Inteligencia emocional: Las emociones en la vida del niño

 Os adjuntamos este artículo de Cristina López de Urda Roldán, que nos habla de la Inteligencia emocional en la infancia:
Las emociones formanemociones parte de la vida, de nuestro día a día. Todas son necesarias y tienen su función. Por ello, debemos enseñarles a nuestros hijos y alumnos a identificarlas, gestionarlas y vivirlas, todas, sin excepción, incluidas las que consideramos negativas: el miedo, la tristeza, el enfado…
Por sobreprotección, hay una tendencia  a evitar estas últimas: no queremos que estén tristes, que pasen malos ratos… nos gustaría que estuvieran felices y contentos todo el tiempo. Pero esto no es real, la vida no es eso, ni debemos crear la expectativa de que así debe ser.
La vida es un compendio de situaciones que conllevan emociones, momentos agradables, menos agradables y de nosotros depende el cómo gestionarlos para adaptarnos, aceptarlos y aprender en el camino.
Así, en este post,  quiero daros sugerencias sobre cómo trabajar las emociones con los niños:
 
Para identificarlas en uno mismo:
 
  • Cuando los niños no saben hacerlo todavía, debemos ponerles nombre nosotros «¿qué te pasa estás triste? ¿ te has enfadado?»
  • Un libro que nos puede ayudar a esto es «El monstruo de colores» de Anna Llenas. Donde éste tiene todas las emociones desordenadas y una niña le ayuda a ponerlas cada una en su sitio e identificarlas por colores. También está el «Emocionario». Os dejo este enlace donde podéis ver cómo trabajar con él por tramos de edad.
  • www.palabrasaladas.com/emocionario.html
 Para reconocerlas en el otro:
  • Podemos hacerles reflexionar acerca de lo que les puede pasar a los demás. «Mira qué contento está tu hermano» «Eso que acabas de hacer no me ha gustado, me has enfadado» «¿Has visto lo triste que se ha puesto tu amigo cuando le has quitado el juguete?»
  • Es importante que sean conscientes de las emociones de los demás, esto les ayudará en sus relaciones sociales pues la interacción con otra persona depende también de las emociones que intervengan.

Para expresarlas:

  • Un ejercicio que me gusta mucho es el de expresar cómo nos sentimos, al comenzar el día o al terminar. Como he comentado antes, podemos ayudarles a hacerlo si son muy pequeños, verbalizándolo nosotros.
  • Realizar un diario de las emociones de cada día, donde dibujaremos cómo nos sentimos: con caritas, colores (podemos basarnos en los del «monstruo de colores»)…
  • Tener un momento al día de conversación nos puede ayudar y podemos establecer una rutina de comunicación que fomente la confianza.
  • Si queremos que expresen lo que sienten, debemos mostrarnos interesados hacia lo que nos cuentan, escucharles, sin juzgar, dedicarles un tiempo. Esto hará que en un futuro cuando tengan un problema tengan la confianza de contárnoslo.

Para gestionarlas:

  • Éste es un aprendizaje que realizaremos a lo largo de nuestra vida, con las situaciones que nos vayamos encontrando. Por ello, como he comenzado hablando en este post, no debemos evitar ciertas situaciones porque nuestros hijos no experimenten emociones, que nosotros consideramos negativas (la tristeza, el miedo, el enfado…). Traducido en situaciones sería lo siguiente: no ceder ante algo que sabemos que el niño no debe hacer, porque se vaya a enfadar o tener una rabieta; no evitar situaciones que le den miedo (no asistir a fiestas porque al niño le den miedo los globos, los payasos…); ocultar información porque el niño se pueda poner triste (no decirle que se ha muerto su mascota).
  • Debemos acompañarles para que aprendan a gestionarlas, pero deben vivenciarlo ellos mismos. Ante una situación como las que he descrito anteriormente, intentaremos racionalizarla y darle una explicación coherente y adaptada a su pensamiento sobre lo que ha pasado y lo que experimenta.
  • Que vean cómo lo hacemos nosotros, cómo también vivimos diferentes emociones,  que no siempre estamos contentos. A veces me preguntan los padres que si hay que ocultarles que lloramos, por ejemplo. No pasa nada porque nos vean llorar en un momento determinado, eso nos hace humanos, los papás también nos ponemos tristes y llorar es una manera de expresarlo. Es una emoción más. Evidentemente, no vamos a cargar al niño con nuestras preocupaciones, pero si podemos decirles que estamos tristes porque hay algo que nos ha puesto así, sin más, pero que no pasa nada, que es algo normal.
  • Somos modelos, ellos copiarán la conductas que realicemos ante determinadas situaciones, que no se nos olvide.
La educación emocional es tan o más importante que la adquisición de conocimientos porque sin ella no podremos desenvolvernos ni hacerlos útiles. Por tanto, no la dejemos de lado.
«Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto» Aristóteles
                                      
                                                Y tú, ¿cómo estás hoy?
 
 
 
Fuente: Cristina López de Urda Roldán

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