Situaciones Diarias que Conllevan a NO ser Responsables.

Os adjuntamos este artículo que creeemos puede resultar de interés:

Si queremos conseguir que nuestros hij@s y alumn@s adquieran el valor de las responsabilidades de manera progresiva, tenemos que tener en cuenta una serie de situaciones diarias que conllevan a todo lo contrario, a NO Ser Responsables. Veamos algunos ejemplos:

  1. Darles excusas que pueden adoptar de inmediato, como forma de eludir responsabilidades: “Eres muy pequeño para entender eso”, “No habrías podido evitarlo”. Cuando pase algo por alguna acción que hayan realizado, no maquilles o excuses la situación, afróntala.
  2. Poner más atención en quién tiene la culpa, en vez de buscar soluciones. Elimina de tu hogar y de tu aula el síndrome “¿quién es el culpable?” y reemplázalo por “vamos a buscar una solución”.
  3. Acusar a los demás. Si ellos son los responsables de una situación, deben ser sinceros con ellos mismos y acarrear con las consecuencias.
  4. Castigarlos por decir la verdad conlleva a que en el futuro las mentiras y las excusas sean una alternativa mucho más razonable. Enséñales a que tú respetas la verdad.
  5. Usar la frase “no es culpa mía” como parte habitual de tus conversaciones.
  6. Darles excusas genéticas. Deja de hacer comentarios que les animen a creer que han heredado tus rasgos y talentos personales o tus miedos y defectos: “Eres igual que tu abuelo”, “A tu madre también le costaba leer”.
  7. Hacer sus deberes porque a ell@s les resultan difíciles.
  8. Hacer cualquier cosa para evitar una confrontación con ell@s.
  9. Dejarles que gobiernen la casa con sus comportamientos y actitudes incontrolables.
  10. No dejarles expresar sus propias opiniones ni defender sus puntos de vista.
  11. Exigirles que te respeten siendo un adulto@ que los atemoriza.
  12. Prohibirles que pregunten sus dudas cortándoles su creatividad por querer ser autoritarios en vez de enseñarles a ser autodisciplinados.
  13. Hacer que te pidan permiso para hacer o decir cualquier cosa que piensen, digan, sientan o hagan.
  14. Negarse a escuchar sus sugerencias.
  15. No pedir nunca su opinión sobre asuntos del hogar, la familia y el aula en las decisiones que todos los días tienen que ver con la vida en común.
  16. Ignorar su crecimiento interior burlándose de sus sentimientos o sus intentos de expresarse. Preferir en cambio que complazcan a los demás, que actúen como ellos y hagan lo que hacen todos.

Recuerda, que nuestros hij@s o alumn@s no sean responsables, viene determinado por algunas acciones que nosotros mismos (docentes y familias) hemos ido llevando a cabo y, sin darnos cuenta, afecta al grado de responsabilidad que tiene un niñ@, como se nos muestra con ironía en el Decálogo para formar a un delincuente.

Fuente: Conectacontuhijo.com

Estilos Educativos

Os adjunto este artículo sobre los disitntos estilos educativos que podemos ejercer y que nos puede resultar de interés:

Hoy tratamos sobre los estilos paternos, es decir, las distintas formas en que los padres se comportan y los efectos sobre el desarrollo y la personalidad del hijo. Los parámetros que manejamos para definirlos son dos:

Afecto y comunicación: grado en que los padres tienden a mostrar su afecto e incondicionalidad, a premiar las conductas, a tratar verbalmente con el niño trabajando la parte cognitiva de los asuntos.

Control y exigencia: grado en que los padres imponen normas o límites a la conducta de los hijos, haciéndoles seguimiento de su ejecución, pidiendo una calidad en el proceso y el resultado.

