidas que puede generar su cerebro.
Entre una conducta que a la larga puede ser perjudicial, pero que de momento es muy agradable, y otra conducta que cuesta esfuerzo al principio, pero puede ser muy beneficiosa al final, ¿qué elegiríamos?, ¿qué elegiría nuestro hijo o hija?
Auto, que proviene del griego, significa por sí solo. Y control, más o menos, significa dominio o mando. Es decir, autocontrol sería el mando sobre uno mismo, el dominio que se puede ejercer por sí solo. Fomentar el autocontrol, por tanto, es un objetivo educativo.

Os adjuntamos PDF de esta Guía Práctica publicada por la CEAPA y que consideramos puede resultar de vuestro interés:GUIA PDF

Fuente: CEAPA

Cómo actuar con los niños que muerden y pegan.

Od adjuntamos este artículo por si es de vuestro interés:

Muchos niños responden a la frustración a través de puñetazos, mordeduras, arañazos y otras formas de agresividad. Este comportamiento se considera normal en la primera infancia pero los padres deben evitar que esta conducta sea habitual.

Muchos padres se preguntan alarmados si es normal que sus hijos pequeños peguen o muerdan a otros niños o incluso a sus padres u otros adultos. Para responder a esta pregunta hay que tener en cuenta algunos factores como la edad del niño y el contexto en el que ocurre ese comportamiento. Es completamente normal que aparezca alguna forma de agresividad entre los 2 y los 4 años ya que en esta edad el niño tiene muy poca tolerancia a la frustración y se enfada cuando las cosas no ocurren como desearía. Como en esta edad los niños no dominan aún el lenguaje, manifiestan su frustración pasando a la acción, ya sea llorando, gritando, con rabietas, pegando, mordiendo, etc.

Los especialistas sostienen que no es raro este tipo de agresividad en los niños pequeños ya que es en esta etapa cuando empiezan a interactuar socialmente y de forma lógica surgen los primeros conflictos. Situaciones en las que dos niños quieren el mismo juguete, o el lápiz no pinta o se le derrumbó el castillo de arena son situaciones en las que el niño puede frustrarse y responder con agresividad.

Responder con una conducta agresiva de este tipo ante una frustración es un comportamiento habitual en los niños de esta edad, por ello los padres no deben alarmarse si sus hijos pegan o muerden en alguna ocasión a algún compañero de clase o a algún adulto.

Factores de influencia para una mayor agresividad
Si bien cada niño es un mundo, existen algunas situaciones que pueden predisponer a que el niño desarrolle un patrón de conducta más agresivo:

    Variables personales: niños con poco autocontrol, que muestran poco respeto a los demás y son emocionalmente inestables tienden a mostrar mayor agresividad entre sus iguales y adultos.
    Variables familiares: niños expuestos a situaciones complejas en el ámbito doméstico como el divorcio o separación de sus padres, u hogares con un ambiente negativo o el uso de métodos educativos no adecuados predisponen a que el niño sea más agresivo.
    Variables ambientales: los medios de comunicación y el entorno en el que se desarrolla y crece el niño también influencian en su comportamiento y modo de afrontar las situaciones frustrantes.
A continuación se listan una serie de recomendaciones para evitar la conducta agresiva en los niños:

    No ser indiferente a sus ataques.
    Ayudar al niño a exponer lo que le pasa con palabras.
    Normalizar el cómo se siente.
    Enseñarle que se puede reaccionar diferente cuando algo sale mal.
    No enfadarse o gritar.
    No responder a sus exigencias.
    Enseñarle a ser paciente.

La mayoría de niños, después de los 4 años, desarrollan el lenguaje y ganan habilidades en comunicación, de manera que van sustituyendo la conducta agresiva por una conducta más reflexiva y comunicativa.
Si la agresividad del niño no coincide con las edades esperables para éste comportamiento ni con los contextos esperables (situaciones de cambio como la muerte de un ser querido, mudanza, etc.) es conveniente consultar a un profesional que nos pueda aclarar la situación y orientar para resolverla.

