Las emociones que nos protegen.

Os adjuntamos este artículo que consideramos puede resultar de interés para saber más acerca de las “emociones“:

Durante una clase de una universidad, el profesor usó a los alumnos como sujetos de un estudio. Se le dio a cada uno un trozo pequeño de papel en blanco y se les dijo que pusieran un único deseo. Al cabo de unos minutos, se recogió cada trozo de papel, el 98% de los alumnos había escrito ‘ser feliz’.

Así que, este improvisado estudio y replicado en otras ocasiones con mejor metodología, parece demostrar que el ser humano busca la felicidad, por encima de otras cosas.

Sin embargo, esa búsqueda de la felicidad incasable, nos hace rechazar o no valorar las emociones más conocidas como negativas como; la tristeza, el enfado, el miedo, el asco. Las cuales, tradicionalmente, tienen una fama bastante mala, no obstante también tienen su importancia.

Las emociones son reacciones psicofisiológicas de las personas ante situaciones relevantes, éstas reacciones, producen cambios en la experiencia afectiva, en la activación fisiológica y en la conducta. Además, desde el punto de vista psicológico, emociones como la alegría, el miedo, la ansiedad o la ira, son emociones básicas que se dan en todos los individuos de las diversas culturas y forman parte de la comunicación con los demás que a su vez, pueden actuar como motivadoras conductuales.

Las emociones, clásicamente se dividen en dos tipos, las emociones conocidas por emociones positivas y las emociones conocidas como negativas. No obstante la emoción en sí no es ni positiva ni negativa, ya que la emoción es una reacción, lo que es positivo o negativo, es la experiencia que la persona vive como agradable o desagradable.

A pesar, de que emociones como la ira, el miedo, la tristeza y el asco tengan una fama tan mala, cumplen su función, y esa función es meramente adaptativa, es decir, estas reacciones tienen una función preparatoria para que las personas puedan dar una respuesta adecuada a las demandas del ambiente.

El miedo:

El miedo se define como una respuesta del organismo que se desencadena ante una situación de peligro o amenaza, cuyo objetivo es dotar al organismo de energía para anularlo o contrarrestarlo mediante una respuesta. Este mecanismo funciona de manera adaptativa y pone en marcha los dispositivos de alerta.

La ira:

Esta emoción siempre está presente en situaciones de conflicto, bien o con otros o con nosotros mismos. Sentir ira en circunstancias de conflicto o malestar nos predispone a la acción en un intento de protegernos de aquello que nos hace daño. La ira bien gestionada también aporta beneficios en nuestra vida. Es importante que juegue a nuestro favor en vez de a nuestra contra.

El asco:

Se trata de una emoción protectora, ya que nos protege de la ingestión oral de sustancias y objetos peligrosos. La mayoría de las reacciones por asco se generan por condicionamientos interoceptivos. Con lo cual el asco también cumple una función protectora al organismo.

La tristeza:

Al igual que cualquier otra emoción, la tristeza tiene una función filogenética adaptativa, para lograr la atención y el cuidado de los demás, construir un modo de comunicación en situaciones de pérdida, separación o desilusiones. También nos permite establecer distancias con las situaciones dolorosas para impulsar la interiorización y la superación de la situación. La tristeza nos ayudar a empatizar con la tristeza de los otros y así crear redes de apoyo y consuelo.

Existe una delgada línea entre la emoción y la patología, por ejemplo la tristeza continuada se puede convertir en una depresión o el miedo en alguna fobia, sería en este caso continuado lo que no es bueno experimentar. Ante una emoción negativa, lo que sucede es que el comportamiento humano la transforma en otra positiva, es decir, experimentar asco es una experiencia desagradable, pero ha servido para evitar un envenenamiento. No permitir regocijarnos en la experiencia negativa.

No hay que olvidar que todas las emociones como tales, no las podemos dejar de sentir, de nada vale reprimir la emoción, ya que es como el agua, siempre buscará una salida. A veces, pese a que pueda hacernos experimentar situaciones poco agradables, las emociones son necesarias, para reflexionar, darnos cuenta de lo que nos ocurre, un respiro, un punto de inflexión, experimentarla y poder seguir adelante. Por otro lado, si la emoción aporta una experiencia agradable, hay q disfrutarla en su esplendor.

Fuente:activaymente.es

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