Combinando estos parámetros señalamos los tres principales (permisivos, autoritarios y democráticos), aunque sabemos que no existen los tipos puros. Y para que ahorréis vuestro valioso tiempo, vedlo de la manera más fácil en este esquema:

Ahora ya sabéis distinguir qué estilos probabilizan qué rasgos de personalidad en la crianza, teniendo la prudencia de comprender que entre unos y otros existe una relación o inferencia lógica y estadística pero no absoluta. Saberlo nos sirve para identificar qué hacemos bien, qué hacemos mal, y qué podríamos mejorar como padres, pensando en la meta que nos gustaría y dando a los pequeños las capacidades más versátiles y útiles posibles para su autonomía y felicidad. Claramente debemos cuidar el plano cognitivo (hablar, razonar, explicar…) a la vez que el plano conductual (manejo de las consecuencias hacia los comportamientos). Centrarnos en un sólo plano nos asegura un mal resultado.

Fuente:alikindoi.com

Las emociones que nos protegen.

Os adjuntamos este artículo que consideramos puede resultar de interés para saber más acerca de las «emociones«:

Durante una clase de una universidad, el profesor usó a los alumnos como sujetos de un estudio. Se le dio a cada uno un trozo pequeño de papel en blanco y se les dijo que pusieran un único deseo. Al cabo de unos minutos, se recogió cada trozo de papel, el 98% de los alumnos había escrito ‘ser feliz’.

Así que, este improvisado estudio y replicado en otras ocasiones con mejor metodología, parece demostrar que el ser humano busca la felicidad, por encima de otras cosas.

Sin embargo, esa búsqueda de la felicidad incasable, nos hace rechazar o no valorar las emociones más conocidas como negativas como; la tristeza, el enfado, el miedo, el asco. Las cuales, tradicionalmente, tienen una fama bastante mala, no obstante también tienen su importancia.

Las emociones son reacciones psicofisiológicas de las personas ante situaciones relevantes, éstas reacciones, producen cambios en la experiencia afectiva, en la activación fisiológica y en la conducta. Además, desde el punto de vista psicológico, emociones como la alegría, el miedo, la ansiedad o la ira, son emociones básicas que se dan en todos los individuos de las diversas culturas y forman parte de la comunicación con los demás que a su vez, pueden actuar como motivadoras conductuales.

Las emociones, clásicamente se dividen en dos tipos, las emociones conocidas por emociones positivas y las emociones conocidas como negativas. No obstante la emoción en sí no es ni positiva ni negativa, ya que la emoción es una reacción, lo que es positivo o negativo, es la experiencia que la persona vive como agradable o desagradable.

A pesar, de que emociones como la ira, el miedo, la tristeza y el asco tengan una fama tan mala, cumplen su función, y esa función es meramente adaptativa, es decir, estas reacciones tienen una función preparatoria para que las personas puedan dar una respuesta adecuada a las demandas del ambiente.

El miedo:

El miedo se define como una respuesta del organismo que se desencadena ante una situación de peligro o amenaza, cuyo objetivo es dotar al organismo de energía para anularlo o contrarrestarlo mediante una respuesta. Este mecanismo funciona de manera adaptativa y pone en marcha los dispositivos de alerta.

La ira:

Esta emoción siempre está presente en situaciones de conflicto, bien o con otros o con nosotros mismos. Sentir ira en circunstancias de conflicto o malestar nos predispone a la acción en un intento de protegernos de aquello que nos hace daño. La ira bien gestionada también aporta beneficios en nuestra vida. Es importante que juegue a nuestro favor en vez de a nuestra contra.

El asco:

Se trata de una emoción protectora, ya que nos protege de la ingestión oral de sustancias y objetos peligrosos. La mayoría de las reacciones por asco se generan por condicionamientos interoceptivos. Con lo cual el asco también cumple una función protectora al organismo.

La tristeza:

Al igual que cualquier otra emoción, la tristeza tiene una función filogenética adaptativa, para lograr la atención y el cuidado de los demás, construir un modo de comunicación en situaciones de pérdida, separación o desilusiones. También nos permite establecer distancias con las situaciones dolorosas para impulsar la interiorización y la superación de la situación. La tristeza nos ayudar a empatizar con la tristeza de los otros y así crear redes de apoyo y consuelo.