Fuente: http://faros.hsjdbcn.org/

¡Cuento para sorprender!

Os adjuntamos este bonito cuento para trabajar la Autoestima con vuestros hijos e hijas recogido en la Web: www.demicasaalmundo.com

La manzana que quería ser estrella

¿Sabías que las manzanas guardan en su interior una perfecta estrella de cinco puntas (a veces de seis) ?

Mostrar este descubrimiento delante de los niños es una actividad de lo más entretenida y sorprendente, pero si además, les enseñas este hallazgo contándoles una bonita historia en forma de teatrillo de mesa, la experiencia se convierte en algo sensacional.

Existen varias versiones de este cuento, pero nosotros hemos montado nuestra propia versión para representar en casa.

La cara de Sunflower  cuando descubrió que dentro de la manzana se esconde una estrella, era para verla, y desde que contamos el cuento por primera vez ya ha jugado infinidad de veces a montar el teatrillo y contarlo.

La historia comienza así…

Había una vez una manzana que siempre había querido ser una estrella. Nunca quiso ser una manzana. Se pasaba los días pensando, ilusionada, cómo sería una vida brillando desde el cielo.

Cada mañana, sus compañeras manzanas la invitaban a unirse a sus charlas y conversaciones divertidas, pero la manzana, nunca quería participar, sólo deseaba ser una estrella.

Un buen día, viendo a una de las ovejas del pastor que balaba hacia el cielo, la manzana le preguntó: 

—¿Ovejita, tú sabes dónde duermen de día las estrellas?

La ovejita, sonriendo, le dijo:

—¿Acaso no sabes, querida manzana, que las estrellas están en el cielo día y noche? La gran luz del sol no nos permite verlas, pero ahí están, en el infinito cielo, siempre con luz. 

A la pobre manzana le entraron muchas más ganas todavía de ser una estrella en lo del alto cielo, y tener siempre luz. Pero era una manzana, y eso la ponía muy triste. 

Otro día la manzana le preguntó a la ardilla, que saltaba de una rama a otra  del manzano:

—Dime, ardilla, ¿las estrellas se mueven o están siempre en el mismo lugar?

La ardilla, sonriendo, le dijo:

—¿Acaso no sabes, querida manzana, que las estrellas se desplazan recorriendo todo el firmamento y a gran velocidad?

—Eso es así—confirmó el caracol.

Con cada cosa nueva que aprendía la manzana sobre las estrellas, le entraban muchas más ganas de convertirse en una de ellas.

Pasó la primavera y la manzana fue creciendo y madurando, triste, ansiando convertirse en estrella. No era feliz.

Llegó el verano, y un día, una familia se acercó hasta el manzano para organizar un picnic bajo su sombra.

Mientras preparaban la merienda, el padre de familia zarandeó el tronco del árbol para conseguir algunas manzanas.

Varias cayeron al suelo, entre ellas, la triste manzana que quería ser estrella.

La hija de la familia la cogió y la olió. Estaba feliz de haber encontrado una manzana tan hermosa para merendar. 

—Mamá, ¿puedo cortarla? 

—Claro cariño, pero hazlo con cuidado. 

La niña, que no sabía muy bien cómo cortar una manzana, la tumbó sobre el plato con el rabito hacia un lado y la partió en dos. 

Cuando separó los dos trozos, la niña se quedó asombrada al ver la estrella de seis puntas que aparecía en el corazón de la manzana. Emocionada, dijo a sus padres: 

—¡Mirad, mirad, qué maravilla! Aquí hay una estrella. 

La manzana había vivido triste toda la vida sin darse cuenta de que dentro de sí guardaba una hermosa estrella y de que, para mostrarla, tenía que abrirse y brindarse a los demás.

¿A que es un cuento precioso? Pues aquí lo tienes para descargar, por si te apetece imprimirlo para aprendértelo mejor y sorprender a tus hijos.

Por supuesto puedes adaptar la versión a los animalitos que tengáis en casa y por si te lo preguntas, funciona con todas las manzanas.

Fuente:http://www.demicasaalmundo.com