Modelo educativo centrado en soluciones.

En este artículo se trata de mostrar la utilidad del modelo centrado en soluciones para la orientación y la intervención escolar. Se explican los conceptos básicos del modelo, se describe el proceso de intervención y se presentan algunas de las principales técnicas centradas en soluciones. Finalmente, se enumeran algunas aplicaciones específicas al ámbito escolar y se remite a las investigaciones empíricas que documentan su efectividad.

Esperamos que os sea de utilidad a Educadores y Familias.

Modelo educativo centrado en soluciones.pdf

 

¡Paciencia! Evite perderla con sus hijos e hijas.

De un momento de descontrol emocional y falta de paciencia, pueden salir palabras y actos desafortunados que afectan tanto a los hijos como a los padres. Y es que dentro de todo lo maravilloso que imA father is threatening his little boy with a fingerplica formar un hijo, también surgen momentos difíciles que retan a los adultos a poner en práctica su formación como padres, y la propia madurez.

Al corregir hay que controlar la ira, o por lo menos dominarla. Mantener sereno el espíritu, evitar la dureza o el desprecio en la mirada, y las palabras hirientes.” Señala el autor Javier Abad Gómez en uno de sus escritos. Y es que el cansancio, el estrés, los problemas, el desconocimiento de la labor educativa, las limitaciones del carácter; son algunos de los factores que hacen vulnerables a los progenitores, pues es natural que durante el proceso educativo de los hijos, se presenten situaciones frustrantes que ponen a prueba a los adultos no sólo como padres, sino como seres humanos.

Por eso la necesidad de cultivar la paciencia, la cual provee el autodominio cuando no se puede controlar una situación determinada. Así que por el bien de los hijos y de los padres, se debe evitar perder la paciencia, las siguientes tácticas ayudan en este propósito:

Sea paciente con usted mismo. Para ser paciente con los demás, primero hay que ser paciente uno mismo. Esto implica aprender a auto-regularse, es decir, a respirar profundo y actuar de manera calmada y respetuosa.

Sea firme pero no violento. Una autoridad asertiva es aquella que siempre parte del respeto; sin gritos, palmadas ni malas palabras. La firmeza es la facultad que tienen los padres para lograr una respuesta adecuada por parte de sus hijos. Un tono serio al emitir una orden y sostenerse en la decisión tomada, son algunos ejemplos.

Señale el comportamiento, no la persona. Es diferente decir: “eres muy desordenado” a decir “tu habitación está desordenada”. Cuando continuamente se le señalan las faltas a los hijos de forma negativa, ellos terminan aceptando ese comportamiento como parte de su personalidad sin la necesidad de cambiar ese mal hábito.

Los hijos saben cuando sus padres han perdido los estribos. Saben que pueden desestabilizarlos y así logran su objetivo. “Cuanto más lenta y plácidamente nos expliquemos, mayor atención captaremos”. Sugieren Pedro García Aguado y Francisco Castaño, escritores del libro «Aprender a Educar» en entrevista con ABC Familia. Los autores también aconsejan no perseguir nunca al niño por la casa gritándole, sino situarnos delante de él y explicarle lo que esperamos de él.

Trate de reducir la tensión. Un momento acalorado puede finalizar muy mal si no se ejerce el autocontrol que se necesita en ese instante. Por eso existen técnicas que ayudan a bajar la tensión como por ejemplo frenar la conversación, contar hasta diez y respirar profundo, tomar asiento y bajarse a la estatura del niño para lograr un contacto visual. En el caso de los hijos adolescentes, es importante analizar la situación, bajar el tono de voz y “saber escuchar” su estado de ánimo. Los chicos a esta edad, les cuesta expresar adecuadamente sus emociones, de ahí que los padres deban ser más maduros que ellos, no “igualarse” a su comportamiento y así lograr captar sus emociones.

Identifique un acto caprichoso de uno real. A los padres les cuesta adaptarse al ritmo de aprendizaje, especialmente en la infancia. Por ejemplo, es normal que un niño de dos años  tarde en comer o para ir al baño. Sin embargo, también hay momentos que no quieren comer y se vuelven juguetones. Así que identificar cuándo es real y cuándo es capricho, es fundamental para saber cómo actuar.

Cambiar por ellos y para ellos. El amor paternal es tan poderoso que puede ser el impulsor de un cambio importante en la personalidad, haciendo que las limitaciones se conviertan en fortalezas.

http://lafamilia.info

Imagen: David Castillo

Estilos Educativos.

 La tarea de educar a nuestro hijo/a empieza desde que éste tiene pocos meses de vida. Los estudios realizados sobre la forma de educar de las familias muestran un continuo que va desde un extremo autoritario a un extremo permisivo.

En general, todos tenemos un poquito de cada estilo, sin embargo suele haber uno que caracteriza nuestro modo de comportarnos en mayor medida que los demás.
Cada estilo se diferencia por las metas que consideramos prioritarias y que determinan aspectos concretos de la relación con nuestros hijos/as, como la manera, la intensidad y la frecuencia con que demostramos nuestro afecto, la calidad y cantidad de la comunicación, y la forma de establecer los límites y las normas, entre otros.

estilos educativos

 A estos estilos cabría añadir el sobreprotector, cuya meta es que los hijos e hijas estén seguros y no corran riesgos, y para ello limita las relaciones del chico/a con sus iguales. Y el negligente, pero éste más que un estilo, es un no-estilo.
Cada estilo tiene sus consecuencias positivas y negativas, pero los profesionales aconsejan siempre la moderación. Eso supone acercarse lo más posible al estilo democrático, pero esto es una elección de las famlias y depende de las metas que se consideran más importantes.