Existe una delgada línea entre la emoción y la patología, por ejemplo la tristeza continuada se puede convertir en una depresión o el miedo en alguna fobia, sería en este caso continuado lo que no es bueno experimentar. Ante una emoción negativa, lo que sucede es que el comportamiento humano la transforma en otra positiva, es decir, experimentar asco es una experiencia desagradable, pero ha servido para evitar un envenenamiento. No permitir regocijarnos en la experiencia negativa.

No hay que olvidar que todas las emociones como tales, no las podemos dejar de sentir, de nada vale reprimir la emoción, ya que es como el agua, siempre buscará una salida. A veces, pese a que pueda hacernos experimentar situaciones poco agradables, las emociones son necesarias, para reflexionar, darnos cuenta de lo que nos ocurre, un respiro, un punto de inflexión, experimentarla y poder seguir adelante. Por otro lado, si la emoción aporta una experiencia agradable, hay q disfrutarla en su esplendor.

Fuente:activaymente.es

Resilencia: explicada por y para niños.

La resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Significa «rebotar» de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte.

Video

La investigación ha demostrado que la resiliencia es ordinaria, no extraordinaria. La gente comúnmente demuestra resiliencia. Un ejemplo es la respuesta de las personas en los Estados Unidos a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y sus esfuerzos individuales para reconstruir sus vidas.

Ser resiliente no quiere decir que la persona no experimenta dificultades o angustias. El dolor emocional y la tristeza son comunes en las personas que han sufrido grandes adversidades o traumas en sus vidas. De hecho, el camino hacia la resiliencia probablemente está lleno de obstáculos que afectan nuestro estado emocional.
La resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene. Incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona.

 

 

 

 

 

El poder de las palabras: enseñar a los niños a enfrentarse a los insultos.

Os adjuntamos este artículo, que consideramos os puede resultar de interés:

Las palabras tienen un tipo de poder que puede afectar a todas las personas, sin importar la edad que tengan. Los insultos son habituales en el patio de las escuelas, donde muchos niños que no son capaces de expresar adecuadamente sus emociones, se escudan en el insulto como la vía más rápida para llamar la atención de forma negativa de otro. Los adultos, o la gran mayoría, tienen estrategias suficientes para poder hacer frente a este tipo de palabras ofensivas, pero los niños se pueden quedar paralizados ante estas situaciones. Es necesario que aprendan nuevas habilidades sociales y comunicativas para poder hacer frente a esas situaciones y no dar poder a esas palabras dentro de su estado emocional.

Cuando se reciben insultos

Las palabras ofensivas o los insultos suelen invitar en la mayoría de los casos a reacciones violentas, incluyendo un incremento de burlas, insultos, comentarios despectivos y desprecios. En las escuelas los maestros tienen que lidiar con este tipo de lenguaje ofensivo, puesto que son algo bastante habitual, y es que las palabras ofensivas es un problema grave donde muchos niños tienen que hacer frente por su cuenta.

Si no tienen las habilidades suficientes, pueden sentir que esas palabras tienen demasiado poder sobre ellos e incluso, pueden creer en forma de etiqueta, que lo que se les dice, es cierto. Por ejemplo; ‘tonto’, ‘gordo’, ‘retrasado’, son etiquetas e insultos fuertes que los niños pueden creer como características ciertas de su persona.

Estrategias para hacer frente a los insultos

Hay formas eficaces de hacer frente a los insultos y que se reduzca el poder de esas palabras en quienes las recibe. Lo principal es reducir la conexión emocional de las palabras porque cuando se les quita el poder, ya no nos pueden controlar, ni tampoco hacer daño emocional.

Los niños -y los adultos- pueden tener cierta dificultad para aprender este tipo de habilidades, y aprenderlo puede cambiar la vida de la forma más poderosa: no se puede permitir que otros controlen el propio comportamiento. No te pierdas algunas de las estrategias para que los niños (y adultos) puedan hacer frente a los insultos.

Crear una nueva imagen mental

Los niños deben pensar en todas esas palabras que hieren sus sentimientos y que escuchan cada día. Haced una lista escrita. Después, enseña a los niños a imaginar a esa persona diciendo esas palabras vestido de forma rídicula o con una imagen mental graciosa. Se puede utilizar cualquier imagen que se vea ridícula y haga reír. Después, las palabras ofensivas deberán tener otro significado más neutral, por ejemplo: ‘tonto’, puede pasar a significar: ‘plátano’.

Pueden tardar semanas en reemplazar las emociones de odio hacia las palabras malsonantes y empezar a sentir otra emoción más agradable. Quizá no funcione con todos los niños, pero sí puede funcionar con muchos, solo se necesita tiempo para practicarlo. Además, esta técnica puede hacer que el niño sonría o se sienta bien, entonces la persona que insulta verá que sus palabras no tienen poder, y dejará de usarlas.
Entender por qué los demás insultan

¿Por qué los demás insultan? ¿Los insultos ayudan? Los niños se darán cuenta de que los insultos solo son una forma para que otro se sienta mal, para hacer daño. Una vez que sepan que los insultos son para hacer daño, deberán aprender  qué decir para demostrar que esas palabras no tienen poder sobre ellos ni sus emociones. Algunas respuestas a este tipo de agresión pueden ser:

  • No entrar en el círculo de la violencia, ni física ni verbal. Así no se da poder al agresor verbal.
  • Hacer caso omiso de las palabras, la indiferencia es la mejor arma.
  • Responder con amabilidad y responder con palabras ingeniosas o halagos.

Los niños deben aprender a que son ellos quienes tienen el control de las palabras ofensivas o de este tipo de situaciones. Son ellos quienes deciden el grado de afectación de esas palabras en su persona.

Fuente:Etapainfantil.com

Aprender a gestionar la rabia y el enfado.

Os adjuntamos esta seleccón de cuentos para gestionar algunas emociones, visto en «Cuentos para crecer», esperamos que os sea de utilidad.

El enfado es una emoción básica que sentimos todos. Sin embargo, cuando se pierde el control, el enfado se vuelve destructivo. ¿Cómo ayudar a los más pequeños a gestionar esta emoción?

La manera natural de expresar el enfado y la rabia consiste en responder de forma agresiva. Es la respuesta intuitiva ante la percepción de amenazas físicas o verbales. Sin embargo, responder agresivamente a cada situación de amenaza no es sano ni seguro. Por lo tanto, es importante enseñar a los niños, desde pequeños, formas saludables de controlar su ira.

¿Cómo se manifiesta el enojo según las edades?

En la primera infancia, los niños comienzan a adquirir la capacidad de reprimir los impulsos de agresión física (como empujar, golpear, pellizcar, morder, gritar, etc.) cuando están enfadados. Sin embargo, es frecuente que los niños recurran a conductas de violencia física (arrojan juguetes, empujan o golpean a sus padres o compañeros).
A medida que crecen, los niños adquieren habilidades lingüísticas más complejas y empiezan a desarrollar la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Adquieren empatía y llegan a comprender mejor el efecto de sus actos y palabras en los demás . Con los años, ya deberían saber expresar su enojo con palabras y no físicamente. Sin embargo, los niños con dificultades para hablar o para dominar sus impulsos suelen luchar para controlar sus sentimientos de enojo y pueden responder usando la fuerza física, los gritos o negándose a obedecer las normas escolares o familiares.

¿Qué pueden hacer los padres?

Los padres pueden estimular la adquisición de habilidades eficaces para manejar el enojo de las siguientes maneras:

  • Ayudándolos a desarrollar la empatía .
  • Enseñándoles que puede admitirse cualquier sentimiento pero no cualquier comportamiento .
  • Cada situación que lleva a tu hijo a afrontar sentimientos de enfado es una oportunidad de aprendizaje. ( * Fuente NYU Child Study Center)

Leer y reflexionar conjuntamente sobre el enfado y la rabia es una excelente manera de aprender estrategias de control. Las propuestas que os presentamos a continuación son una buenísima excusa para conversar conjuntamente adultos y niños sobre dos sentimientos muy comunes :la rabia y el enfado. Los libros que os proponemos además de presentar el reconocimiento del sentimiento pero sobre todo presentan una estrategia de resolución .