Es importante que educar a los hijos e hijas, sea una decisión propia, no una casualidad. La verdadera elección es la que se hace libremente, por lo que es necesario que reflexiones un momento sobre la educación que te dieron tus padres.
Puede que estés repitiendo el mismo patrón sin darte cuenta, o que seas consciente de las cosas que no te gustaron y crees que hicieron mal, y te estés esforzando por hacer todo lo contrario. Si no lo has hecho ya, dedica un tiempo a reconocer qué cosas son importantes para ti y tu pareja en la educación de tus hijos, en qué cosas coincidís y en cuáles discrepáis, qué habéis hecho para conseguir vuestras metas y en qué medida ha funcionado.

El mejor estilo educativo es que el que ha sido precedido de una reflexión, actúa coherentemente, sabe por qué actúa así y conoce las consecuencias de sus actos.
A continuación te ofrecemos una lista de posibles metas educativas que pueden ayudarte a reflexionar. Analiza en qué medida te ves retratado como padre o madre.
Ser un padre o madre de éxito, significa:

· Tener unos hijos e hijas que creen en sí mismos y en sus capacidades, y se aprecian como personas.

· Tener unos hijos e hijas que se sienten más valorados que criticados.

· Tener unos hijos e hijas que saben tolerar las frustraciones diarias.

· Tener unos hijos e hijas que establecen objetivos en su vida y se esfuerzan por cumplirlos.

· Tener unos hijos e hijas que se ríen, cantan, bailan o muestran su alegría y su felicidad.

· Tener unos hijos e hijas que creen en sus padres y en su amor incondicional.

· Tener unos hijos e hijas que saben aceptar sus propios errores.

· Tener unos hijos e hijas que confían en las personas y en el futuro.

· Tener unos hijos e hijas que respetan a los demás y saben convivir y cooperar.

· Tener unos hijos  e hijas sociables, que se sienten bien en casa y fuera de ella.

· Tener unos hijos e hijas que saben expresar sentimientos positivos y negativos de manera adecuada.

· Disfrutar plenamente de ser padre o madre.

 

 

 

 

 

Etapas de la adolescencia

adolescentes1PREADOLESCENCIA
A partir de los 9 años aproximadamente el niño/a da señales de que está dejando de serlo. Comienza a tener ideas propias respecto a la forma de vestir y de asearse. Sus amigos suelen ser del mismo sexo y mantiene un equilibrio adecuado respecto a sí mismo y a su familia.

PUBERTAD
A los 11-12 años comienza un cambio físico notable, pero este desarrollo se lleva a cabo de forma desigual: las manos y los pies se desarrollan antes que los brazos y las piernas y éstos antes que el tronco. Todo ello, ocasiona que el chico/a se sienta angustiado en algunos momentos, por lo que es recomendable que los padres informemos a nuestros hijo/as acerca de estos cambios ineludibles.
Durante esta etapa, el chico/a se muestra más irritable con los padres y hermano/as. Es habitual que critique las normas ya impuestas con anterioridad pretendiendo modificarlas. Comienza a dar signos de autonomía queriendo separarse de sus padres, aunque el distanciamiento es más psicológico que físico. Es frecuente que se encierre en su habitación durante horas, por ejemplo. Todas estas actitudes sirven para que el chico/a descubra su identidad, en qué aspectos de la vida puede destacar, y forme las bases para su vida de adulto.
Aunque rehuye cualquier signo que denote su etapa de niño/a, a veces no puede evitar comportarse como éste. Por una parte desea tener unos padres que le protejan, pero por otro lado, necesita alejarse de ellos. Su interés se centra en agradar a su grupo de iguales, fundamentalmente.

ADOLESCENCIA MEDIA
A partir de los 13 años, el adolescente entra en un período de introspección e interacción con personas de su edad; en cambio se aísla de los adultos que hasta ahora influían en su vida: padre, madre, abuelos, profesores; y se hace crítico con ellos. Es habitual que vea fallos en sí mismo que le angustien, por lo que es recomendable que los padres normalicemos esta percepción de sí mismo reconociendo que nosotros también tenemos fallos.
El adolescente tiene sentimientos particulares en esta etapa acerca de las nuevas formas que su cuerpo va adquiriendo. Comienza a cobrar fuerza el estímulo sexual. Es frecuente que aparezca en esta etapa la figura del amigo/a íntimo. Suele ser del mismo sexo, lo que permite reforzar la identidad sexual del chico/a. El éxito con los estudios, con los amigo/as y consigo mismo es fundamental.
Como carece de experiencia en gran parte de ámbitos, cualquier acontecimiento que considera importante adquiere tintes dramáticos si se demora su aparición (no llevar ropa de moda, ser el último en afeitarse, ser la última de la clase en tener la menstruación.)

ADOLESCENCIA TARDÍA
Es el inicio del fin de esta etapa.
La edad de los 15 años es un período crítico, pues el joven tiene que definirse con una personalidad única y privada.
Es el momento en el que empieza el aprendizaje de la relación de pareja. A esta edad aparece la figura de la pareja “fija”. Aparecen los primeros problemas con los amigos/as debido a este tema, pues si se sale con alguien de la misma edad hacia los 15-16 años durante un tiempo prolongado, el chico/a adolescente se aleja de otros amigos, lo que impide adquirir la necesaria madurez en la relación con un grupo y también precipita el declive de la relación.