1. ¿No hay nadie enfadado? Toon Tellegen

Descripción
Doce cuentos sobre enfados protagonizados por animales. Un elefante que se reprocha a sí mismo su empeño en trepar a los árboles; una lombriz y un escarabajo que compiten por demostrar quién está más enfadado; un cerdo hormiguero que debe permanecer boca abajo para conservar su buen humor; un bogavante que trata de vender enfados a un ingenuo ratón, etc.

Por qué nos gusta

Un excelente material para reconocer el enfado y las consecuencias de no controlar las emociones. Un relato construído de pequeños relatos.

2. Cuando Sofía se enoja, se enoja de veras. Molly Bang

Descripción
Esta historia trata de una niña llamada Sofía que se enoja porque su hermana le quita el gorila que ella usaba mientras jugaba. Su enojo es tal que la hace pataletear, gritar, correr y llorar. Luego, se calma al contemplar la naturaleza y regresa a su casa donde su familia la recibe con mucha alegría y ella ya no está enojada.

Por qué nos gusta

Nos gusta por las ilustraciones , por qué le dan color a las emociones y sensaciones que va experimentando el personaje principal del cuento. Por lo que hay una transformación de colores intensos y cálidos rojos, anaranjados, violetas y rosados que presentan el enojo; a colores fríos como azul, verde, blanco y pequeños tonos de amarillo.  Cuando llega a la casa, luego de calmarse, los colores se armonizan .

Permite que el niño o la niña puedan reflexionar acerca de sus experiencias y vivencias que le causan enfado y a crear estrategias que les permita canalizar sus emociones de una forma efectiva no agresiva. Sirve como recurso para trabajar las relaciones entre los miembros de una familia, particularmente las relaciones entre hermanos.

3. La cola del dragón. Mireia Canals.

Descripción
A Javier, el pequeño protagonista, le crece una cola de dragón cuando siente rabia. Todos tenemos un mal día, que en el caso de Javier empieza con el no de su madre de comprarle más gomas, el juego de moda del momento. Y empieza a sentir la fastidiosa rabia, que hace que le salga una larga y verde cola de dragón. Y es cuando explotas y empiezas a dar golpes con los pies y las manos. Es tanta la rabia de Javier, que cuando abre los ojos se da cuenta que se encuentra en una habitación oscura y fría en donde advierte de todos los juguetes que ha roto cuando apareció su enorme cola de dragón.

Por qué nos gusta
Este libro trabaja las consecuencias del autocontrol, la rabia es una emoción fuerte que si no controlamos tiene unas consecuencias nefastas a través de la mirada de Javier veremos qué pasa si no nos controlamos y juntos reflexionaremos sobre cómo podemos controlarla.

4. Emma enfadosauria. Brain Moses

Descripción
Emma Enfadosauria se enfada por todo: si no puede ver lo que quiere en la tele, si no gana a los juegos, si sus hermanos reciben algún regalo? A veces, incluso, ruge, patalea o golpea alguna puerta. ¿Cómo conseguirá Emma calmarse?

Por qué nos gusta
Identifica situaciones de la vida cotidiana de los niños y trabaja el autoconocimiento (identificar la emoción, qué la desencadena etc) y a la vez genera una buena resolución de control de la emoción. Sencillo pero efectivo.

5. ¡NO! Tarecy Corderoy

Descripción

Esta es la historia de un pequeño rinoceronte que descubre una palabra nueva y la convierte en su respuesta favorita para todo: “Todo el mundo decía que Rino era encantador, hasta que, un buen día, aprendió a decir NO. ¡Un divertido cuento con la mejor receta para superar rabietas!”.

Por qué nos gusta

Una buena opción para reflexionar acerca de las rabietas.

Fuente: cuentosparacrecer.org

 

¿A qué edad hay que darle a un niño el móvil?

En el 2016, la edad media en que un niño entraba en internet en España estaba en los 7 años y a los 10 años ya tenía su propio móvil, que suele ser su primer dispositivo personal para acceder a la red, según el estudio ‘Net Children Go Mobile’ de 2016, de la Universidad del País Vasco para Red. Pero esto puede haber bajado ya, porque la tendencia a lo largo de los años ha sido que sean internautas cada vez más jóvenes.

Los expertos recomiendan, sin embargo, retrasar la edad el mayor tiempo posible. «Cuanto más tarde mejor», sentencia Juan Carlos Pascual, psiquiatra del Hospital de Sant Pau de Barcelona. «A los 10 años, incluso más mayor el un niño todavía tiene dificultades para identificar los riesgos y para autocontrolarse», indica este especialista, miembro del Grup d’Estudi i Tractament de les Autolesions (GRETA). En todo caso, admite, como a partir de la adolescencia la presión social que ejercen los amigos es enorme, «hay que introducirlos en el uso de los móviles, las tabletas y las redes sociales de forma progresiva, paulatina y muy controlada».

El psicólogo Marc Masip, que trata adicciones generadas por el uso del móvil propone incluso los 16 años como edad mínima. «Una vez que el mal uso genera un problema real, ya no hay marcha atrás. Hablamos de una adicción o simplemente de que te atropellen porque no estás atento cuando cruzas una calle. Quizás no somos suficientemente conscientes de que tener un móvil, como todo en la vida, comporta una serie de consecuencias», señala el psicólogo, que alerta de los efectos que el uso excesivo tiene sobre el rendimiento escolar de los menores.

Fuente:Elperiodico.com

Inteligencia Emocional: el secreto para una familia feliz

Os adjuntamos hoy esta guía escrita por Crisitna Muñoz Alustiza y publicada por la Comunidad de Madrid, que nos ayudará a gestionar las emociones.

Guía en PDF

Si pensamos en la vida diaria de nuestra familia, seguramente nos vienen a la cabeza recuerdos de situaciones muy diversas.
Por una parte, encuentros entrañables compartidos con seres queridos y con los cuales los vínculos afectivos y personales proporcionan una confianza y sentimientos especiales.
Por otra, momentos de dificultad en los que la convivencia y el entendimiento de unos con otros así como el manejo de las emociones que tienen lugar ante una discusión, un conflicto o un cambio se convierte en un reto para la familia.
Desde que comenzamos a relacionarnos con otros al hacernos mayores, empezamos a percibir la complejidad que se esconde detrás de la comunicación entre personas.
Sin embargo, al convertirnos en padres, tomamos además conciencia de la dificultad educar y enseñar a nuestros hijos en este sentido.
¿Cómo manejar las propias emociones en la relación con los diferentes miembros de la familia, especialmente los hijos, en sus distintas edades?
¿Cómo ser sensibles a sus emociones y acompañarles a medida que van pasando las diferentes etapas del desarrollo?
¿Cómo crear un ambiente familiar que promueva la expresión y comunicación de los sentimientos?
¿Cómo ayudar a nuestros hijos a que tengan un mejor control en situaciones de dificultad y de toma de decisiones sobre su futuro y sus relaciones?
Ninguna herramienta surte efecto por obra de la magia o la casualidad, sino que requiere de voluntad para ser aprendida e integrada, y finalmente servir de manera práctica y real en el día a día.
Propondremos en estas páginas algunos puntos básicos, empezando por una aproximación teórica.
A continuación plantearemos dinámicas, juegos o casos sobre los que poder reflexionar.
Finalmente, quedará en sus manos la tarea de llevar la teoría a la práctica.

Claves prácticas para fomentar el autocontrol.

Si tenemos que ordenar un armario de nuestra casa, que lleva mucho tiempo desordenado, y que estamos evitando hacer una y otra vez, seguramente nuestro cerebro generará múltiples alternativas más agradables que realizar en ese momento. Y las posibilidades de ver una película o tumbarnos a escuchar música aumentan hasta el punto de convencernos de ordenar el armario en otro momento. Y somos adultos. Reajustamos la realidad con bastante facilidad. Pues imaginemos nuestro hijo o hija, a la hora de realizar una tarea que no le gusta, la de cosas más divertidas que puede generar su cerebro.
Entre una conducta que a la larga puede ser perjudicial, pero que de momento es muy agradable, y otra conducta que cuesta esfuerzo al principio, pero puede ser muy beneficiosa al final, ¿qué elegiríamos?, ¿qué elegiría nuestro hijo o hija?
Auto, que proviene del griego, significa por sí solo. Y control, más o menos, significa dominio o mando. Es decir, autocontrol sería el mando sobre uno mismo, el dominio que se puede ejercer por sí solo. Fomentar el autocontrol, por tanto, es un objetivo educativo.

Os adjuntamos PDF de esta Guía Práctica publicada por la CEAPA y que consideramos puede resultar de vuestro interés:GUIA PDF

Fuente: CEAPA

Manual para padres de adolescentes en redes sociales.

Os dejamos este artículo visto en «El Periodico», que creemos puede resultar de interés para las familias:

«A ver, las niñas del instituto que se dedican a colgar vídeos bailando ‘twerking’ o poniendo verdes a otras son las mismas que salen de fiesta por la noche hasta las tantas o que se saltan clases para fumar porros. Lo que hacen en internet no es tan distinto de lo que hacen en la vida real… y si sus padres no se enteran es porque quizás nunca se han preocupado demasiado”. La reflexión, formulada por una estudiante de 15 años, viene como anillo al dedo para ilustrar la primera de las conclusiones que extraen los especialistas que investigan sobre la relación que mantienen los jóvenes con las redes sociales. Ellas, las adolescentes rebeldes, saben lo que están haciendo: saltarse los límites. A sus padres no les vale la excusa de que no dominan la tecnología y el mundo digital.video

“Es normal que los jóvenes sientan curiosidad por experimentar cómo es la vida adulta, que lleven algunas situaciones al límite, en la vida real y en la vida virtual”, observa Juan Carlos Pascual, psiquiatra en la Unidad de Adicciones Comportamentales del Hospital de Sant Pau de Barcelona.

¿Hasta dónde llega la responsabilidad de los padres? ¿Cuál es su margen de maniobra para impedir que los hijos caigan en las redes del ‘ciberbullying’ o de retos como la cruel Ballena Azul, que lleva a los participantes a autolesionarse? “Los padres son padres y han de ejercer como tales. Nadie dijo que fuera a ser fácil y es a ellos a quienes corresponde fijar las reglas sobre el uso de los móviles y las tabletas, como fijan otras tantas en casa”, prosigue el doctor Pascual.

“Esas normas han de estar claras para los niños, pero eso no exime a los adultos de estar siempre atentos, controlándolos”, agrega. Uno de los peligros, advierte el psiquiatra, son las adicciones. Sabe de lo que habla.

Y aunque las jóvenes generaciones conocen bien los peligros de la red (llevan años recibiendo charlas en la escuela), a los padres no les resulta fácil hacer esa supervisión. Aquí van algunos consejos para tratar, al menos, de no equivocarse demasiado.

1. Hablar con los hijos, interesarse por lo que hacen en internet y en las redes sociales.

2. Familiarizarse con los conceptos más habituales y aprovechar la ocasión para promover debates en familia.

3. Concienciar sobre la importancia de la privacidad, enseñar que no todo vale y que no hay que facilitar datos innecesariamente.

4. Inculcar valores, enseñar la diferencia entre un amigo real y un ‘amigo’ virtual, un me gustas y un ‘like’.

5. Hacerles pensar en el futuro, en si se sentirán orgullosos de las fotos que cuelgan ahora.

6. Reflexionar sobre por qué una red social no admite usuarios por debajo de una cierta edad.

7. Limitar horarios de uso de móviles y tabletas para que no interfieran con la vida familiar.

8. Crear espacios comunes de uso de las tecnologías, sobre todo si hay niños pequeños y se quiere controlar qué hacen.

9. Utilizar sistemas de control parental si se quiere rastrear la actividad en internet o limitar el tiempo.

10. Ayudarles a que se responsabilicen de sus actos y busquen soluciones.

Fuente:elperiodico.com